IU sale de su VII Asamblea con una línea política, que es la del sector Llamazares, condicionada por su fraccionalismo político interno. Ninguna de las tres corrientes tiene consistencia interna y se trata de pactos y acuerdos en gran parte de circunstancias, dictados por el propio conflicto fraccional. Ello no quiere decir, como hemos visto, que no haya diferencias políticas importantes, pero tienen en buena medida un carácter transversal a todas las corrientes. Y algunas federaciones, como EB y EUiA, han salido fortalecidas, aumentando en general el peso de las federaciones en la vida interna de IU, que antes estaba monopolizada por las corrientes.
La línea política de Llamazares tiene ambigüedades que son resultado de una opción consciente por mantener equilibrios internos y situarse en la alternativa política tal y como viene definida por la actual situación. Otras son inherentes a una estrategia de reformas fuertes –como es el programa de IU- pero en la que la cuestión de una ruptura se desplaza al limbo del programa máximo republicano y socialista. Este segundo tipo de ambigüedades minan la confianza de los sectores más a la izquierda en IU y se concentran hoy no tanto en la respuesta táctica inmediata ante la cuestión vasca o catalana, el contenido del proyecto de la Constitución europea o las alianzas con el PNV, ERC o el PSOE, sino en la actitud frente al derecho de libre decisión de vascos y catalanes para la reforma de sus estatutos -incluido el derecho de autodeterminación-, el tipo de voto en un posible referéndum sobre la Constitución europea neoliberal o el acatamiento del marco constitucional monárquico. Es decir, sobre cuestiones de principio que son fundamentales para una estrategia socialista.
Esta ambigüedad es inevitable y hunde sus raíces en la naturaleza de IU, que nació como una coalición con un programa de acción de reformas fuertes, con una aspiración anticapitalista y republicana, pero no como un partido revolucionario. Era la respuesta de los naufragios de la izquierda post-franquista a una situación no revolucionaria de institucionalización del régimen monárquico para reagruparse y reemprender la lucha, cuyo contenido y alcance solo la propia movilización social en el contexto estatal, europeo e internacional, puede definir.
Por eso es fundamental como tarea estratégica, no solo construir una IU lo más fuerte posible como eje de una alternativa al PP distinta y autónoma del social-liberalismo bipartidista del PSOE. Sino también agrupar en su seno una corriente de izquierdas transversal, amplia y plural, capaz de defender día a día su programa máximo socialista y republicano, estableciendo un puente con la actividad de reformas fuertes institucionales y la movilización social. Pero tiene que ser una Corriente de Izquierdas en continua interacción con la dirección de IU y sus militantes y votantes, no una vanguardia autoproclamada que se limite a una política de emplazamientos y a subordinar la construcción de IU en los movimientos sociales a su reforzamiento directo como organización fuera de IU. Es más, la estabilidad y la capacidad estratégica de una corriente de izquierdas de estas características, capaz de establecer sinergias a nivel estatal entre los muy diversos procesos de recomposición de la izquierda alternativa y anticapitalista en un estado en el que la cuestión nacional es determinante, solo podrá asegurarse a su vez si el núcleo marxista y revolucionario constituye su propia organización estatal y emprende la larga e ingrata tarea de comenzar a construir una dirección revolucionaria en una situación no revolucionaria, definiendo los elementos de una estrategia de ruptura.
En definitiva estas son las tres tareas organizativas que se desprenden de los tres retos centrales de la izquierda alternativa: derrotar al PP; condicionar mediante el programa y la movilización los gobiernos de izquierda plural para derrotar las políticas del neoliberalismo militarista y centralista; y comenzar a preparar al mismo tiempo los elementos imprescindibles para una ruptura republicana y socialista. Es en relación con estas tres tareas y estos tres retos que habrá que juzgar en el próximo período a todas las fuerzas que hoy componen Izquierda Unida.
Notas
1/ Jaime Pastor, “VI Asamblea Federal de IU: la crisis sigue abierta”, Viento Sur n 53, noviembre del 2000.
2/ Julio Setien, “XVI Congreso del PCE, ni medio lleno ni medio vacio”, Viento Sur n 61, abril del 2002.
3/ La difícil gestión de este espacio político sin consolidar es evidente y los errores inevitables en parte. Hay que destacar que la Corriente Roja y un sector del “anguitismo”, con el propio Anguita a la cabeza, intentaron presionar por la izquierda a la dirección de IU cara a la VII Asamblea, y construir así su propio perfil político, organizando rápidamente una campaña por la III República, que consiguió reunir en una manifestación en Madrid a un par de miles de personas.
4/ La pagina web de IU (www.izquierda-unida.es) recoge todos los documentos de la VII Asamblea, tanto los oficiales como los de las corrientes. Los textos del Espacio Alternativo pueden consultarse además en su página xxxx, y los de la Corriente Roja en (www.nodo50.org/corrienteroja). Otras aportaciones aparecieron en Rebelión (www.rebelion.org).
5/ Entrevista a Gaspar Llamazares, “La única alternativa al PP ahora es la izquierda plural”, El País, 23 de diciembre del 2003.
6/ Sondeo de Sigma Dos, “El PP mantiene 10,7 puntos sobre el PSOE en vísperas de la disolución de las Cortes”, El Mundo, 4 de enero del 2004.
7/ el PRC italiano y la LCR francesa han sido los dos principales referentes de la izquierda alternativa y anticapitalista en el Estado español. Ambas fuerzas simbolizan la opción por una alternativa anticapitalista frente a la experiencia de los gobiernos socio-liberales europeos que, a través de coaliciones en diversas formulas de socialdemócratas, comunistas y verdes, han estado al frente de la reestructuración neoliberal entre 1995, cuando llegaron a ser mayoría en la UE, hasta hoy, cuyo principal exponente se limita al Gobierno alemán (dejando aparte la “tercera via del neolaborismo de Blair que, por su política, resulta difícil incluir en este espacio socio-liberal).
Para un sector de las corrientes críticas de IU, la experiencia de la “izquierda plural” socioliberal francesa, que acabó con su completa derrota y la polarización en las últimas presidenciales entre Chirac y Le Pen, hace que rechacen por cuestión casi de principio cualquier gobierno de coalición de izquierdas, incluso la misma denominación de “izquierda plural”, porque solo podría operar en los límites marcados por el neoliberalismo estatal e internacional. Se obvia que no se trata de un problema de programas solo, sino cómo esos programas responden a la experiencia social y a la conciencia de los ciudadanos. Tres debates son ilustrativos a este respecto: el debate de la izquierda del PT brasileño tras la formación del gobierno Lula, el debate en el PRC italiano desde junio del 2003 tras el referéndum por la ampliación de los derechos laborales, y los debates en el reciente congreso de la LCR francesa que desembocó en la alianza con Lutte ouvriere para las elecciones regionales de marzo del 2004.
Estos tres debates fundamentales no deberían trasladarse artificialmente a la situación del Estado español –que exige un debate propio específico en el que la cuestión nacional es determinante- entre otras razones porque todas estas tácticas, lejos de ser meramente propagandistas, están en buena parte condicionadas y son posibles por el peso y las características de los sujetos instrumentales que las aplican. En el Estado español no existen partidos revolucionarios como la LCR o el PRC. Por no existir no hay ni corrientes de izquierdas estructuradas como la DS, el MES o la CST en el PT brasileiro. Lo que existe es IU y las fracciones que lo pueblan, producto de una larga crisis organizativa y política aun sin resolver y que además han perdido toda referencia sindical de izquierdas, con la excepción quizás de una parte de IU con el “sector crítico” de CC OO y la pequeña CGT.




















