Apuntes para el debate sobre la refundación de la izquierda
política

Jaime Pastor

[Nota previa: Este es el texto base de la intervención realizada el martes 26 de junio en un Acto-Debate celebrado en Madrid y convocado por el Llamamiento "Refundar la izquierda. Construir la República", en el que participé junto con activistas de movimientos sociales y de Izquierda Unida.]

1. Ante todo, creo que sería bueno empezar recordando la necesidad, más que nunca en el pasado, de mirar con "gafas globales"y pensar también globalmente el momento histórico que vivimos: Aunque sea de forma breve y a grandes rasgos, podría decirse que, pese a la crisis de legitimidad que afecta al capitalismo neoliberal en determinadas zonas y sectores sociales del planeta, nos encontramos todavía en el período abierto en 1989: el de la hegemonía de un "sentido común dominante" que persiste en dejar fuera de lo creíble, viable y factible cualquier alternativa de ruptura con la globalización neoliberal. Y, sin embargo, la crisis de ese "modelo", al menos tal como es promovida bajo la hegemonía neoconservadora USA, es muy visible a la luz de las dificultades geopolíticas (Oriente Medio, América Latina) y financieras (dependencia del exterior), así como de la entropía socio-ecológica y política que genera. Nuestra preocupación central ha de ser, por tanto, la de esforzarnos por que la crisis de esta "globalización made in US" no se vea sucedida por un mero reequilibrio interimperialista en detrimento de los trabajadores y los pueblos del Sur sino por la agravación de sus contradicciones y por el retorno al horizonte de lo posible de un proyecto anticapitalista y socialista.

2. Las resistencias y los procesos de ruptura, al menos parcial, que se dan frente al "nuevo imperialismo" son significativas en otros continentes pero en Europa se han visto más limitadas por la distancia experimentada entre el potencial antisistémico de movimientos como el "altermundista", por un lado, y su débil capacidad para dar el salto al plano político con el fin de contribuir a la refundación de una izquierda distinta de la que sigue adaptándose al "sentido común dominante" y a la agenda que la derecha y los poderes económicos y mediáticos tratan de imponer, por otro. Ese proceso no es ajeno, por supuesto, a la derechización en los países del "Norte" de determinados sectores sociales "progresistas" en lo cultural y liberales en lo económico (individualismo propietario y consumista), pero se aleja de otros (trabajadoras pobres, inmigrantes, juventud) y, sobre todo, no hace más que contribuir al refuerzo de una derecha sin complejos. Hace falta, por tanto, una izquierda también sin complejos que haga frente al neoliberalismo, a la nueva "guerra permanente" y al racismo y ponga en primer plano la necesidad de un cambio de rumbo radical desde la prioridad a la reconstrucción de los movimientos sociales y de sus organizaciones; todo ello con mayor razón a la vista de que la opción mayoritaria de la izquierda por primar la "cultura de gobierno" frente a la "cultura de la movilización" la ha conducido a un transformismo creciente sin por ello impedir una involución en la relación de fuerzas a favor del capital.

3. La línea de fractura izquierda-derecha, ligada en términos convencionales a la cuestión social, continúa influyendo en el comportamiento electoral pero otras líneas de fractura adquieren especial relevancia: la que tiene que ver con la nueva "cultura de la seguridad" y su relación con la población trabajadora inmigrante (sobreexplotada económicamente y excluida social y políticamente); la que va asociada al crecimiento económico y al "capitalismo popular" que acompaña a la burbuja financiera e inmobiliaria, frente a quienes rechazan el deterioro ecológico y la corrupción; o la más específica del caso español en torno a la identificación ciudadana con uno u otro nacionalismo, español o "periférico". El peso de todas ellas es desigual pero en general han influido en un desplazamiento a la derecha de amplios sectores mientras que otros muestran una volatilidad entre el voto y la abstención, situándose generalmente éstos últimos a la izquierda.

4. En el caso español, además, tanto la herencia de la cultura "antipolítica" de la dictadura como la experiencia de una transición frustrada han generado unos déficit originales en el proceso de reconstrucción de la izquierda y de los movimientos sociales mayores que en países vecinos: ni siquiera una cultura antifranquista ha podido ser "cemento común" a lo largo de estos 30 años. Si a esto sumamos las transformaciones socio-económicas recientes, dentro del proceso de incorporación creciente al "centro" imperialista, es fácil comprobar que las tensiones entre la autoidentificación de clase y la opción por "blindar" el status adquirido frente a "los(as) otros(as)" son grandes y se resuelven en períodos como el actual en detrimento de la solidaridad de clase. De ahí el auge de una derecha capaz de combinar neoconservadurismo, neoliberalismo y concesiones populistas, como vemos ahora con Sarkozy o como ha ocurrido con la absorción de la "tercera vía" blairista. Y, sin embargo, el potencial de protesta y de rebeldía en este "país de países" se expresa periódicamente con fuerza, si bien adquiere ese carácter guadiánico que han detectado algunos historiadores. Tenemos macroejemplos de ello en la campaña por la salida de la OTAN, en la HG del 14-D de 1988 o, más recientemente, en el 15-F de 2003 y el 13-M de 2004. Pero de ninguno de ellos se pudo dar todo el salto necesario para transformarlo en organización y cultura contrahegemónica.

