Decio Machado / Guatemala
Guatemala se
prepara para la segunda vuelta en la pugna para las presidenciales.
Corrupción, narcotráfico y paramilitarismo se afianzan en el país,
mientras las opciones de izquierda quedan desarmadas.
Álvaro
Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), el más votado en la
primera vuelta con el 28%, y el ex militar ultraderechista Otto Pérez
del Partido Patriota (PP), segundo con el 23%, aspiran a lograr la
presidencia del Gobierno tras la segunda vuelta electoral, que tendrá
lugar el 4 de noviembre. Hasta el momento, Colom ha recibido el
respaldo de una decena de alcaldes electos, mientras que Pérez ha sido
apoyado por empresarios farmacéuticos y líderes evangélicos.
No
obstante, los dos candidatos centran sus fuerzas en convencer al caudal
de la oficialista Gran Alianza Nacional (GANA), que quedó en tercer
puesto en la lucha por la presidencial con el 17% de los votos. La
romería hacia los alcaldes electos comenzó después de que el comité
ejecutivo de la GANA dio “libertad” a sus simpatizantes al no
decantarse por ningún candidato. GANA quedó en segundo lugar en las
alcaldías, al ganar 78 de las 332 que se disputaron el 9 de septiembre.
Una jornada en teoría “limpia”
La
totalidad de los observadores nacionales e internacionales presentes en
el proceso electoral del 9 de septiembre han coincidido en destacar la
“normalidad y eficiencia democrática” con la que se celebraron los
comicios y felicitar al actual Gobierno de Óscar Berger por ello.
Sin
embargo, Orlando Amado, miembro de la organización de defensa de los
derechos humanos Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), denuncia lo siguiente a
DIAGONAL: “El proceso electoral en Guatemala lleva más de 50 años
siendo una farsa: durante la dictadura militar votaban hasta los
muertos, ahora compran el voto en barriadas enteras por lo que apenas
viene a significar dos platos de comida. Aprovechan las necesidades que
tiene el pueblo, se aprovechan del analfabetismo político de la inmensa
mayoría de la población, y se aprovechan de la sumisión de la población
indígena, la cual ha sido vapuleada históricamente en nuestro país y se
ha convertido en sumisa”.
“Las misiones de observación de la
Organización de Estados Americanos, de la Unión Europea y la local
Mirador Electoral apenas visualizaron la ausencia de incidentes
violentos graves el día de las votaciones, pero esta campaña electoral
ha sido la más violenta de la historia del país”, indicó a DIAGONAL
Gregorio Caicedo, miembro del colectivo MAIZ en la localidad de Las
Flores, en el norte de Guatemala. Y prosigue: “medio centenar de
personas, entre candidatos a diferentes cargos, activistas políticos y
familiares de ellos, han sido asesinados durante la campaña electoral”.
La
intromisión sin precedentes del crimen organizado en los comicios
locales ha sido motivo de preocupación de todas las organizaciones
sociales, especialmente en aquellas zonas cuyos aspirantes a alcalde
son más que sospechosos. Ante la amenaza del narcotráfico a los poderes
locales, el Foro Guatemala, que agrupa a 18 organizaciones de la
sociedad civil, lanzó una intensa campaña sobre el riesgo de
convertirse en cómplice de los delincuentes a la hora de depositar la
papeleta en la urna.
“Hay regiones donde el narcotráfico ya está
invirtiendo en beneficio de la población, y esto es un problema serio,
porque la población empieza a pensar: si el Gobierno no me da esto...
mejor sigamos con ellos”, denunció Fernando Leal, representante de la
Alianza Evangélica en el Foro Guatemala. En dichas zonas rurales, los
alcaldes sólo adoptan decisiones con el visto bueno de las mafias.
El
comportamiento mafioso llega en muchas ocasiones hasta sus últimas
consecuencias. En Chimaltenango, el hijo del alcalde que se presentaba
a la reelección tiene una compañía de moto-taxis, conocidos
popularmente como tuc-tuc. Un vecino intentó entrar en ese sector de
negocio y compró una moto. No contaba con la autorización del hijo del
alcalde. Tras varias amenazas, un día apareció muerto. Un informe
elaborado por el Procurador de Derechos Humanos sobre el proceso
electoral indica que el crimen organizado controla el noreste del país,
y que es imposible presentar candidatos limpios de toda conexión con
estas mafias.
