La preparación de la Asamblea en IU, dividida en corrientes y fracciones, no fue capaz de contextualizar el reto ante el que se encontraba. Por un lado, la debilidad del núcleo de dirección alrededor de Llamazares hizo que cediese la elaboración de las Tesis políticas a una comisión de redacción en la que intentó incluir a las distintas corrientes, mientras que se reservaba un derecho de veto final, al que también se apuntó el aparato del PCE con Frutos y Alcaraz, como condición para llegar a una lista unitaria en la Asamblea. A pesar de ello, el protagonismo de la redacción de las Tesis correspondió en buena parte, a pesar de las rebajas posteriores, a quienes después encabezarían la Corriente Alternativa (que además, a través del Espacio Alternativo, presentarían una serie de enmiendas en temas clave como la cuestión nacional, la constitución europea o la resistencia sindical). El equipo de Llamazares se reservó la redacción del informe político, donde intentó definir la nueva situación como la necesidad de abrir un nuevo ciclo político, a partir de un proyecto autónomo y de un reequilibrio en el seno de la izquierda, con el horizonte de un gobierno de la izquierda plural a nivel estatal, apoyándose en las movilizaciones sociales y en una política de alianzas amplia para reforzar a IU, que recogiese todo el abanico de fuerzas a la izquierda del PSOE /4.
La crisis y ruptura de la Corriente Roja, resultado de su orientación vanguardista en los movimientos en el período anterior y el liderazgo personalizado de Nines Maestro, condujo a la presentación de dos textos alternativos firmados por la propia Corriente Roja y por la Plataforma de Izquierdas (que recogía a lo principal de sus fuerzas en Madrid). La posición de partida de ambos era que IU seguía hundiéndose en un giro a la derecha, subordinándose al PSOE, incapaz de construir una alternativa anticapitalista.
Las tesis sobre organización y estatutos, que fueron redactadas directamente por la “nueva mayoría” surgida del pacto entre el sector Llamazares y el aparato del PCE -que pretendían una centralización y una reducción de la posible actuación de las corrientes (al aumentar del 10% al 20% el umbral para recoger sus aportaciones y su participación organizada)-, se encontraron desde el comienzo con fuertes resistencias, superadas solamente gracias al extraño procedimiento de hacer votar en bloque todas las tesis en el Consejo Político Federal.
El objetivo de la dirección de IU era utilizar la Asamblea como una plataforma de relanzamiento cara a las elecciones generales de marzo del 2004, que mostrase una organización unida detrás de su candidato, con un proyecto de lucha contra el PP para la constitución de un gobierno de la izquierda plural en el Estado y capaz de recuperar el diálogo con sindicatos y movimientos sociales para lanzar una política de alianzas más amplia hacia otras fuerzas de la izquierda. Para resumir, su modelo era ICV y la transformación “ecosocialista” de la tradición del PSUC que Saura había llevado a cabo en Catalunya hasta su participación en el gobierno tripartito de izquierdas. Los temas conflictivos, donde existen diferencias reales, como la cuestión nacional, la posición ante un posible referéndum sobre el proyecto de Constitución europea, la política de concertación social con el PP de las direcciones de CC OO y UGT o el balance del funcionamiento interno de IU, debían quedar aplazados y, en la medida de lo posible, salir de la agenda.
Este escenario idílico se complicó mucho con la crisis abierta de la principal federación de IU, Andalucía, por el reglamento de elección de delegados, detrás del que se encontraba la posición a adoptar en las elecciones autonómicas de marzo. La dirección de IU-CA, controlada por Alcaraz y el aparato del PCA, se negó a aplicar el reglamento decidido para el resto del Estado, que combinaba número de militantes con número de votos obtenidos (para corregir unos censos que se consideraban cuanto menos dudosos). La elección de delegados en Andalucía se atendría solo al número de militantes, porque la otra formula bien podía dar la mayoría al “sector crítico” (que había obtenido hasta el 42% de los votos en IU-CA), que agrupaba desde la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, hasta la CUT, pasando por un importante sector “anguitista” en plena evolución. Lo que se estaba reproduciendo en la federación andaluza era la misma crisis que había agrupado entorno a Llamazares a los defensores de una IU no hegemonizada por el aparato del PCE en la VI Asamblea, más allá de otras diferencias políticas. Ahora la cuestión en liza era como se designaba al candidato de IU-CA para las elecciones andaluzas y el rechazo de la designación de Valderas por el aparato del PCA. A pesar de sus diferencias internas, el “sector crítico” andaluz construyó su unidad en un doble pacto de apoyo cara a la VII Asamblea y la designación de candidato en las elecciones andaluzas entre la corriente “anguitista” de Convocatoria por Andalucía y la CUT, que hasta ese momento había formado parte de la Corriente Roja (aunque empezaba a definir un proyecto propio).
