A pesar de todo lo anterior, la VII Asamblea de IU debe ser juzgada sobre todo por la cuestión esencial de si fue capaz o no de ofrecer una alternativa de izquierdas al Gobierno del PP, porque esa es la cuestión central de la vida política en el Estado español. Y si bien el debate entre mayorías y minorías, entendido como un cruce de argumentos, fue muy limitado, no quiere decir que no hubiera una exposición clara de cual es el proyecto en este sentido de Llamazares tanto en el Informe Político como en la presentación de la lista de la “nueva mayoría”, por un lado y de la posición de la Corriente Alternativa y de la CUT-Rojos en sus textos, por otra.
En una entrevista a El País después de la Asamblea, Llamazares resumía su posición así: “Frente al monolitismo y la deriva ultraconservadora de la derecha, se esta produciendo una alternativa nucleada en torno a la izquierda plural, donde hay nacionalistas y ecologistas. Eso se ve en muchas comunidades autónomas. En la mayoría sino fuera por el traspiés de Madrid. El bipartidismo no será ya la alternativa al PP. La única que hay ahora pasa por la izquierda plural. Además creo que nosotros y el PSOE debemos conjugar el hecho social con el hecho federal” /5. En el Informe Político -tras caracterizar el nuevo ciclo de movilizaciones que ha permitido que IU se convierta en una referencia de esa alternativa al PP, a pesar de su 6,5%de votos-, se establece como mediación entre la movilización y la construcción de esa alternativa estatal de la izquierda plural, “ampliar el perfil de lo que la ciudadanía reconoce como específico de la acción del gobierno de IU”. Es decir, la experiencia de la política de alianzas y la participación en los gobiernos autonómicos de Baleares, Aragón, Asturias, Euskadi y Catalunya, así como de gobiernos municipales, “con Cordoba como bandera”.
Esta estrategia intenta dar respuesta al problema de cómo acumular fuerzas en el nuevo ciclo de protestas para levantar una alternativa al PP, dando una salida política parcial al movimiento con los gobiernos autonómicos de la izquierda plural. La propia participación en ellos sitúa a IU ante el dilema ineludible de definirse sobre la reforma estatutaria, sin la que no es posible imaginar un aumento significativo del gasto social para hacer una política distinta a la neoliberal del PP y a la socio-liberal del PSOE que le permitan un perfil propio y ser un eje esencial de la alternativa global al PP. Por utilizar el símil de la estrategia zapatista, se trataría, frente al “mal gobierno” neoliberal del PP, de crear una red de “caracoles” ibéricos que puedan hacer la experiencia de un “buen gobierno” capaz de satisfacer necesidades inmediatas de la población.
Los peligros de esta estrategia son muchos. IU es una fuerza minoritaria en todos los gobiernos autonómicos de izquierdas, aunque imprescindible para su propia existencia, lo que explica la contradicción entre poder electoral y poder institucional. Por otra parte, el PSOE es un aliado que esta teñido por una práctica socio-liberal y corrupta de 12 años de gobierno bajo Felipe Gonzalez. Hasta ahora los gobiernos autonómicos de izquierdas se han constituido sobre la base de una caída de voto de la socialdemocracia y la definición de un programa de resistencia frente al PP lleno de ambigüedades. Solo a partir de noviembre del 2003 la combinación del ciclo de movilizaciones, el desafio del Gobierno vasco con el Plan Ibarretxe y la formación del gobierno tripartido de izquierdas catalán han supuesto un cambio de la situación política que permite que exista una alternativa al PP y no una mera alternancia, y por lo tanto un campo de actuación común de esos polos de resistencia institucional.
En el mejor de los escenarios, el PP puede no revalidar su mayoría absoluta en marzo y encontrarse sin aliados suficientes para formar gobierno. El PSOE no obtendría tampoco una mayoría absoluta y se vería obligado a negociar la constitución de un gobierno de izquierda plural con IU y fuerzas nacionalistas. Pero las últimas encuestas sitúan a Rajoy y al PP 10 puntos por encima del PSOE pocos días antes de que se disuelvan las Cortes /6. En el peor de los escenarios, el de una nueva victoria del PP, los gobiernos autonómicos de izquierda plural, si continúa el ciclo de las movilizaciones de protesta contra la política neoliberal, militarista y centralista de la derecha, pueden convertirse en una red de “caracoles” ibéricos que permitan seguir acumulando fuerzas y resistiendo.
