Jesús Malpica
ERA - Miembro del Comité de Empresa.
Mientras que los que
sellaron su firma durante la Sacrosanta Transición en los
Pactos de la Moncloa y en la Constitución monárquica de
1978 están en campaña electoral para pedir el voto en
unas elecciones municipales y autonómicas que van a significar
más de lo mismo, los trabajadores que nos organizamos en torno
a una candidatura de CC.OO. para constituir un Comité de
Empresa en el corazón de la bestia (en un McDonald´s,
ese símbolo de los contratos y de la comida basura, del
Imperio de los Estados Unidos de Norteamérica, de la
globalización y del capitalismo) estamos sufriendo las
consecuencias de ese diálogo social, de esa democracia y de
esa libertad pactadas sobre el olvido que, después de treinta
años, brillan por su ausencia en la mayoría de las
empresas de esta España nuestra. Así pues, la dictadura
del patrón continúa.
Y en esas estamos. El
pasado día 15 de mayo se constituyó, por fin, el
dichoso Comité de Empresa tras desestimarse la impugnación
a las elecciones presentada por la fantasmagórica candidatura
(in)dependiente de la empresa. Una impugnación que tenía
como objetivo demorar en el tiempo la constitución del mismo,
pues a la compañera Eli, número dos de nuestra lista,
le cumplía el contrato el 11 de mayo y había que
quitársela de encima como fuese. Pero casualidades de la vida:
ese mismo día también le cumplía el contrato al
número dos de la “esquiro-lista”. En este caso, Roma sí
paga a traidores, y ese candidato número dos no sólo ha
sido renovado como fijo indefinido, sino que ha sido ascendido. Por
nuestra parte elegimos a Eli Presidenta del Comité, por lo que
a día de hoy, la empresa no reconoce la legitimidad del mismo
y aún no nos ha entregado la documentación solicitada
que por derecho nos corresponde.
En cualquier caso, el
contrato de Eli es “eventual por circunstancias de la producción”,
y el Convenio de Hostelería de Granada establece que “en el
supuesto de que este contrato eventual fuera rescindido al finalizar
su duración no podrá admitirse otro trabajador para
ocupar el mismo puesto de trabajo hasta transcurridos dos meses,
excepto que el eventual haya pasado a fijo indefinido”. ¿Y
qué ha pasado después del 11 de mayo? Que la empresa ha
contratado a siete nuevos trabajadores, por lo que lo de nuestra
compañera es un caso claro de discriminación, de
despido encubierto y de contratación en fraude de ley.
Pero aún hay más.
Antes de que se iniciara el proceso electoral, todos los trabajadores
(excepto los encargados) teníamos ese mismo contrato a tiempo
parcial de 15 horas semanales, pero trabajando una media aproximada
de 25. Ya en plena campaña, la empresa amplió el número
de horas de los contratos para equilibrarlas con las realmente
trabajadas, pero con excepciones: los miembros de la candidatura de
CC.OO y algunos compañeros de nuestro entorno. A día de
hoy, estas excepciones han visto reducida su jornada (un compañero
lleva así casi tres meses) a lo que efectivamente se refleja
en sus contratos. Así, un grupo de trabajadores está
siendo discriminado con el objetivo de asfixiarnos económicamente
para que nos vayamos por nuestra cuenta.
Y ahora ¿qué hacer? Lo primero y fundamental: denunciar la situación dentro de la empresa para demandar la solidaridad del resto de compañeros, y constituir una sección sindical que anime a la gente a sindicarse y que nos permita compaginar las acciones legales y las acciones directas, que también las habrá. Además, hemos convocado a diferentes organizaciones sociales y políticas de la izquierda granadina para que participen en un Comité de Apoyo que nos ayude económicamente y en las acciones que puedan desarrollarse contra la empresa.


















