Decio Machado
Hace dos o tres generaciones las
personas progresaban en su profesión si eran capaces de manipular
adecuadamente cosas que con posterioridad se convertían en objetos de
consumo. La comunicación, aun siendo importante, estaba lejos de tener
la relevancia de la que disfruta hoy. La globalización ha transformado
la sociedad; la revolución tecnológica y el autodesarrollo de la fuerza
trabajadora han llevado al mundo a creer en los símbolos.
Es la
era de la percepción: muchos analistas sociales llaman a ésta la época
de la manipulación de símbolos. Más importante que el producto en sí de
una industria (todos son similares) las empresas desarrollan marcas y
sellos de fábrica, para competir entre ellas. El resultado es la
importancia cada vez mayor de la imagen, y ésta exige la elaboración y
distribución de mensajes que le generen valor psicológico al producto.
Es un valor agregado de carácter psicológico, no transforma el
producto, pero genera mayores niveles de venta y por lo tanto mayor
beneficio.
De manera similar funciona la noticia. En la
actualidad los medios de comunicación no informan, construyen
espectáculo y distraen. Venden sus índices de audiencia o sus niveles
de incidencia a la publicidad, a las grandes empresas y
multinacionales, más allá de sus propios procesos de concentración.
Los controles sobre la información
El
desarrollo tecnológico ha generado la necesidad de expertos que
manipulen símbolos, a la vez que se reduce la necesidad de técnicos y
operarios que manejen máquinas. La percepción ha pasado a ser un valor
de primer orden en el proceso de producción, de igual manera que lo es
también en la elaboración de ideas.
Las empresas, las
instituciones y los gobiernos necesitan de imagen, viven de ella para
valorar sus productos, conservar su poder o mantener vigente su
gobernabilidad. Se invierte y gasta tanto en imagen porque a través de
la comunicación se influye, se manipula y se persuade.
El sector
de la comunicación está saturado de técnicos que cuidan el aspecto
estético del medio; que un periódico esté bien diseñado, que el
escenario de un estudio de televisión sea atractivo, o que los spots
publicitarios sean efectivos. Para todo ello existen especialistas en
la forma y lo estético (técnicos, diseñadores, correctores de estilo,
productores de publicidad...).
Y por otro lado están los
expertos, que cubren el aspecto ideológico, intervienen en la
manipulación de la información. Deciden qué es noticia y qué no, la
importancia de una noticia, el espacio que va a ocupar, la decoran,
eligen la foto, ilustración o efecto de sonido que va a acompañarla.
Deciden en definitiva, el impacto de la noticia, pero no de acuerdo a
su importancia, sino desde sus intereses ideológicos, es decir, los
intereses económicos e ideológicos de los grupos propietarios del medio.
Los
medios de comunicación ya no necesitan domesticar cotidianamente a sus
empleados, estos por inercia cumplen su papel de defensa de los
intereses ideológicos de su patrón. En el desestructurado mundo laboral
de la comunicación, donde el freelance, el autónomo y el becario
imperan, quien rompe con esta dinámica sin más es separado del medio.
Tanto
técnicos como expertos trabajan en un mismo proceso de comunicación.
Similar al proceso productivo, donde están los obreros y los expertos,
ambos necesarios en el proceso de producción, en la comunicación todo
está planificado, cada quien conoce su función y se buscan resultados.
“En
retórica (léase comunicación) nada hay gratuito, los mensajes, sus
elaboradores y sus emisores persiguen algo muy concreto. En el caso de
la publicidad se trata de promocionar mercancías, de asegurar su venta;
en el caso de los mensajes políticos hay que asegurarse la adhesión a
tal idea o partido, en el caso más general de la ideología hay que
reafirmar el apoyo a un sistema de vida, aun, y por lo tanto, cuando el
mismo esté perjudicando de alguna forma a quien lo adquiere mediante
una suerte de automatismo. La monopolización del sentido implica otras
monopolizaciones: la de los medios de producción, la de la educación,
la de los mayores beneficios sociales, la de la fuerza... En síntesis:
el monopolio del poder” (Daniel Prieto Castillo, Retórica y
Manipulación Masiva).