5. Uno de nuestros grandes problemas está, por tanto, en buscar un anclaje social en la gente trabajadora y en la juventud mediante la reconstrucción de espacios de encuentro y convergencia con sus redes informales y formales. Para ello habría que evitar tanto el electoralismo como el activismo cortoplacistas, o el realismo del "mal menor" y el fundamentalismo sectario, mirando a medio y a largo plazo y diseñando agendas de investigación y acción política colectiva. Habría, pues, que "caminar preguntando" en torno a un proyecto de refundación de una izquierda anticapitalista y alternativa, estrechamente asociado al inicio de un nuevo ciclo de recomposición de los movimientos sociales capaz de conquistar arraigo social en nuestras ciudades y pueblos.

6. En el caso español, el horizonte político al que debería apuntar esa izquierda debería ser el de hacer creíble, viable y factible la necesidad de superar los enormes déficit estructurales de la transición política y, a la vez, abrir un proceso de ruptura con las políticas neoliberales que avance otro proyecto de socialización del poder y de satisfacción de las necesidades y derechos básicos de la población. En esa estrategia el eje republicano puede jugar un papel destacado siempre que, en mi opinión, vaya asociado a la defensa de un federalismo de libre adhesión respetuoso de la realidad plurinacional -y, por tanto, del derecho de autodeterminación de los respectivos demoi que mayoritariamente lo exijan- y a la apuesta por una democracia participativa en todos los planos de la sociedad. Junto a esos temas, deberíamos esforzarnos por que las cuestiones socio-ecológicas fueran ganando centralidad en la lucha por cambiar la agenda política actual. En torno a estas y otras propuestas habría que consensuar programas de acción que permitan articular campañas e iniciativas junto con los movimientos sociales.

7. Refiriéndome más concretamente a Izquierda Unida, el balance de su trayectoria desde hace unos años ha de ser muy crítico: en mi opinión, ha sufrido una mutación creciente que la ha convertido en una fuerza subordinada a la "cultura de la gobernabilidad" y al gobierno de Zapatero pese a algunos esfuerzos por desmarcarse del mismo en algunas materias. En lugares como Euskadi esa orientación ha tenido su variante en la adaptación a la hegemonía del PNV, lo cual ha llevado a su dirección a trasladarla incluso a las municipales, con las consiguientes resistencias de algunos concejales y junteros de EB. Lo más preocupante es, sin embargo, que pese a los réditos electorales (y mediáticos) que puede dar esa política (acompañada por coaliciones cupulares con equipos electoralistas "verdes" en algunas CCAA), la crisis de IU como proyecto colectivo anticapitalista, roji-verde-violeta o republicano es cada vez más visible. Porque todo esto ha quedado en mera retórica, viéndose sustituido por la conversión de la supervivencia institucional en un fin en sí mismo, en lugar de ser un medio para propugnar una política transformadora de la relación de fuerzas socio-política. Tampoco como "movimiento político-social" es hoy IU creíble, reducida en casi todos lados a la vida interna de los órganos de dirección y a la búsqueda de una mayoría operativa en confrontación con la(s) minoría(s) respectiva(s) en cada Federación. La crisis en Asturies es, simplemente, la expresión máxima de esas tensiones, pese a que enfrenta, desde mi punto de vista, dos prácticas distintas en las que no creo que se refleje la gente que busca poner en pie una izquierda anticapitalista y alternativa y, sobre todo, otra forma de hacer política y de construir una organización en la que poder convivir juntxs. No pretendo, por supuesto, decir que todo está perdido en IU pero sí sostengo que la mutación que ha sufrido esta formación ha llegado demasiado lejos para esperar una refundación de la izquierda desde dentro de IU: ahora la centralidad en esta tarea tendría que estar en la reconstrucción de los movimientos sociales, en la búsqueda de nuevas formas de relación entre lo social y lo político, entre la izquierda social y la izquierda política y en formas de organización que permitan el diálogo y la convivencia dentro de la diversidad pero con el objetivo consciente de buscar un camino distinto del de la subalternidad frente al social-liberalismo.

8. Por eso habría que buscar las formas de avanzar hacia una convergencia entre sectores críticos dentro de IU frente al rumbo actual de la dirección federal y aquellos otros que desde fuera de esta formación apuestan por refundar otra izquierda. Por ahora, no veo que esto se pueda plasmar formalmente pero sí se podrían potenciar foros y espacios de reflexión, siempre relacionados con el trabajo en común, ya que, como alguien perteneciente a la nueva generación ha comentado, "se aprende más con los estilos de hacer las cosas que con los textos y las charlas". No creo que haga falta extenderse mucho sobre la urgencia de todo esto en una "ciudad global" como Madrid, en donde el avance de la derecha neoconservadora y neoliberal, la crisis de IU y la fragmentación y los sectarismos entre distintas corrientes de los movimientos sociales son posiblemente más preocupantes que en muchos otros lugares.

Madrid, 26 de junio de 2007

Jaime Pastor es miembro de Espacio Alternativo y del CPF de IU