Manel Fontdevila / Con C de Arte [1]
En fin, nada, que me he leído ya bastantes comentarios y cosas
referentes al caso (¡qué gran regreso de vacaciones!) y me ha
sorprendido, aparte de lo anacrónico y lamentable del hecho en sí, la
tibia solidaridad de cualquier cosa que huela medio a oficial. Hablo de
actitudes de políticos, de periodistas... lo de El Roto me parece muy
significativo, el intelectual inofensivo saliendo por la tangente...
salvo excepciones, qué tibio todo. Y que poco que entra la gente a
fondo con la cuestión, se queda todo muy en lo superficial... de
repente la grosería ¡es intolerable! La grosería. La zafiedad. De
repente parecemos todos secundarios de un sainetillo.
Está claro
que en este país hay unos roles muy definidos para todo el mundo y
esperar un gesto de nadie para salirse de ellos es perder el tiempo. Lo
cual, a pesar de los -impagables- cientos de mensajes de apoyo de tanta
gente, te hace sentir un poco indefenso. O algo así. Es una sensación
un poco rara. Cuando una gran mayoría de comunicados vienen a decirte
que el secuestro está muy mal, pero que hay que reconocer que eres un
zafio, un grosero, que te has pasado y que claro, por otra parte, los
jueces actúan con independencia y tampoco vamos a meternos con ellos y
con sus leyes... ¿Nos están apoyando?
Cuando antes de hablar
del tema muchos tienen la necesidad de situarnos a la izquierda de los
ceros a la izquierda, lo impresentable por definición... Me ha parecido
que se apoya más a la libertad de expresión que a nosotros. Por
principio y punto. Que ya está bien, claro, pero hay una alergia a
posicionarse más allá del puro precepto que es, por lo menos,
decepcionante. Y que destila un desprecio: ahí está el editorial de La
Vanguardia del sábado diciendo que, de no ser por la denuncia, de esto
sólo se hubieran enterado "unos cientos" de personas... si esto no es
ninguneo, ya me dirás. ¿No tienen los datos sobre El Jueves del OJD,
del EGM, en La Vanguardia? Apoyan la libertad de expresión porque lo
contrario, como pasa con la ecología o el mestizaje de razas y
culturas, no viene en el libro de estilo. Punto. Dicho esto, qué
desagradables, qué irrespetuosos, qué inoportunos hemos sido. El
director de Tiempo dice incluso que somos machistas. Sólo faltaría. Qué
difícil debe ser hablar pensando antes en lo que se dice.
No sé,
me parece todo muy poquita cosa, de repente toda esta gente que están
gritando todo el día y llevándose a la boca las palabras más pomposas
del diccionario (democracia, respeto, estado de derecho, libertad,
patochadas de este calibre, ¿eh?) son un montón de meapilas en sus
puestos de trabajo cumpliendo con un papel... la agresividad en el
debate público, como la amabilidad para vender camisas en Zara. Y
luego, nada. Que estamos en un tiempo de poca ideología, esto ya era de
cajón, ya nos lo sabíamos, pero es que encima inspira todo poquísima
confianza. Hablo a nivel particular, ¿eh? Por suerte, El Jueves es una
revista que te apoya y que tiene un abogado con experiencia en estos
casos y tal y tal, pero esto te pasa en otra situación y me temo que no
sabes dónde ir a agarrarte. La gente que vive de tus impuestos son
todos del equipo contrincante, dicho así a lo tremendista. Es un poco
decepcionante, ya digo.
Pero bueno, por otra parte están los
mensajes de apoyo, todo lo que ha escrito la, para entendernos, clase
tropa sobre el tema (y que, aunque suene a paternalismo progre, es el
único capital sólido con el que contamos, bravo por ellos). Y los
escritos de varios periodistas y particulares también reconfortantes...
que, por cierto, creo que tienen en común su juventud.Relativa en
muchos casos, ¿eh?, pero ya me entendéis. Al final va a resultar que el
abismo que separa a la gente de sus gobernantes e ideólogos viene,
básicamente, de haber confiado la política, la economía, la ley, la
prensa y la opinión a señores que, por lo menos mentalmente, se mueven
en lo octogenario. Y así nos va, claro.
* Manel Fontdevila es redactor de "El Jueves"