El poder mediático
El
alejamiento de la realidad de los periodistas y la premisa imperativa
del negocio (intereses del grupo o de la publicidad), han hecho
predecir a muchos autores la extinción o la muerte del periodismo ético.
“Lo
que antes se llamaba el cuarto poder ahora es más bien el segundo. Pero
sus funciones han cambiado: el cuarto poder era la censura de los otros
tres, mientras que aquí el segundo se plantea en términos de influencia
global y general sobre el funcionamiento de las sociedades. En la
actualidad se considera que el poder se ha desplazado esencialmente
hacia la esfera de la economía y, dentro de ella, hacia el ámbito
financiero. Los mercados financieros son los que, en definitiva, dictan
y determinan el comportamiento de los responsables políticos” (Ramonet,
La tiranía de los medios).
La lógica del cuarto poder, en su
misión cívica de calibrar el funcionamiento de los tres poderes, ha
pasado a la historia. Además esos tres poderes hoy se han transformado
y son, en orden de importancia: el económico, el mediático y quedando a
la cola, el político.
La estructura del poder ha sido
transformada. Es la globalización, y ésta tiene entre otros, tres
pivotes fundamentales: lo económico financiero, lo militar y lo
ideológico. En todas, la comunicación desarrolla un papel fundamental.
En
lo económico financiero, siendo el entorno donde se dictan y determinan
la mayoría de decisiones, de manera especial a los actores políticos y
de manera general al conjunto de la sociedad, la comunicación tiene un
papel principal. El nuevo capitalismo se mueve a base de información,
la cual se ha convertido en un producto de intercambio.
En lo
militar: todo lo que se oponga a la globalización es acusado de
terrorismo, satanizado en los medios de comunicación, y por lo tanto
justificadas las actuaciones de amenaza, chantaje o agresión militar
que se ejerzan sobre el enemigo.
Lo ideológico es el ámbito por
excelencia para los medios de difusión. Estos se han convertido en el
aparato ideológico de la globalización económico capitalista. Ya no
sólo porque la información tiene hoy valor mercantil, sino porque los
medios poseen el control sobre la opinión pública y las reacciones
ciudadanas.
El control de la fabricación y distribución de la
información es el intento de control de las conciencias y por lo tanto,
de las conductas.
No han dejado de tener vigor viejas palabras:
“Las ideas dominantes de la clase dominante son en cada época las ideas
dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante
en la sociedad resulta ser al mismo tiempo la fuerza espiritual
dominante. La clase que controla los medios de producción intelectual,
de tal manera que en general las ideas de los que no disponen de medios
de producción intelectual son sometidos a las ideas de la clase
dominante” (Carlos Marx, La Ideología Alemana).
Un nuevo modelo
El
interés por los medios de comunicación se ha manifestado a través de
absorciones o fusiones entre grandes grupos, pero ha provocado también
el interés de otras muchas empresas dedicadas a sectores diferentes.
Junto a los mercados financieros, la comunicación se ha convertido en
uno de los grupos más dinámicos de la economía global.
Durante
los ochenta y noventa el sector creció de forma importante. En 1999
cinco empresas europeas, entre las que se encontraban Sogecable, Canal
Plus y Mediaset, duplicaron su valor.
Las comunicaciones son
un sector donde invertir, sobre él afluyen múltiples empresas que van
desde el sector armamentístico hasta la banca. Siendo claramente
constatable la influencia del poder económico sobre el contenido,
además de la censura que conlleva formar parte de un grupo empresarial.
La
independencia, valor esencial del periodismo y base de la legitimidad
de su poder, desaparece ante la incuestionable libertad de empresa en
el ámbito de la comunicación de masas.
