Frente a una izquierda átona, Besançenot ocupa el espacio de la radicalidad
política | Francia

Matthieu Écoiffier, Libération - VientoSur

Olivier Besançenot, que ha venido a la manifestación parisina a difundir octavillas, ayer en Port-Royal, ha organizado un revuelo y… la promoción de su futuro partido “100%” independiente de la izquierda institucional.

Con sindicatos que han entrado en la negociación, el dirigente de la LCR ocupa por entero el espacio de la radicalidad. “Va a ser un pulso para resistir a la campaña de opinión orquestada, a las divisiones de los sindicatos y a los problemas de pelas de los huelguistas con menos posibilidades”, analiza. Pero no tiene ninguna duda en cuanto a su apoyo a los huelguistas “al contrario que el PS y el PC que rechazan nuestra propuesta de una iniciativa común” y espera obtener rendimientos políticos de ello. “No hay nadie entre Sarko y Besancenot”, constataba un diputado de la UMP la semana pasada. Una constatación en parte verificable ayer en la manifestación.

Al ver a “Olivier” con su ropa de trabajo con el bordado de “La Poste” [“Correos”; Besançenot es cartero. ndt], ferroviarios y trabajadores de la RATP de la CGT y enseñantes del FSU se congratulan: “¡Bravo Olivier, somos sesentaiochistas y estamos orgullosos de ti!”, le espeta una señora de la Red de Educación sin Fronteras. “Ya no tiene ese lado un poco altivo, está muy equilibrado”, añade una jubilada. Muchos aceptan la pegatina de la LCR: “Usuarios-huelguistas: solidarios”. Y cogen, sin leerla, la octavilla que convoca a un mitin para la “Resistencia social y el nuevo partido anticapitalista” para mañana en La Mutualité.

La popularidad de Besançenot hace también eco a su discurso sobre la redistribución de las riquezas. Sus mentores de la LCR disfrutan: “Es la primera vez que la Liga tiene tal peso, y es el reflejo político de los que pelean”, asegura François Sabado. “Olivier es su portavoz”, añade Alain Krivine.

Queda por acabar la jugada: “Tengo mi carné de la CGT y le he votado, pero afiliarme no”, explica Patrick, un trabajador de la SNCF. “Solo por él no iré a su partido. Pero si están Buffet, Mélenchon, Emmanueli [dirigentes del PCF y de la izquierda del PS. ndt], si” , explica una manifestante lamentando que Besançenot haga “rancho aparte”.

La izquierda radical quiere desbordar a las direcciones sindicales generalizando el movimiento

por Sylvia Zappi, Le Monde 16/11/2007

“Todos juntos, todos juntos”. Desde el inicio del curso en septiembre, el eslogan del movimiento social de diciembre de 1995 estaba en las cabezas de la izquierda radical. Sean dirigentes sindicales, simples delegados de empresa, dirigente estudiantil o militante político, hace semanas que soñaban con un gran movimiento social y que se preparaban para ello. SUD, minoritarios de la FSU o de la CGT, cuadros del PCF, activistas de la LCR, de LO o del Partido de los Trabajadores, han hecho todo lo posible para impulsar la huelga.

La situación les parecía casi demasiado hermosa: un gobierno finalmente afectado por sondeos a la baja, un descontento latente sensible desde fines del verano en las empresas sobre el poder de compra y una reforma de los regimenes especiales que afecta a bastiones sindicales combativos.

El éxito de la huelga del 18 de octubre parece confirmar los pronósticos. “El movimiento social se ha puesto en marcha”, se entusiasma Arlette Laguiller (LO) en las calles parisinas mientras que su alter ego de la LCR, Olivier Besancenot,”espera que el movimiento continúe”. Marie-George Buffet, por su parte, ve en ello “una jornada test”.

La entrada en el escenario de las universidades les ha encantado. Los jóvenes militantes de la LCR, de SUD o de la CNT (anarco-sindicalista) no han dejado de extender el movimiento de ocupación y de buscar los lazos con los ferroviarios o los trabajadores del gas. Como en 1995. “Va muy bien en las AG (asambleas generales)”, asegura Tristan Pablo, estudiante en Tolbiac. La misma constatación que hace Adrien Bonzar, responsable de Sud en Nanterre.

Para esta izquierda radical, sólo un “movimiento general” que vaya del sector público a las empresas privadas podría hacer retroceder al gobierno al que acusan, tras la puesta en cuestión de los regímenes especiales, de preparar una nueva reforma general del sistema de jubilaciones.

“Si se quiere ganar, no hay que quedarse en las luchas por sectores”, pretende Gérard Mazet, delegado CGT en la estación de Austerlitz, miembro del PCF. “Frente a los ataques del gobierno, hay que construir convergencias”, añade Annick Coupé, portavoz de Solidaires.

Pero tras esta estrategia proclamada, estos cuadros sindicales saben que la realidad del terrenyo es mucho más compleja. La huelga “automática” no funciona, repiten. “La convergencia de las luchas es complicada pues hay que encontrar una consigna unificadora”, analiza Jean-Michel Drevon, secretario nacional de la FSU de la tendencia École emancipée. “En las AG, el debate no es sobre la huelga general interprofesional sino ampliar la huelga sobre las jubilaciones”, reconoce Christian Mahieus, secretario general de SUD-Rail.

El tono es prudente. Tanto más cuando los primeros “pasos atrás” de las confederaciones sindicales aceptando las negociaciones empresa por empresa habrían desorientado a las tropas. “Tras la puñalada en la espalda del movimiento de la CGT y los llamamientos a la vuelta al trabajo de la CFDT, los asalariados están a la expectativa”, estima Dominique Mezzi, dirigente de la LCR.

