Detrás del empobrecimiento, la sobreexplotación y las relaciones sociales de género

Reflexiones críticas a propósito del último informe de la OIT

Charles-André Udry [1] [2]

El 7 de marzo, la OIT (Oficina Internacional del Trabajo), publicaba su nuevo informe sobre “Las tendencias mundiales del empleo de las mujeres”, con ocasión del 8 de marzo. (1) Constata que las mujeres que trabajan son más numerosas que nunca, pero que disparidades de situación, de seguridad en el empleo, de salarios y de educación entre hombres y mujeres contribuyen a la “feminización de la pobreza entre los trabajadores”.

En 2006, la OIT estimó que las mujeres representaban “1.200 millones de los 2.900 millones de trabajadores en el mundo”. Sin embargo, cada vez más mujeres están en el desempleo (81,8 millones) y “cada vez más (mujeres) están confinadas a empleos poco productivos del sector de la agricultura y de los servicios, o también están menos remuneradas que los hombres por puestos de trabajo comparables”.

Según el director de la OIT: “A pesar de algunos progresos, demasiadas mujeres están aún bloqueadas en trabajos poco remunerados, a menudo en la economía informal, sin casi protección jurídica, poco o nada de protección social y una muy fuerte precariedad”.

El informe señala también que, hoy, más mujeres en edad de trabajar ocupan un empleo asalariado (47,9%) que hace diez años (42,9%) y pone de relieve que “cuanto más pobre es una región, más riesgo corren las mujeres, más que los hombres, de ocupar empleos familiares no remunerados o de trabajar por su cuenta por pequeños ingresos”.

El resumen del informe subraya que al menos 60 % de los trabajadores pobres en el mundo (son) mujeres”.
Detrás del empobrecimiento, la sobreexplotación y las relaciones sociales de género

Todas estas constataciones del estudio de la OIT son cuidadosamente separadas de dos procesos.

- El primero: La desestabilización de la situación esencial de los/as asalariados/as a escala mundial. Esto bajo los golpes de la puesta en competencia de los trabajadores y trabajadoras, casi en tiempo real y en un mercado mundial de trabajo cada vez más efectivo y sobre el que pesa con todo su peso un ejército de reserva mundializado (el desempleo en todos sus grados), cuyas componentes son explotados, sometidos, esclavizables (y asesinables) a discreción.

Esta puesta en competencia se opera por procedimientos como: las deslocalizaciones, la competencia organizada en el interior por las sociedades transnacionales; el empleo masivo de una mano de obra sin derechos -3 millones en Italia según el último estudio de la CGIL (Il Manifesto, 6 de marzo de 2007), de ellos 500.000 inmigrantes; la subcontratación en cascada; los retrocesos de la “protección legal”, dicho de otra forma la nivelación por abajo del “derecho del trabajo” que fue producto de las luchas de los asalariados/as; la multiplicación de los estatutos, que llegan hasta a la vuelta del trabajo por jornada, incluso en los países europeos; el lugar adquirido por las ETT; y la crisis del mundo agrario.

- El segundo: en una economía mundial fuertemente jerarquizada, – es decir en la que los países imperialistas y en transición hacia economías dominantes (como Corea del Sur) dictan las “reglas del juego” y extraen directa o indirectamente recursos importantes de los países de la “periferia”–, la situación de las mujeres trabajadoras (pues todas lo son, incluso si no son asalariadas) adquiere configuraciones que ponen más visiblemente de relieve su pobreza.

En última instancia, esta pauperización no es sino la expresión fenomenológica (y engañosa) de su sobreexplotación y de su opresión. Una sobreexplotación que es, de hecho, camuflada por el término “empobrecimiento mayor de las mujeres”.

Igual que estas relaciones sociales de explotación que se articulan con las relaciones sociales de sexo (la asignación a toda la gama de los trabajos domésticos, en y fuera del hogar), el sustrato de la sobreexplotación de las mujeres no es puesto de relieve. A partir de ahí, la doble lucha contra la explotación y la opresión, y por la emancipación no será puesta al orden del día, política y prácticamente.