Construir contrapoder
A
pesar del abrumador poder mediático, avanzan por doquier experiencias
que, tejiendo redes poco a poco, van teniendo cada vez mayor capacidad
de incidencia social. Por poner algunos ejemplos:
En América
Latina las radios comunitarias cubren importantes segmentos de
poblaciones locales y cuando se unen en cadena para transmitir sus
noticieros o programas especiales llegan a importantes sectores de la
población, causando incidencia en los públicos. Las radios
comunitarias, en el ámbito local, son un importante contrapoder, que ha
logrado resistir la represión de diversos gobiernos, que han intentado
eliminarlas quitándoles frecuencias y permisos. Esas pequeñas radios de
alcance limitado, se han convertido en sujetos políticos de sus
comunidades.
También universidades e instituciones educativas
han descubierto el potencial de los medios de comunicación para
divulgar su punto de vista y los estudios e investigaciones de sus
centros educativos, así como dar espacios a un público variado.
Ejemplos
claros los tenemos en El Salvador, donde la Universidad Centroamericana
“José Simeón Cañas” (UCA), con su emisora en frecuencia modulada YSUCA,
de alcance nacional, y su programa de televisión Miradas, contratando
espacios en canales de televisión privados, además de la serie de
revistas especializadas con que cuentan, se han convertido en
importantes generadores de opinión pública.
En el caso de las
televisiones el ejemplo de Venezuela puede ser el más significativo. En
2002 los medios de comunicación desarrollaron una estrategia para crear
una atmósfera pregolpista. En la víspera del golpe la prensa ya no
desarrollaba trabajo informativo. Los periodistas y editorialistas más
importantes eran líderes de la oposición política, un escenario donde
la ética profesional se vio reducida a la inexistencia.
Tras el
fracasado golpe la política gubernamental permitió que movimientos
sociales y el Estado crearan una plataforma mediática para evitar el
monopolio absoluto de los medios de comunicación privados. Desde
entonces, se ha vivido un proceso de democratización importante de las
comunicaciones, un cambio de paradigma comunicacional, donde radios
populares, prensa barrial, agencias contrainformativas y televisiones
comunitarias están teniendo un importante desarrollo. Destacando este
último, hay ya más de 13 emisoras que transmiten por frecuencia de aire
en diferentes regiones, desde canales campesinos en zonas rurales,
paralelamente al desarrollo de otras tantas experiencias en barrios
urbanos.
En Europa la apuesta más fácil para la comunicación
alternativa ha sido Internet. Solamente en el Estado español tenemos un
buen panorama: Rebelión, Nodo50, Kaos en la Red, La Haine, los
Indymedia, Insurgente, etc., así como un importante número de blogs de
contrainformación, y múltiples páginas web de organizaciones políticas
y colectivos sociales, cargadas de noticias.
A efectos de prensa
escrita el escenario se estrecha bastante. En el ámbito europeo, el
periódico Il Manifesto fue el primer y más influyente ejemplo de
iniciativa mediática y proyecto político en sí mismo, que pretendía
transformar la política, y más específicamente que las instituciones
políticas de la izquierda italiana se abrieran a relaciones creativas
con los movimientos sociales.
Podríamos reconocer en Europa
algunos proyectos más de similar formato pero de menor envergadura que
Il Manifesto. En el Estado español el más relevante en este sentido,
fue el periódico Liberación, que tuvo una existencia efímera. Veinte
años después ha surgido el proyecto Diagonal, un periódico de ámbito
estatal, bien hecho y con una gestión horizontal y participativa.
Cumplidos dos años de su nacimiento, se valida como una alternativa que
poco a poco va superando sus tres frentes más débiles, el formato
quincenal, la centralidad del proceso informativo (falta de estructuras
más allá de Madrid) y fundamentalmente su fragilidad económica.
En
la actualidad la importancia de los medios de comunicación alternativos
es vital. Están poco a poco siendo instrumentos creativos para
establecer conexiones entre diversos tipos de resistencia, expandiendo
nuevas iniciativas y exponiendo al poder a otra forma de crítica que la
realizada desde los medios masivos.
* Artículo publicado por la Revista Pueblos [1], nº 26, jun/07.