A 90 años de la Revolución Rusa
Aldo Andrés Casas / Viento Sur“… si la Internacional comunista se derrumba, tampoco la URSS resistirá mucho tiempo. Los salmos burocráticos proclamando que en nuestro país ya están realizados 9/10 del socialismo (Stalin) se mostrarían entonces como charlatanería estúpida. Ciertamente, incluso en tal caso, al fin de cuentas la revolución proletaria sabría abrir nuevas vías hacia la victoria. ¿Pero cuándo? ¿Y al precio de cuántos sacrificios y cuántas víctimas innumerables?.” León Trotsky, 1928.
Voy a referirme a la revolución que hace 90 años, el 7 de noviembre2 de 1917, hizo realidad la consigna “Todo el poder a los Soviets” lanzada por Lenin y sus compañeros para llevar a la práctica las exigencias de “Paz, Pan y Tierra” tras las que se movilizaban millones de obreros, campesinos y soldados. Pero considero imprescindible incorporar, también, una reflexión sobre el posterior fracaso del intento. No es posible perder de vista que la URSS ya no existe, en el Kremlin flota la bandera tricolor de la vieja Rusia, Leningrado nuevamente se llama San Petersburgo, y la confianza de las masas en esa revolución está pulverizada. Para rescatar la herencia de las revoluciones del Siglo XX, se impone reconocer una ruptura.
No sólo “el campo socialista”, sino las Internacionales, los grandes partidos y sindicatos de masas construidos por los trabajadores a lo largo de un siglo y medio… toda una fase histórica del movimiento obrero y revolucionario internacional ha terminado. La continuidad de la revolución debe ser asumida también como una re-evolución: un relanzamiento sobre nuevas bases y en respuesta a nuevos y viejos pero mas graves peligros. La lucha por la emancipación social es también un compromiso con la suerte de las generaciones futuras y la naturaleza humanizada.
¿El fin de una ilusión?
Una omnipresente campaña que pretende impedirnos imaginar siquiera un sistema distinto del capitalismo, identifica el legado de Octubre con las consecuencias del estalinismo y condena la “ilusión” de la Revolución. Por ejemplo, el historiador (y ex-estalinista) Furet, quiso hacer creer que las posturas de Gorbachov o Yeltsin representarían algo así como una postrer autocrítica de la revolución:
El fin de la Revolución rusa, o la desaparición del Imperio soviético, deja al descubierto una tabla rasa sin relación con lo que habían dejado el fin de la Revolución francesa o la caída del imperio napoleónico (...) Lenin (...) no deja ninguna herencia. La revolución de Octubre cierra su trayectoria no con una derrota en el campo de batalla, sino liquidando por sí misma todo lo que se hizo en su nombre.
Nuestro balance es muy distinto, pues escapa de los lugares comunes (de la derecha, pero también de los de izquierda). Identificarnos con el impulso emancipador que gestó el poder soviético, no nos exime de un balance riguroso: la Revolución Rusa no debe ser considerada sólo como un hecho ocurrido en tales o cuales circunstancias, sino más bien como experiencia estratégica de la clase obrera y las organizaciones revolucionarias. Y por lo mismo debemos referirnos al estalinismo y el mal llamado “socialismo real”: también de los desastres cabe sacar conclusiones. Nuestra convicción socialista no se sustenta en la idea de ineluctabilidad, no creemos que el camino hacia la emancipación social esté predeterminado por alguna fuerza que no sea la misma acción de los hombres. Asumiendo que “la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”, para proyectar este combate hacia el siglo que viene resulta imprescindible sacar todas las lecciones de lo vivido en el siglo que dejamos atrás.
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* Aldo Andrés Casas es integrante del colectivo Cimientos, miembro del Consejo de redacción de HERRAMIENTA Revista de debate y crítica marxista. Artículo escrito en agosto de 2007.
