¿Qué empleos “decentes”?

En cuanto a la “creación de empleos decentes” para las mujeres, gran tema conclusivo del Informe de la OIT, habría en primer lugar que plantear una pregunta: ¿los empleos creados en el mundo, entre otros en los llamados servicios o la industria, no implican, cada vez más, flexibilidad, en el sentido más amplio del término?

Y esto tanto en los países del “centro” como en los de la “periferia”, incluso si existen diferencias cuantitativas y cualitativas en las modalidades de explotación del trabajo asalariado entre estos dos espacios (“centro” y “periferia”).

Sin embargo, se expresan convergencias a escala mundial bajo los golpes de la restauración conservadora. La flexibilización está en el centro de la reorganización de las “relaciones de trabajo”. Sin embargo, la flexibilidad está en relación estrecha con las relaciones sociales de género. En efecto, el “estatuto de las mujeres” facilita la expansión del trabajo a tiempo parcial obligado (no elegido), con un salario de miseria y, conjuntamente, las formas de trabajo flexible de los hombres, pues “la intendencia sigue”, es decir, la carga del trabajo doméstico (en sus diversas facetas) asumida, bajo forma de obligación también (incluso si lo niegan las interesadas) por las mujeres.

Además, es un poco cínico hablar de “creación de empleos decentes” cuando múltiples investigaciones sociológicas demuestran que, por ejemplo, en la industria electrónica –en donde las mujeres tienen un empleo “estable” y asalariado- las condiciones de trabajo y de salario son execrables.

Jenny Chan, miembro de SACOM (Estudiantes y universitarios contra la mala conducta de las empresas), ha citado algunos casos de “abusos” en este sector: trabajo de niños de menos de 16 años, horas suplementarias obligatorias, salario mínimo no respetado y ausencia de seguridad social. En período de alta producción, las obreras trabajan 12 horas al día, siete días a la semana, con horas suplementarias obligatorias. Las empleadas no son pagadas más que 50 céntimos suizos la hora e inhalan sustancias tóxicas, inhalen substancias tóxicas, lo que provoca problemas respiratorios y “una tasa anormalmente alta de cánceres y de abortos entre las obreras”. “Tras la pantalla de nuestros ordenadores se encuentra una realidad de otra época”.

Responder a las necesidades de empleos “decentes” y, al mismo tiempo, a la dignidad de las mujeres en todas sus dimensiones, implica una ruptura con esas relaciones sociales de explotación y las relaciones sociales de género.

Un planteamiento radicalmente distinto

Plantear esta exigencia –y no caer en la trampa, de hecho, semicaritativa el informe de la OIT- implica:

1. Hacer emerger el contenido real de las exigencias (explícitas o implícitas) de las mujeres trabajadoras y a lo que esas necesidades/exigencias se enfrentan efectivamente, consiguientemente qué formas y tipos de dominación reinan en la sociedad, en los planos de las múltiples relaciones sociales y de propiedad;

2. Superar el anticapitalismo. Es decir, el pensamiento primitivo que permanece en el terreno de una negación negativa. Dicho de otra forma, que no parte de las necesidades y reivindicaciones así como de las potencialidades (negadas, rotas a veces) existentes hoy en las sociedades que permitirían romper y superar el capitalismo.

Esto a fin de hacer emerger una concepción de negación positiva, una revalorización del socialismo como una modalidad de organización y de gestión de la sociedad, en la que los derechos sociales y democráticos así como una dignidad ampliada se convierten en los elementos de una emancipación que hace de los seres humanos los actores comunes e interactivos de una mundialización construida por las y los que la producen efectivamente, mientras que ellos/ellas no son sino sus objetos despreciados y por tanto sin dominio sobre su propia vida.


Notas

[1] Economista marxista, militante del Movimiento Por el Socialismo (MPS) y del movimiento en defensa de los trabajadores inmigrantes en Suiza. Este artículo ha sido traducido por Faustino Eguberri y resumido por RG.

[2] Publicado en el número #35 de Revolta Global, junio 2007