Frédéric
Estopón
El 6 de mayo, la derecha
dura ha obtenido una clara victoria. Sarkozy se ha dirigido a su
campo con un lenguaje claro, movilizador y sin complejos. Ha
defendido un proyecto económico ultraliberal y políticamente
reaccionario. Un resultado del 30 % a la primera vuelta demuestra que
las clases poseedoras y la gente acomodada le han dado apoyo; pero
patente también que ha arrastrado votos mucho más allá.
Recuperando los temas de
Le Pen sobre inmigración o identidad nacional, Sarkozy ha
logrado ganarse el electorado de extrema derecha. Los resultados de
la segunda vuelta muestran que también ha seducido un
electorado popular y joven. En la franja de edad entre 25 y 34 años,
ha vencido sobre el PS. Uno de cada dos obreros ha votado por la
derecha. El carácter cada vez más bonapartista de la
elección presidencial ha facilidad la operación.
Sarkozy ha citado los
históricos socialistas Jean Jaurès y Léon Blum,
ha visitado las fábricas del Norte y ha hablado con los
obreros “que se levantan temprano”; ha otorgado valor a las
adhesiones que recibía desde la izquierda. Sarkozy ha usado y
abusado de la demagogia populista, situándose “por encima”
de las divisiones clásicas, y ha presentado como una “ruptura”
el agravamiento de las políticas antisociales.
Con el nombramiento de
Fraçois Fillon como primer ministro, Sarkozy tiene prisa a
trasladar su victoria electoral sobre el terreno de las relaciones de
fuerza entre las clases.
El plan de trabajo de los
100 primeros días no permite ninguna duda: nuevos ataques
contra los “sin papeles” y los inmigrantes en general, una
reforma de la fiscalidad favorable a las grandes fortunas y a los
rentistas, un ataque contra el derecho de vaga – con la
instauración de un servicio mínimo obligatorio en los
transportes colectivos -, nuevas exoneraciones de impuestos para la
patronal, medidas de austeridad en cuanto a los funcionarios,
fortalecimiento de las políticas de seguridad – bajando la
mayoría de edad penal hasta los 16 años...
Y además, nos
piden que callemos! Los movimientos espontáneos de la juventud
de estos días en los institutos y universidades han suscitado
reacciones airadas contra esta “minoría” que “no acepta
el veredicto democrático de las urnas”.
Ciertamente, la victoria
de Sarkozy es incontestable desde el punto de vista de la aritmética
electoral. Eso le otorgaría, sin embargo, el derecho de
arrogarse plenos poderes durante cinco años?
Por todos lados, la LCR
tratará de organizar la resistencia ante cada ataque contra
los sin papeles, ante cada agresión contra los derechos de la
clase trabajadora. Tenemos el derecho de responder a cada golpe y lo
haremos.
No pretendemos impulsar
una resistencia aislada, desesperada, minoritaria o incluso violenta
– que devendría un objetivo fácil para la represión.
Se trata de organizar, bien al contrario, un movimiento masivo,
sólido, unitario y determinado.
Viaje al “centro” del PSF
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