Glosas críticas a la justificación del asesinato de Andrés Nin
memoria histórica

... en el libro de Antonio ELORZA y Marta BIZCARRONDO "Queridos camaradas. La Internacional Comunista y España 1919-1939". Planeta, Barcelona, 1999

Balance, Cuadernos de historia / Kaos en la Red

"Es preferible condenar a cien inocentes que absolver a un solo culpable". Discurso de “La Pasionaria” en un mitin celebrado en Valencia en 1938.

En mayo de 1999 se publicó un libro sobre la influencia de la Internacional comunista en España, basado en la consulta de los documentos que la apertura de los archivos rusos, hoy de nuevo cerrados, ha permitido a algunos privilegiados historiadores.

Ignoramos si va a permitirse la libre consulta de los archivos recuperados en Rusia, generosamente financiados por el erario español. Mientras tanto habremos de limitarnos a la interpretación que de esos documentos hacen los profesores Elorza y Bizcarrondo. Interpretación que peca de sesgada y harto ideologizada. Por otra parte, los archivos de Moscú no son una varita mágica que lo resuelva todo. Un documento no es más importante porque haya sido difícil su localización, o haya costado mucho dinero, ni es más interesante un documento  guardado en Moscú, que otro consultado en Madrid o Salamanca.

Y esa es la primera y fundamental crítica a los profesores Elorza y Bizcarrondo: desconocen e ignoran documentación fundamental, que quizás se encuentran al alcance de la mano, a cuatro paradas de metro de su pisito madrileño.
Por ejemplo, la carta de Nin al comité ejecutivo del PSOE, en enero de 1937, pidiendo la inclusión del POUM en las conversaciones de unificación entre el PSOE y el PCE; o las notas (inéditas) de Nin, quejándose, ya en enero de 1937, de algunos amenazantes y difamatorios artículos publicados por la prensa estalinista, que le envía a Tarradellas, como denuncia, y para que medie en la cuestión; o bien el artículo de Nin: "Le problème des organes du pouvoir dans la Révolution espagnole"[1].

Tales documentos desmienten, con su mera existencia, todas las afirmaciones arrojadas gratuitamente en el libro de Elorza/Bizcarrondo sobre el pensamiento y la táctica política de Nin. Centrémonos pues, en un tema al que, por otra parte, los profesores madrileños conceden no sólo un gran relieve, sino al que pretenden dar una nueva perspectiva: el papel de Nin y del POUM en la guerra civil española.

En primer lugar debemos referirnos al excelente trabajo de investigación realizado, en Moscú, por los periodistas Dolors Genovés y Llibert Ferri, que en archivos del KGB en Moscú, y en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, encontraron las pruebas documentales de la tortura y asesinato de Nin por Orlov, Gerö, Codovilla y Stepanov, entre otros. ¿Qué nueva perspectiva aportan al tema los profesores Elorza y Bizcarrondo? Pues bien, pretenden destruir lo que ellos llaman "el mito de la pureza de Nin y del POUM", con este novedoso e increíble descubrimiento: Nin y el POUM no eran demócratas, ni luchaban por el mantenimiento y defensa del régimen republicano, sino que eran revolucionarios que luchaban por una revolución social, que suponía la destrucción de la República burguesa.

Elorza y Bizcarrondo han descubierto el mar Mediterráneo, y nosotros su ignorancia absoluta: ¡no sabían que existía el mar Mediterráneo!, no sabían que la militancia del POUM y de la CNT no luchaban por defender la República, sino por la revolución social. Pero los profesores madrileños (Complutense y Autónoma) van aún más lejos. Abandonan su papel de historiadores, y se ponen a jugar a la historia virtual (en las pp. 453-458), y recetan a sesenta años del fin de la guerra civil española LA TÁCTICA CORRECTA QUE LOS ESTALINISTAS DEBERÍAN HABER PRACTICADO EN ESPAÑA. Elorza y Bizcarrondo lamentan que la NKVD asesinara a Nin, persiguiera a los poumistas y calumniara de fascistas a los obreros revolucionarios; lamenta también que el PCE apoyara esa campaña de falsificación y persecución; pero lo lamentan NO PORQUE EL ASESINATO, LA CALUMNIA Y EL EXTERMINIO O PERSECUCIÓN POR DISCREPANCIAS POLÍTICAS SEAN UN ACTO ABERRANTE EN SI MISMO, sino porque ahora conocemos los nombres de los asesinos y el infame papel jugado por los estalinistas españoles. Y eso desacredita al estalinismo y sus sempiternos voceros. Según Elorza y Bizcarrondo hubiera sido mejor denunciar que Nin y el POUM eran revolucionarios, que no defendían ni el régimen republicano ni la democracia burguesa: de esta forma los estalinistas de toda la vida no tendrían que avergonzarse de tanto crimen, de tanta infamia..., y además aparecerían como los campeones "de siempre" de la democracia.

