La exigencia inalienable a la energía renovable (I).

 Estel Roig

Sirva la exposición sobre el estado de la cuestión para proseguir un debate que, lejos de ser escamoteado a la opinión pública, debería permanecer en una primerísima plana de actualidad. Darle la espalda nos expone a la peor realidad imaginable y, a la vez, allana la toma de decisiones al margen de la población.

Se decidió la instalación de centrales nucleares sin ningún tipo de sondeo popular, de estudio o reflexión, de evaluación de consecuencias, de búsqueda de consenso. Eran los grises años sesenta españoles. Pero también la ufana Francia posbélica había puesto en marcha el modelo energético en silencio. Tampoco sorprende...

Una central nuclear es una central eléctrica que obtiene su fuente de energía primaria a partir de un reactor nuclear -o dispositivo blindado- en el que tiene lugar una reacción nuclear controlada en cadena. A grandes rasgos, hay dos tipos de reacciones nucleares o procesos sobre el átomo para obtener energía: la fusión y la fisión.

Fusión

La fusión de dos núcleos de átomos ligeros para crear otro mayor. Se divide en fusión fría y fusión caliente. La primera –dicen- es el sistema nuclear óptimo, que a día de hoy no se ha podido reproducir fuera de laboratorio, ni se ha podido obtener ningún sistema productor de fusión fría que sea rentable energéticamente. Si se consiguiera –sostienen- sería una fuente limpia, inocua y prácticamente inagotable de energía.

La fusión caliente es un proceso que se encuentra en la naturaleza; por ejemplo, cuando el Sol fusiona hidrógeno y lo convierte en helio. Una aplicación de fusión caliente es la bomba de hidrógeno.

Fisión

Es el proceso contrario a la fusión. En la fisión se rompe o se escinde el núcleo de un átomo muy pesado, con la consiguiente liberación de uno a tres neutrones y de una fuerte emisión de radiaciones alfa, beta y gama. El nuevo núcleo compuesto –formado por la captura del neutrón- es altamente inestable. El uranio 235 es el único elemento que se encuentra en la naturaleza directamente susceptible de un proceso de fisión. Habitualmente, a este U 235 se le incorporan tres neutrones hasta convertirlo en el isótopo conocido como U 238 (o uranio enriquecido), principal componente de las cabezas nucleares; o el artificial plutonio, creado para el mismo uso. Por tanto, los reactores nucleares civiles son coartadas de auténticos laboratorios de alta tecnología militar destinados a la fabricación de bombas atómicas de última generación.

Los productos generados por fisión contienen residuos radiactivos que pueden tardar miles de años en estabilizarse; de aquí que “necesitan un cuidadosísimo proceso de almacenamiento permanente durante el largo periodo de tiempo en que su actividad es peligrosa”. ¿Cómo garantizar la inactividad de millones de toneladas de residuos mortales perpetuos en los próximos cien, que no ya mil años?

¿Un riesgo asumible?

Después del cierre de Vandellòs I (1990), hay tres centrales nucleares en funcionamiento en Catalunya: Vandellòs II, Ascó I y Ascó II, propiedad de ENDESA e IBERDROLA. En el resto del Estado, Cofrentes (Vall d’Aiora, País Valencià); Santa Maria de Garoña (Burgos); Trillo I (Guadalajara); y Almaraz I y II (Cáceres). Oficialmente, hay 9 reactores nucleares distribuidos en siete de estas centrales, la mayoría de fisión.

Desde los medios propagandísticos, las jerarquías científico-políticas resuelven que es un riesgo “asumible”. Nos repiten sin parar que ninguna otra forma de obtención de energía puede garantizar el abastecimiento de los actuales niveles de consumo energético. Nos quieren hacer creer que es “el precio” imprescindible para continuar con el desorbitado y amoral dispendio energético orientado –principalmente- al sector industrial. Nos predisponen a arriesgarnos y, potencialmente, a aceptar el horror de su absurdo “progreso”.

Ni la posibilidad -aunque sea remota, que no lo es- de exponer nuestro presente y condenar al futuro a un accidente o a ser blanco de ataques en estos fantasmagóricos complejos industriales, supondría la destrucción inmediata, absoluta y sin paliativos de toda vida en un radio de miles de kilómetros.

Es necesario divulgar el funcionamiento de esta opción -no sólo energética- y sumarnos a iniciativas ecologistas y movimientos antinucleares para espolear a la opinión pública a exigir el legítimo derecho a energías alternativas. Sin más dilación, reclamar calendario de desmantelamiento, búsqueda de soluciones para el almacenamiento de todos los residuos generados –sobre todo- en reactores nucleares por fisión que se depositan en cementerios nucleares, y la interrupción instantánea de toda financiación destinada a investigación militar.

Contra todos los fueros de la economía global.