Marruecos: ¡Que no cuenten con nosotros!
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Brian Anglo


El veredicto del pueblo de Marruecos con respecto a las recientes elecciones legislativas ha estado muy claro y contundente: con su masiva no participación, la inmensa mayoría de la gente se ha negado a avalar una nueva burla del régimen.
 
 Si en el 2002 la participación llegó a un muy modesto 51,6%, esta vez ha bajado en picado al 37%. Sin embargo, incluso esta cifra es engañosa.
 
 Por una parte, hay que remarcar que un 19% de las papeletas depositadas en las urnas eran votos blancos o nulos. Y por la otra, que, a pesar de todos los esfuerzos del estado y de una serie de ONGs, unos 4,7 millones de personas en edad de no votar ni siquiera se inscribieron en el censo electoral, sin contar a los más de tres millones de emigrantes que viven en el extranjero.
 
 Profundizando un poco más, vemos que el rechazo del proceso se sitúa especialmente entre la gente joven y en las grandes ciudades. Tres millones y medio de personas entre los 18 y los 24 años no se "molestaron" a apuntarse en las listas electorales, mientras que en Casablanca, por ejemplo, la abstención de las personas inscritas fregó el 73%, y el 28% de los votos emitidos eran blancos o nulos (los porcentajes en Tánger eran todavía más espectaculares: el 78% y el 32% respectivamente).
 
 ¿Quién ganó?
 
 Con tantísima gente dándole espalda al proceso, el análisis del resultados de los diferentes partidos tiene un interés menor. El hecho de que el Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD) no obtuvo la mayoría relativa prevista y se quedó con sólo 46 escaños se puede interpretar como un revés para esta formación.
 
 No obstante, fue el partido más votado y sus portavoces tienen una parte de la razón cuando se quejan de la reconfiguración de muchas circunscripciones con el fin de dar más peso al campo, más conservador y más manipulable (con la compra de votos), con respecto a las ciudades. En todo caso, el PJD obtuvo la mayoría relativa de los 30 escaños reservados para mujeres elegidas en una circunscripción única para todo el país. (Por cierto, solamente cuatro mujeres fueron elegidas en el resto de las circunscripciones).    
 
     De todos modos, estaba descartado de entrada que este partido, tildado de "islamista moderado" por los medios de comunicación occidentales y tolerado por el régimen (ya que no cuestiona el estatus del rey como comendador de los fieles y puede actuar como contrapeso a Justicia y Caridad, más radical), formara un gobierno entorno suyo o entrara en un gobierno dominado por otras fuerzas.
 
 Llama la atención que después del hundimiento de los socialistas, el partido con más presencia dentro del nuevo parlamento -Istiqlal (Independencia)- haya conseguido tan sólo 52 de los 325 escaños. Sin embargo, probablemente podrá conservar más o menos intacto el bloque heterogéneo del gobierno de que había formado parte durante la legislatura anterior.
 
 Rechazo al régimen
 
 ¿Cuáles son, pues, las razones que explican el distanciamiento cada vez mayor de la población con respecto al sistema parlamentario marroquí?
 
 En primer lugar, hay los motivos de fondo. En Marruecos, el rey (aceptado plenamente por el Estado español) no es solamente una figura simbólica, sino que la constitución concentra todo el poder en sus manos. Es él quien designa el primer ministro y tiene el control del gobierno y todo un entramado de organizaciones a través de las cuales mantiene su dominio de la política y de la economía.
 
 Y después, tenemos los motivos más coyunturales. El nuevo rey ha defraudado todas las expectativas erróneamente depositadas en él y, tal como su padre, ha ejercido su dominio al servicio de una capa muy reducida de la sociedad marroquí y a favor de los intereses del capital internacional.
 
 En el último periodo, los gobiernos han aplicado las mismas políticas neoliberales que han arrasado en todas partes, con el resultado -entre otras cosas- de altísimas tasas de analfabetismo, de pobreza y de paro que dejan la juventud sin ninguna perspectiva de salida (¡si no es la salida del país!), acompañadas de la represión de todo movimiento contestatario).
 
 Nuestros compañeros y compañeras de El Mounadil (El/La Militante, sección marroquí de la IV Internacional) tienen claro que "el cambio no vendrá en absoluto del parlamento, sino de las luchas populares" y trabajan por "una asamblea nacional constituyente democrática que permita reconstruir otro Marruecos al servicio de las aspiraciones populares".