Pura historia virtual en un mundo al revés. Ya se sabe que las chicas buenas van al cielo; y las malas... a todas partes. Si las chicas malas no fueran malas, serían doncellas y virginales. Si la NKVD y los estalinistas no fueran asesinos, criminales y/o contrarrevolucionarios que siempre, y en todas partes (empezando por Rusia), han aplastado con métodos de terrorismo policíaco al movimiento revolucionario, allí donde ha surgido, serían... aburridas doncellas, o quizás... alegres demócratas.

Si las chicas malas no fueran malas, serían castas y aburridas; si (casi) todos los dirigentes estalinistas, nacionales e internacionales, no hubieran sido criminales, o cómplices por activo o por pasivo (y no sólo en el caso Nin), hubieran sido demócratas: esta es la tesis fundamental y el núcleo ideológico que orienta todo el libro. Pero aún así, dado que se ha tenido acceso a unos archivos con documentación importante, el libro podría tener algún interés, aunque sólo fuera por los documentos aportados. Pero no es así, porque el libro está plagado de errores, inadmisibles en dos profesores universitarios.

Tomemos a modo de ejemplo una frase de la página 358: "Al parecer, los "Amigos de Durruti" tenían relaciones más estrechas con el grupúsculo trotskista ortodoxo que publicaba El Soviet..." Cortamos aquí la frase porque es difícil cometer más errores en tan poco espacio.

Primer error: el "Grupo Bolchevique-Leninista Le Soviet" no era un grupo ortodoxo, sino un grupo trosquista heterodoxo, de carácter molinierista, y enfrentado por lo tanto a las tesis del trosquismo oficial, y al propio Trotsky.

Segundo error: no publicaban El Soviet, sino Le Soviet, en francés.

Tercer error: Nicola Di Bartolomeo (Fosco) y Virginia Gervasini (Sonia), dirigentes del Grupo BL "Le Soviet" no mantuvieron relación alguna con Balius, ni con ningún otro miembro de Los Amigos de Durruti. "Fosco" fue el organizador de la columna internacional Lenin del POUM y "Sonia" fue locutora en francés e italiano de la radio del POUM en Barcelona. Quien mantuvo relaciones asiduas con Los Amigos de Durruti, antes de mayo de 1937, fue "Moulin" (Hans David Freund), que era militante trosquista de la Sección Bolchevique Leninista de España, el grupo trosquista ortodoxo dirigido por Munis.

Y todo esto ha sido publicado [2] y existe bibliografía sobre el tema. La impericia de los profesores Elorza y Bizcarrondo no excusa que un lector avisado tenga que corregir más errores que sustantivos escriben en cada párrafo. La frase continúa con otra sarta de errores y falsedades que la consulta de la historiografía vigente me salva detallar. Los Amigos de Durruti no atentaron, ni asesinaron, ni intentaron atentar, o asesinar, ni a Roldán Cortada, ni a Rodríguez Salas.

La cita que se hace de Juan Andrade es errónea, fuera de contexto y mal redactada, porque pretende afirmar (como entenderá cualquier lector) que Juan Andrade, en nombre del POUM, apoyaba unos supuestos atentados y asesinatos que Los Amigos de Durruti jamás cometieron, ni pretendieron cometer, porque no eran comecuras o mataburgueses, ni practicaban terrorismo alguno. Los Amigos de Durruti eran anarquistas revolucionarios. Juan Andrade apoyaba el programa expuesto a finales de abril de 1937 por Los Amigos de Durruti, porque exigía todo el poder a los sindicatos y proponía sustituir el gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria.

Mal trabajo es ese que combina ineptitud, error y mala fe, sobre todo si se pretende que sea considerado como un trabajo de investigación histórica.

En resumen: un libro deplorable. Los archivos de Moscú rebosan de documentos que prueban los crímenes del estalinismo. Los profesores Elorza y Bizcarrondo pretenden ahora darle la vuelta a ESTA REALIDAD HISTÓRICA, COMPROBADA DOCUMENTALMENTE, afirmando en una espectacular pirueta de historia virtual, que fue sólo un error táctico del estalinismo, y que hubiera sido mejor acusar a Nin y el POUM de revolucionarios, antirrepublicanos y antidemócratas, porque en el fondo los estalinistas no eran criminales, ni asesinos, pese a sus crímenes y sus asesinatos, sino sinceros demócratas y sinceros republicanos.