El “sector crítico” andaluz, confiado en el apoyo que una parte importante había prestado a Llamazares en la VI Asamblea, pidió su mediación para que se aplicara el reglamento de elección de delegados decidido en el Consejo Político Federal. El equipo de Llamazares prometió su intervención pero se encontró con la oposición cerrada del aparato del PCA y del PCE, que exigieron manos libres en Andalucia si Llamazares quería mantener lo que ya se llamaba la “nueva mayoría” y una lista unitaria. Y el chantaje fue efectivo porque la otra alternativa implicaba la voladura no ya del escenario idílico preparado para la VII Asamblea, sino volver a hundir a IU, a tres meses de las elecciones generales, en una lucha fraccional que el sector de Llamazares podía perfectamente perder. El precio que pago fue perder a lo que había sido hasta entonces el ala izquierda de su propio bloque de alianzas desde la VI Asamblea.
El desarrollo entre bambalinas de la VII Asamblea estaría en gran parte dominado por la crisis andaluza y su proyección al resto de IU, reduciendo las posibilidades de un debate político profundo más amplio al agotar gran parte de las energías en la lucha fraccional que llevaría a la presentación de tres listas: la de la “nueva mayoría”, la de la Corriente Alternativa y la de la CUT-Rojos. Muy poco ayudó al debate, en este clima de polarización previa, la proyección el primer día de Asamblea de un video sobre la historia de IU en el que había desaparecido por encanto Julio Anguita y el período de IU bajo su dirección, mientras que se subrayaba la continuidad de IU con el PCE, en especial la contribución de Carrillo (presente como invitado en la sala) al pacto constitucional que instauró el régimen monárquico tras el franquismo. Los intentos del propio Llamazares por compensar esta escenificación de los peores temores de un amplio sector de IU proveniente de otras tradiciones (a los que también contribuyeron los saludos de rigor de los PCs post-estalinistas de medio mundo) y centrar por fin el debate sobre la cuestión esencial de cómo preparar a IU para la lucha contra el PP, tuvieron solo un éxito relativo. A pesar de ello, el Informe Político fue aprobado por 434 votos a favor, 94 en contra y 72 abstenciones. (Otros 177 delegados acreditados no estaban en la sala y otros 103 delegados elegidos simplemente no se presentaron en la Asamblea).
Las reuniónes de las comisiones pusieron de manifiesto que la “nueva mayoría” podía no ser tal ni en los temas organizativos ni los estatutarios. La dirección propuso posponer la decisión final sobre las tesis a una Conferencia de Organización en otoño del 2004, una vez finalizada la temporada electoral. A pesar de los esfuerzos por recoger enmiendas en las Tesis políticas, sobre todo en relación con la Constitución europea, la desconfianza y la polarización eran tales que la enmienda presentada por la federación de Valencia -que en buena parte había recogido ya la ponencia- fue mantenida y obtuvo cerca del 34% de los votos de los delegados presentes, como una manera de garantizar que la prevista Conferencia sobre temas europeos tendría lugar antes de junio y que la crítica al texto de la Constitución europea se podía convertir en un No en caso de referéndum. Este sería el mejor resultado que obtendrían los sectores críticos en la Asamblea y puso de manifiesto la posibilidad de influir sobre la orientación general de IU si se estructuraba una corriente de izquierdas plural y no sectaria, capaz de mantener un diálogo con el sector Llamazares.
Finalmente, la lista de la “nueva mayoría” –que aglutinaba al sector Llamazares, al aparato del PCE, a las mayorías de EB y EUiA, a una minoría del “sector crítico” andaluz, asi como a una parte de la Plataforma de Izquierdas- obtendría el 76,5% de los votos. La Corriente Alternativa –que contó con el sector “anguitista” andaluz, la Plataforma de Izquierdas de Madrid y Espacio Alternativo-, el 13,8%. Y la lista de la CUT con la Corriente Roja, el 9,6% (después de que la Asamblea aceptase someter a votación la lista, aunque no había recogido los avales suficientes).




















