Servicios públicos, privatizaciones y apagones: las miserias de la Catalunya lumpenestatutária
política | Catalunya

Editorial RG#37 septiembre 2007

El espectáculo de subdesarrollo que ha sufrido la ciudad de Barcelona este verano con el apagón del 23 de julio es un botón de muestra del modelo de sociedad hacia el cual nos lleva el caos socioambiental del neoliberalismo. Sin embargo, no era imprevisible. En los años 2001 y 2002 el Estado de California sufrió una crisis energética similar. No por casualidad, la Comisión Federal Reguladora de la Energía de allí tuvo tan poco éxito como las administraciones de aquí en domesticar las ansias de lucro de las empresas privadas del sector y garantizar un servicio público elemental tan básico como la electricidad.

El discurso neoliberal de los años ochenta y noventa concentró buena parte de sus ataques en los servicios públicos. Sus argumentos eran que hacía falta privatizarlos para poner fin a la ineficacia de la administración, mejorar las prestaciones y abaratar los precios para los consumidores. Además, buscaba enfrentar simbólicamente la figura del consumidor a la del trabajador, dando a entender que tenían intereses contrapuestos, como si la inmensa mayoría de los usuarios no fueran trabajadores o como si la inmensa mayoría de consumidores no tuviera que trabajar para vivir...

Pues bien, ¿cuál es el resultado de veinte años de privatizaciones? No sólo no ha mejorado la calidad de los servicios, sino que se han deteriorado las condiciones de trabajo en estas empresas y, después de un plazo prudencial, también se aumentan los precios, que en el caso de ciertas eléctricas se han subido un 20%. Así pues, ¿quién sale ganando con las privatizaciones?

La economía son habas contadas. Si se degradan las condiciones laborales y los salarios, se empeoran los servicios y se aumentan las tarifas... la única mejora fabulosa corresponde a las ganancias de los accionistas.

Renfe descarrilada

El otro gran espectáculo de la Catalunya lumpenestatutaria es el estado de las cercanías de Renfe, una empresa "pública" en proceso de fragmentación y privatización. La falta de inversiones en Renfe, como en Red Eléctrica, condensa las grandes contradicciones sociopolíticas de este país: una asignación de recursos discriminatoria del Estado hacia Catalunya y una lógica de privatización privilegiada por la burguesía autóctona.

La única solución pasa por una gestión pública catalana con una financiación apropiada que rompa con la lógica privatizadora de los últimos años. No podemos permitir que la lucha por el autogobierno sea un pretexto para nuevas privatizaciones... como insinúan insignes representantes de la burguesía catalana con respecto a la gestión del Prat.

Por otra parte, la izquierda no puede dejar en manos de los tiburones que se reunieron en ESADE la reivindicación de un control soberano de las infraestructuras del país. La privatización de las compañías eléctricas supone una desinversión que se traduce en apagones. La privatización de Renfe, sin embargo, puede conducir a cosas peores. En el Reino Unido, el número de accidentes ocasionado por la relajación de las medidas de seguridad de los ferrocarriles privatizados obligó a un gobierno tan poco sospechoso de bolchevismo como el de Blair a renacionalizar una parte. Mejor no hablar del peligro de que el Prat acabe en manos de AVERTIS...

Las miserias de la Catalunya post-estatutaria no se acaban aquí. Todo apunta a que las ya ínfimas mejoras de autogobierno del nuevo Estatuto pueden ser despedazadas en los pasillos del Tribunal Constitucional. En este caso, toda la izquierda del sistema se verá obligada a escoger entre acatar la resolución del Tribunal o echarse a la calle para defender el Estatuto. Sin duda, los revolucionarios seremos los primeros en salir a la calle, pero no para reivindicar el tímido estatuto del 29 de septiembre, sino para exigir un proceso constituyente catalán.

Nuevo impulso social y político

Esperamos que la Diada de este año ayude a crear un clima político que favorezca un nuevo impulso de izquierdas y soberanista. Un impulso urgente ante el giro cada vez más centralista y reaccionario del PSOE que, no contento con haber desfigurado el proceso estatutario catalán y con haber ahogado el proceso de paz en el País Vasco, acaba de regalar el gobierno de Navarra a UPN, frustrando los anhelos de cambio de la mayoría de su población.

Así pues, hace falta un impulso soberanista, pero también consecuentemente de izquierdas, que tendrá que esforzarse en continuar las luchas por la vivienda del año pasado -aprovechando las horas bajas del sector del ladrillo-, en preparar los y las asalariadas a organizarse ante la anunciada crisis económica internacional y a reestructurar el movimiento contra la globalización capitalista y la guerra. Un hito importante con el fin de recomponer los movimientos sociales será la celebración del Foro Social Catalán, una iniciativa que busca relanzar los espacios de debate y de acción unitaria, cuando ya casi nadie espera nada bueno de un tripartito de Entesa totalmente subordinado a los poderes fácticos y que se limita a gestionar lealmente los intereses del gran capital.

Justamente para perfilar los contenidos de una alternativa realmente ecosocialista y revolucionaria a la izquierda social-liberal, a principios de diciembre, tendrán lugar en Barcelona los V Encuentros del Espacio Alternativo Confederal. Que pretenden ser un verdadero congreso de refundación para construir una organización revolucionaria e internacionalista a nivel estatal que luche por el socialismo del siglo XXI y que contribuya a cambiar la correlación de fuerzas a la izquierda.