La tesis de los profesores Elorza y Bizcarrondo es históricamente falsa, moralmente perversa e ideológicamente estalinista. Por esta razón el libro finaliza con una cita del muy estalinista Togliatti, PRECISAMENTE UNO DE LOS MAS DESTACADOS RESPONSABLES POLITICOS DIRECTOS de la aplicación de la criminal política de Stalin en España: "Si nosotros, los comunistas, no nos convirtiésemos en los más consecuentes demócratas, la historia nos arrollará". La cita de Togliatti no fue más que un vano propósito de intenciones de un destacado dirigente estalinista, que jamás se cumplió. Por otra parte, la elección de tal cita por Elorza y Bizcarrondo no puede ser más penosa: ¡si algo ha sido arrollado por la historia más reciente ha sido el estalinismo y la Unión Soviética! Cita por cita, la respuesta a Togliatti nos la da Munis, el dirigente de la Sección Bolchevique-Leninista de España, con una definición precisa y rigurosa del estalinismo: "Tres rasgos caracterizan a la contrarrevolución stalinista: terrorismo policíaco incesante, falsificación de su propia naturaleza y de la naturaleza de sus enemigos en general, en particular de los revolucionarios, más explotación de los trabajadores mediante el capital de Estado."[3] Sin duda alguna una de las características fundamentales del estalinismo es la falsificación de su propia naturaleza. El libro de Elorza y Bizcarrondo constituye la penúltima contribución a esa falsificación: el terrorismo policíaco, consustancial al estalinismo, nos es presentado como defensa de la democracia. Y esa falsificación constituye precisamente una característica fundamental del estalinismo.

El libro de Elorza y Bizcarrondo es pues un libro neoestalinista. Nin, torturado y asesinado por la NVKD, deja de ser una víctima del estalinismo para convertirse sólo en un accidente, o peor, un error del estalinismo (4). Los verdugos de Nin: Orlov, Gerö, Codovilla, Stepanov, Togliatti... dejan de ser asesinos y criminales, o cómplices en diversos grados (5), para convertirse en defensores de la República y luchadores por la democracia. ¿Dónde está la trampa?: como diría un trilero, ¡la mano es más rápida que la vista! La historia virtual sustituye a la historia real, los asesinos se convierten en demócratas. Las víctimas siguen siendo horribles monstruos: Nin y los poumistas eran en 1937, según el aparato de propaganda del PCE, y tal y como escribía Santiago Carrillo, trosquistas-fascistas; ahora, según Elorza y Bizcarrondo, Nin y el POUM son acusados de ser antidemócratas, antirrepublicanos, contrarios al Frente Popular y revolucionarios. No importa el anacronismo de la acusación en una situación revolucionaria como la de 1936, ni que para los acusados tal acusación fuera más bien un elogio y un honor, inmerecidos. Lo único importante es justificar los crímenes y la trayectoria política del estalinismo, aunque ello suponga justificar lo injustificable.

Por otra parte, el asesinato de Nin no fue más que el pistoletazo de salida para la represión del movimiento obrero revolucionario: miles de trabajadores fueron perseguidos por su militancia, encarcelados o asesinados; muchos desaparecieron en una checa, o con un disparo por la espalda en el frente militar. Aquellos que eran juzgados estaban acusados de delitos tales como murmurar en las colas, distribuir octavillas, haber luchado en la calle contra el alzamiento fascista del 19 de Julio, llevar un carné del POUM, leer prensa prohibida, o quejarse de las píldoras (lentejas) del doctor Negrín, presidente de la República del SIM. En 1938 el terror policíaco y político de los agentes del Servicio de Investigación Militar (SIM) era omnímodo y omnipotente.

Discrepamos también de los criterios literarios y cinéfilos de Elorza y Bizcarrondo cuando lamentan que Orwell escribiera un maldito libro que jamás debió leerse, y Loach filmara una mala película que jamás debió verse.

