Octubre 1917: Combates por la historia (de la revolución)
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90 años después de la Revolución de Octubre

Pepe Gutiérrez

Probablemente la mayor parte de las nuevas generaciones que se han acercado, desde los años ochenta, a la revolución de Octubre, lo han hecho a través de alguna de las múltiples versiones impuestas a medida que se producía la descomposición moral y política de la burocracia y del estalinismo.

Pero la revolución y el socialismo siempre fueron ideas y proyectos con vigencia a pesar de la burocracia y del estalinismo. Durante varias décadas, 1917 y la URSS fueron un referente básico para la mayor parte de las luchas sociales emancipatorias. Desde la izquierda marxista, sin embargo, la URSS era criticada en la medida que la burocracia estaliniana traicionaba la originaria revolución, dejándola inconclusa y aislada, y lo hacía en nombre de la verdad histórica, de la democracia obrera...

   En la medida en que el “socialismo real” se desprestigiaba, nos fue llegando un pétreo viento de contrarreforma y de contrarrevolución. La revolución de Octubre de 1917 fue sometida a una furiosa campaña de desprestigio, en no pocos casos protagonizada por antiguos estalinistas “arrepentidos”. Y al tiempo que la revolución era denigrada, el capitalismo era ensalzado: no existían alternativas a la democracia liberal. A partir de una experiencia puntual y fracasada, se generalizaba para postular la imposibilidad de cualquier transformación revolucionaria.

   En este contexto de intoxicación ideológica, si la revolución que significó el parto de la URSS comenzó con los hechos de Octubre, era preciso ensombrecerlos al máximo. Por ello se comenzó a sentenciar que “la revolución de Octubre” había sido un “golpe de estado”... ¡¡El más singular de la historia!!, decimos nosotros. Un “golpe de estado” que prácticamente no provocó ni un rasguño, que se hizo en nombre de los soviets de obreros, campesinos y soldados en los que todo estaba en debate, que firmó la paz, que dio la tierra a los campesinos, que concedió la libertad a las naciones oprimidas por Rusia, que implantó el control obrero, que comenzó a plantearse la liberación de la mujer. Un “golpe de estado” que, sin disponer inicialmente ni de policía ni de ejército, fue capaz de movilizar las fuerzas suficientes para acabar ganando una guerra civil-internacional en la que la Rusia zarista encontró el apoyo de 21 naciones con Gran Bretaña y Francia al frente...