David Montilla
En la
pasada celebración del día de la liberación
sexual, en Junio del 2006, un grupo de colectivos afines decidimos ir
juntos a la manifestación estatal “del orgullo gay” de
Madrid. La razón que nos movía, y nos sigue moviendo, a
constituirnos como bloque crítico era la palpable
despolitización que desde hace años se estaba
produciendo en el mundo LGTB (gay-lésbico-transexual-bisexual).
Otro motivo que también nos estaba haciendo reflexionar desde
hace tiempo es la creciente mercantilización de “lo gay”
(de aquí quedan excluidas lesbianas y transexuales que todavía
no son lo suficientemente cools para tener su hueco comercial,
aunque nuevas iniciativas se están produciendo bajo la tutela
de empresarixs que las consideran “los nuevos mercados
emergentes”).
El Bloque
Alternativo está formado por individualidades y grupos LGTB
como RQTR, Towanda y LiberAcción, grupos de mujeres como las
L.I.L.A.S o el centro social feminista La Eskalera Karakola, así
como otros colectivos como el Grupo de trabajo Queer y el Eje de
Género de Rompamos el Silencio.
Una de
los principios que consideramos básico a la hora ponernos en
marcha es el de no querer sacudirnos de encima la discriminación
que sufrimos (por nuestra orientación sexual o identidad de
género) ayudando a fomentar otro tipo de discriminaciones. Y
aquí entran en juego, entre otras, las de tipo económico.
Renunciamos al camino de ganar respetabilidad social por la vía
de poseer un elevado nivel de consumo. Se trata de una vía muy
cómoda en sociedades capitalistas, sobre todo para ciertos
grupos, que además, tienen fuertes intereses comerciales en
las personas LGTB, pero que a nosotras sencillamente nos parece una
incoherencia.
Así, nos encontramos con ciertos grupos de empresarios LGTB que hasta hace poco tiempo sufrían el acoso policial en sus negocios y la homofobia social en plena calle, pero que actualmente no dudan en contratar seguridad privada para amedrentar y expulsar a vendedores ambulantes inmigrantes de barrios, como el de Chueca, que han mutado de espacios de libertad a espacios de puro y simple negocio.
En estos
barrios y en otros muchos ámbitos el paso de perseguido a
perseguidor se ha producido a una velocidad asombrosa.
En el plano político, esta amnesia selectiva también campa a sus anchas, esta vez escudada en los positivos pasos de la extensión de la figura del matrimonio a las personas LGTB y de la reciente Ley de Identidad de Género. Muchas dudamos de que el primero se hubiese producido con una mayoría absoluta del PSOE (que meses antes de ganar las elecciones se pronunciaba sobre las adopciones con un “ya veremos”) y de que el segundo hubiera visto la luz si un grupo de transexuales no se hubiera puesto previamente en huelga de hambre.
La
exclusión de menores e inmigrantes de la citada ley dejó
un sabor agridulce entre muchos colectivos transexuales. Así
mismo, el incumplimiento electoral en cuanto a la inclusión
del tratamiento integral para personas transexuales entre las
prestaciones de la Seguridad Social actualmente va camino de
convertirse en el eje lucha de muchos colectivos. Colectivos que no
nos resignamos a esperar a que 17 Comunidades Autónomas se
pongan de acuerdo en una mesa de negociación tal y como le
resultaría más cómodo a un gobierno “socialista”
que no tiene voluntad política alguna para aprobar este
derecho incontestable por la vía del decreto. Lo que más
nos preocupa de esta sorprendente receta “por autonomías”
es que viene prescrita por una federación de colectivos LGTB
más preocupada por las carreras electorales de algunos de sus
miembros que por las urgentes demandas de un colectivo, como el
transexual, que sufre como ninguno la discriminación.
La mercantilización de la manifestación del día de la liberación sexual también será, una vez más uno de los motivos para salir a la calle de mano de los movimientos sociales.
Nos
resulta inconcebible que en una manifestación se haga
exhibición de publicidad, más aún que se intente
justificar con la idea de atraer a cuanta más gente mejor.
Pobre justificación además, cuando la mayoría de
la gente no participa de la manifestación sino que sólo
asiste a ver un espectáculo donde las marcas invaden el
espacio público a la misma velocidad que el contenido político
desaparece de él.
Tenemos
muy claro que la llegada de la derecha tendría consecuencias
muy negativas para nuestro proceso emancipatorio. También
tenemos claro que eso no es excusa para tener que transigir con
intereses y dinámicas que, por su contenido desmovilizador,
le acaban allanando el camino a la derecha sólo que por la vía
del buen-rollismo.
El próximo 30 de Junio, todas y todos volveremos a nadar contracorriente con el Bloque Alternativo, ya que esa forma de nadar es la única forma de demostrar que se está vivo.
