Para finalizar debemos lanzar una señal de ALARMA contra una creciente marea de historiadores revisionistas de la guerra civil española, que niegan o ignoran la eclosión en 1936 de un potente movimiento obrero revolucionario que condicionó, se quiera o no, todos los aspectos de la guerra y los acontecimientos posteriores. La alarma no se produce por la existencia de historiadores burgueses, acérrimos defensores de las actuales instituciones, que son fruto maduro y agradecido de las distintas facultades universitarias que les pagan el sueldo, sino por la decidida falsificación de los hechos históricos de que hacen gala. La historiografía sobre la guerra civil ha pasado de ser una historia militante, hecha por protagonistas y testigos de la guerra civil, con todos los riesgos que ello supone, pero también con la pasión insustituible de quien no juega con palabras porque antes se ha jugado la vida, a una historia académica mema, hecha por ignorantes que no saben lo que debían saber, y caracterizada por el disparate elevado a la categoría de dogma evidente, por académicos, burgueses o estalinistas, imprudentes, faltos de razón; tercos y porfiados en lo que hacen y dicen, que pontifican su incomprensión de la vida y de los hechos históricos, e incluso el desprecio a los militantes y organizaciones del movimiento obrero.

Todavía hay historiadores que justifican los asesinatos de personalidades como Andreu Nin, Camillo Berneri, Francesco Barbieri, Kurt Landau, Erwin Wolf, Hans David Freund, etcétera... así como la brutalidad de la represión generalizada contra el movimiento obrero, e incluso defienden la labor del SIM. Y lo hacen sobre una documentación hallada en los archivos que certifica, no sólo los asesinatos y las torturas, sino los nombres de los asesinos, su profesión y su filiación política. Justifican el asesinato de Nin por Orlov y "Pedro" con el argumento siguiente: los estalinistas, pese a todo..., y ese todo incluye secuestro, tortura y asesinato; pese a todo..., combatieron el fascismo y dedicaron su vida a la lucha por la democracia. Los estalinistas - dicen esos doctos profesores - deben ser honorados por su contribución a la victoria de la democracia sobre el fascismo. El “sacrificio” (esto es, el asesinato) de Nin y tantos otros, la represión del movimiento obrero, el aplastamiento de la revolución española, fueron una necesidad (en su momento) para alcanzar un objetivo: la actual democracia burguesa, que - según ellos - lo justifica todo.

Es como si el dios de la democracia burguesa les hubiera exigido el sacrificio de los revolucionarios en el altar de la historia: ¡qué magnífica coartada! En 1937, según Elorza y Bioscarrondo, la democracia exigía víctimas propiciatorias para que, con el derramamiento de su sangre, adviniese en 1978 la democracia en España. Según eso, la sangre popular derramada durante cuarenta años de terror fascista debería ser considerada como la contribución franquista al altar de la sagrada democracia, que hoy “disfrutamos”, gracias al pacto de franquistas y antifranquistas, esto es, de algunas víctimas con sus verdugos.

El postestalinismo universitario es aún más cínico de lo que fue nunca el estalinismo del PCE-PSUC, o del PCUS-NKVD, y por lo tanto su digno heredero. Una herencia de sangre, de tortura, de represión del movimiento revolucionario, y por supuesto de democracia "de nuevo tipo"; la herencia de quienes en nombre del antifascismo no dudaron en eliminar miles de víctimas anarquistas, poumistas, socialistas o disidentes, por el mero hecho de serlo. Así fue y así lo contamos. En realidad, existe una absoluta incapacidad por parte de los historiadores burgueses y estalinistas no ya para comprender, sino siquiera aceptar, la existencia histórica de un poderoso movimiento revolucionario en la España de 1936. Nos hallamos ante una historia negacionista del movimiento revolucionario que se desarrolló durante el período de la guerra civil.

Los historiadores nazis niegan las matanzas de judíos, niegan el Holocausto; los historiadores estalinistas, y algunos demócratas, niegan la situación revolucionaria de julio de 1936. Ambas corrientes historiográficas niegan la evidencia documental, son corrientes históricas negacionistas de una realidad histórica ampliamente documentada.

Pero claro está, en el año de gracia de 2007, ya no existen estalinistas, ni nadie se reclama del estalinismo. ¡Ahora todos se proclaman demócratas!

E incluso algunos líderes izquierdosos, en busca de masas que dirigir, planean extrañas alianzas “contra natura”, en nombre de insólitas pluralidades, para rellenar “utilísimos” espacios electorales con los votos en blanco y el abstencionismo, que no responde (según ellos) al asqueado rechazo de la democracia parlamentaria, sino a la ausencia de una candidatura adecuada, que aúne troscos, suqueros, izquierdistas varios, veros independentistas, oportunistas de toda laya y condición, anarcoposibilistas y otras hierbas.