Evidentemente, las condiciones para ello son que se mantenga y crezca la movilización social –y por lo tanto que se aliente y no se subordine a ningún acuerdo institucional-; que la base programática de los gobiernos de izquierda combine un giro social con una reforma estatutaria profunda, que inevitablemente implicará una reforma constitucional; que se produzca un cambio en la correlación de fuerzas en el seno de la izquierda a favor de las organizaciones que luchen de manera más decidida por una alternativa; y que los ciudadanos puedan efectivamente experimentar que están mejor gobernados y que participan más activamente en los gobiernos de la izquierda plural. Si no se dan esas condiciones, si los gobiernos de la izquierda plural aplican una gestión socio-liberal bajo la hegemonía del PSOE que no ponga en cuestión el actual modelo territorial que es correa de transmisión de las políticas neoliberales del gobierno central del PP, IU debería romper con ellos y priorizar la recomposición de la movilización, manteniendo la perspectiva de una alternativa al PP que implique abrir una segunda transición.
Las corrientes de izquierdas han sido especialmente críticas de cualquier subordinación de IU al PSOE. Como lo expresaba el manifiesto de la Corriente Alternativa:“Nos esforzaremos por que IU exprese claramente su voluntad de defender un proyecto autónomo anticapitalista que priorice su alianza estratégica con los movimientos sociales y subordine a ese objetivo los acuerdos tácticos con otras fuerzas políticas que puedan ayudar a echar del gobierno al PP de Aznar y Rajoy. Obviamente compartimos la voluntad de luchar contra esa derecha cada vez más beligerante pero también pensamos que sin un reforzamiento de la movilización social y de una izquierda alternativa intransigente en la lucha contra el neoliberalismo y la guerra global, corremos el riesgo de la repetición, esta vez como farsa de etapas de gobiernos PSOE que terminarían facilitando el retorno de la derecha”. Aquí el problema de cómo construir una alternativa frente al peligro de alternancia socio-liberal se sitúa exclusivamente en el terreno de la movilización social sin establecer mediaciones institucionales para la acumulación de fuerzas que no sea el propio crecimiento electoral de la izquierda alternativa. Se dirige a una experiencia social producida en una movilización que, por muy amplia que pueda ser como en el ciclo de luchas que hemos vivido, se limita al sector social más activo. No prevé una experiencia social a través de una forma de gobernar distinta, por limitados que sean inevitablemente sus márgenes de maniobra, como la que ha tenido lugar, por ejemplo, en el gobierno regional de Rio Grande do Sul y en la alcaldía de Porto Alegre en Brasil.
La concreción táctica de esta orientación sería el apoyo en los parlamentos autonómicos y estatal de un gobierno minoritario del PSOE frente a la derecha. La correlación de fuerzas para IU es mejor en estas instancias institucionales que en el seno de los gobiernos y la autonomía de su acción política le pondría a salvo de la erosión electoral por la aplicación de políticas socio-liberales o centralistas, permitiéndole la resistencia en la movilización. Esta fue, en definitiva, la política de Rifondazione Comunista frente al gobierno Prodi en Italia /7.
Existe sin duda una experiencia social acumulada tras el largo período de gobiernos socio-liberales del PSOE, junto a debilidad de Zapatero como candidato, que explican que su alternancia bipartidista no sea capaz de recuperar por si mismo una mayoría electoral de izquierdas. La resistencia social en Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha se expresa ante todo contra el mal gobierno, y en algunos casos corrupción, de los gobiernos autonómicos del PSOE. En la coyuntura política anterior –desde mayo del 2001 con las elecciones vascas hasta las elecciones catalanas en noviembre del 2003- una política de sostener al PSOE, “como la cuerda sostiene al ahorcado” por utilizar la vieja formula leninista, era la más prudente para la izquierda alternativa. Pero en la nueva situación resulta incomprensible para la inmensa mayoría de los votantes y militantes de IU y se ha convertido además en una mera formula propagandística negativa porque la mayoría de IU y sus votantes quieren hacer la experiencia de “gobernar contra el PP” sin que les parezca contradictorio con continuar las movilizaciones.




