En el Petén, zona noreste del país, han surgido
fortunas de la noche a la mañana. “Algunos de estos nuevos ricos han
llegado a cargos municipales o han apoyado a determinados candidatos”,
dice Luis Linares, secretario ejecutivo adjunto de la Asociación de
Investigación y Estudios Sociales. Y continúa: “El candidato usa el
partido como un vehículo para llegar a la alcaldía. Es él quien
financia la campaña y no el partido, al que no le debe nada. Por esta
razón, los narcotraficantes, que disponen de buenos recursos, tienen
grandes posibilidades de ganar”.
Y la izquierda desapareció
La
sorprendente irrelevancia de Rigoberta Menchú en los resultados
electorales, con tan sólo el 3%, tira por tierra la tesis del racismo
como elemento básico del rechazo de su propuesta política. “Claro que
algo de racismo hubo, pero no fue lo más importante. Menchú perdió ante
el escrutinio del pueblo maya mayoritario en el padrón electoral. Si
las elecciones se hubieran realizado en las Naciones Unidas, habría
ganado. Pero para ser líder político hace falta algo más que fama
internacional. Rigoberta no es el Moisés que nos llevará a la Tierra
Prometida”. Así de rotunda se mostró a DIAGONAL Clarita Winapuc, líder
comunal en el departamento de Quiché, predominantemente indígena.
De
igual manera piensa el analista y académico indígena Estuardo Zapeta,
el cual declaraba recientemente a ArgenPress: “Creo que fue un error
pensar que los indígenas iban a votar por ella sólo por ser indígena,
además el hecho de que el 95% de la población la conozca y tenga buena
opinión de ella no quiere decir que voten por ella para la
presidencia... lograr eso requiere trabajo”.
A la división
indígena hay que añadir que la izquierda social y política chapín nunca
le dio legitimidad a la candidatura de Rigoberta. “Ella fue un invento
de las ONG españolas, nunca ha hecho nada en la política interna de
Guatemala, los que la conocemos sabemos que no es una persona de
izquierdas. En 2004 aceptó ser la embajadora de buena voluntad para los
Acuerdos de Paz, un cargo creado ‘ad hoc’ por el Gobierno del
neoliberal Óscar Berger para incluirla en el gabinete, ¿usted lo puede
entender?”, sentencia con severidad Mario Beltrán, miembro del Frente
Nacional de Lucha.
Con respecto al resto de las fuerzas de la
izquierda, el resultado fue aún más calamitoso. La histórica Unidad
Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), antigua fuerza
guerrillera, estuvo a punto de desaparecer del escenario político,
habiendo logrado tan sólo un “curul” en el Congreso de la República.
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Inmunidad para un genocida
El
ex dictador Efraín Ríos Montt consiguió un escaño como diputado por su
partido Frente Republicano Guatemalteco (FRG), logrando así la
inmunidad legislativa que buscaba para evadir la acción de la justicia
española. Los miembros del Congreso de la República en Guatemala
disfrutan de inmunidad a no ser que sean suspendidos por un tribunal.
En la actualidad pesa una orden de búsqueda y captura contra el ex
dictador y otros altos cargos cursada por el juez de la Audiencia
Nacional Santiago Pedraz para juzgarlo por genocidio y torturas.
“Estuve disponible cuatro años [sin inmunidad].
Si los otros son
inútiles y no supieron presentar demandas, es cuestión de ellos”,
afirmó recientemente el ex dictador, pastor evangélico y un ferviente
lector de la Biblia que dio un golpe de Estado en 1982 contra el
general Romeo García. Su mandato es considerado el más sangriento de
todos los que se sucedieron durante la cruenta guerra civil de 36 años
(1960-1996) que asoló el país. Después de más de 200.000 muertos y
40.000 desaparecidos el conflicto concluyó con la firma de los Acuerdos
de Paz hace 11 años.
* Fuente: Diagonal Periódico, recogido de jbcs.blogspot.com [1]