La historia es una batalla más de la guerra de clases en que vivimos, aunque algunos la usan como sucio instrumento para medrar y construir su barraca.

Balance. Cuadernos de historia.

Barcelona, mayo de 1999. Actualizado para kaosenlared (julio 2007)

NOTAS:

Nota 1:

Nin, Andrés: "Carta a la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista (Barcelona, 22-1-1937)". Documento 1.21., reproducido en  GUILLAMON, Agustín (dir.): Documentación histórica del trosquismo español (1936-1948). De la guerra civil a la ruptura con la IV Internacional. Ediciones de la Torre, Madrid, 1996, pp. 75-76.
NIN, Andrés: "El problema de los órganos de poder en la revolución española". Balance nº 2, serie de estudios e investigaciones. Barcelona, marzo de 1994. Reproducido en kaosenlared.

Nota 2:

Guillamón, Agustín (dir.): Documentación histórica del trosquismo español (1936-1948). De la guerra civil a la ruptura con la IV Internacional. Ediciones de la Torre, Madrid, 1996.

Nota 3:

G. Munis: Obras Completas. Tomo I. Revolución y contrarrevolución en Rusia. Ed. Muñoz y Moya, Llerena, 1999.

Nota 4:

En una primera fase, las jornadas de mayo sirvieron de pretexto para preparar la represión contra el POUM, al que se le adjudicó un papel revolucionario, y de incitación a la insurrección popular, que en realidad no había jugado nunca. La segunda fase consistió en añadir a ese intento de "pustch", falsamente atribuido al POUM, unas acusaciones de traición y espionaje al servicio de Franco, fundamentadas en unas pruebas falsas, montadas de una forma toscamente chapucera y harto increíbles que, en el caso de Nin, fracasaron ante su negativa a admitirlas. Su inquebrantable honestidad de militante revolucionario y su valentía personal no dejó a sus secuestradores y torturadores otra opción que la del asesinato, y posterior desaparición de un cuerpo destrozado, y por ello convertido en acusación contra sus torturadores. La tercera fase consistió en una campaña de prensa difamatoria que martilleó la idea de que los poumistas-trosquistas eran fascistas y agentes-espías de Franco. En esa campaña de prensa y mítines destacaron periodistas como Georges Soria, y dirigentes como Santiago Carrillo, José Díaz, Jesús Hernández, "Pasionaria", Joan Comorera y demás dirigentes estalinistas. Bajo las pintadas acusatorias "¿Dónde está Nin?", los miembros de las juventudes estalinistas, como Teresa Pamies, escribían "En Salamanca o Berlín". El escándalo político del asesinato de Nin, pese a las presiones y el chantaje de los soviéticos sobre ministros y responsables políticos y judiciales, transcendió a la opinión pública nacional e internacional y causó una enorme desmoralización, que la complicidad sectaria y fanática de los estalinistas españoles hizo aún más tétrica y mezquina.

Nota 5:

La Guerra de España es el ejemplo histórico que demuestra la imposibilidad de disociar las actuaciones policiales y criminales de los estalinistas, y sus objetivos políticos. No existió frontera alguna entre los periodistas, agitadores y políticos como Carrillo, Comorera, "Pasionaria" o Pamies, que difundían consignas sobre la necesidad de liquidar a los trosquistas; los ejecutores materiales de esas liquidaciones como Orlov y "Pedro"; o quienes fueron cómplices e inductores intelectuales: los delegados del Comintern, como el propio "Pedro" y "Stepanov” "Luis" o "Alfredo" (seudónimo de Togliatti) No existía una frontera, sólo una división del trabajo, en el que todos contribuían, en el seno del PCE- PSUC, con lo mejor que sabían hacer, en aras de alcanzar el objetivo común. Era imposible, en el reducido mundillo de la militancia “marxista” catalana de los años treinta, que los militantes del PSUC desconocieran la honestidad y valía revolucionaria de los poumistas, a los que estaban acusando y persiguiendo como traidores fascistas. Aunque son obvios los distintos grados de responsabilidad, entre el asesino que torturó a Nin y la militante que escribía “en Burgos o en Berlín”, debajo de la pintada que preguntaba “¿Dónde está Nin?”, o bien el profesor universitario que aún hoy justifica el asesinato; también es obvio que son cómplices en el mismo crimen. Distintas participaciones y muy distintas responsabilidades, pero todas con el mismo objetivo: asesinar la utopía, ayer y hoy; denunciar y liquidar a los revolucionarios, ayer y hoy. Son los mismos, repartiéndose las distintas tareas.