“El frente sindical se ha dividido”, se constata en Solidaires. “Es cierto que se ha esperado mucho tras el 18 de octubre. La actitud de Thibault ha sido vivida como una traición”, sostiene Tony Fraquelli, delegado CGT en Austerlitz y militante de la LCR.

Estos partidarios de la huelga dura continúan, pues, su trabajo de hormiga. “Hay numerosas federaciones departamentales que llaman a la reconducción”, asegura M. Mahieux. “No estamos más que al comienzo del movimiento, no en su fin. Las formas que va a tomar no las conoce nadie”, previene M. Mazet. La constatación es compartida por los militantes de LO.

El objetivo es “aguantar” hasta el 20 de noviembre, día de la huelga de la función pública. “Si la movilización aguanta el fin de semana, se podrá lograr la unión con el 20”, espera M. Fraquelli.

En las AG de los ferroviarios, el miércoles, los radicales se han sentido “en fase” con el malestar general que empujaba a la reconducción y expresaba claramente la desconfianza hacia las direcciones sindicales. Varios centros de trabajo han exigido “ser consultados para cualquier decisión que comprometiera el futuro e informados del contenido de las discusiones en cada etapa”.

La LCR ha propuesto al conjunto de los partidos de izquierda organizar una iniciativa de apoyo a los huelguistas. Y se dice incluso dispuesta a poner en pie comités de usuarios pro-huelga.

Besancenot: “La verdadera fuerza de la derecha, no está en que ella esté en todas partes, sino en que hay una izquierda que no está en ninguna parte”

Declaraciones recogidas por Raphaëlle Bacqué, Thomas Hugues et Stéphane Paoli, Le Monde, 21/11/2007

- El gobierno se negaba a negociar en plena huelga; ahora habla de “una dinámica de vuelta al trabajo” para abrir la discusión. ¿Es para usted un primer paso?

- Olivier Besançenot. Se ha visto obligado a darlo. Aunque se trate de una cuestión de forma, es la prueba que la correlación de fuerzas comienza a notarse, vista esta primera reunión. Ahora queda el fondo de la cuestión. Sin embargo, justo tras haber hecho una pequeña concesión en la forma, tenemos un gobierno que, por boca de M. Fillon, nos dice hoy que no cederá nada “en el terreno de los principios.” El gobierno saca pecho veinticuatro horas antes de la jornada de mañana, que se anuncia un éxito desde un punto de vista interprofesional.

- El secretario de la CGT Bernard Thibault está siendo puesto en apuros por su propia base. ¿Se equivoca al querer negociar?

- O.B. Este movimiento ha decidido controlar su propia movilización por la base, en asambleas generales en la que no sólo hay militantes de SUD o de la CGT, sino también de Force Ouvrière, de la CFDT, del UNAS que desde hace mucho han dicho que había que detener el movimiento (…). Se va a mostrar que los ferroviarios no están solos en relación a su conflicto que no afecta simplemente a los regimenes especiales, jubilaciones, sino que afecta en filigrana a la cuestión del poder de compra.

- ¿Quería usted desde el comienzo la confluencia de la huelga de los ferroviarios con la de los funcionarios?

- O.B. Por supuesto, pero no tenían la misma opinión las direcciones sindicales. Algunas solo querían que hubiera nada más que una sola manifestación. No hago nunca la política de lo peor, porque sé lo que significa hacer huelga. Si el viernes, los ferroviarios hubieran ganado, les habría dicho bravo (…). Me acuerdo de 2003, frente a todas las tentativas de división de las direcciones sindicales que en aquel momento nos cargaron con una jornada de acción sin futuro, se ha visto hacer eclosión en el movimiento, de forma espontánea, colectivos interprofesionales cada vez más masivos. Trabajadoras y trabajadores que convergían sin pasar por ninguna dirección sindical o política. Para ganar habríamos tenido tanta necesidad de esos colectivos interprofesionales desde el comienzo de este movimiento...

- La SNCF propone contrapartidas, principalmente 90 millones de euros en quince años. Varios sindicatos son sensibles a esta propuesta…

- O.B. Y probablemente incluso ferroviarios y ferroviarias. Soy muy consciente de ello. Son ellos los que dirán si este sistema de compensación que afecta a las cuotas o a los salarios será vivido como una victoria o no. La situación política y social no será la misma si son los ferroviarios los que tienen el sentimiento de ganar algo o si es Nicolas Sarkozy quien tiene el sentimiento de ganar algo. Pero estaría bien que los beneficios de esta empresa sirvieran, en primer lugar, para hacer funcionar el servicio público.

- ¿Por qué el Partido Socialista está inaudible?

- O.B. El Partido Socialista ha caído en la trampa de criticar al gobierno sólo en la forma. Se esperaba más bien de la izquierda que nos explicara en qué eran malas reformas y sobre todo cómo se podía combatirlas (…).La verdadera fuerza de la derecha, no está en que ella esté en todas partes, sino en que hay una izquierda que no está en ninguna parte (…). El pilar fundamental para proponer algo nuevo en la izquierda, es saber si se inscribe o no en el método social-liberal del Partido Socialista. Si se acepta o no dejarse satelizar por el proyecto político que es coherente de la dirección del PS y que está más bien de acuerdo con una parte del fondo de las reformas del gobierno actual, ya que, concretamente, piensan que el liberalismo es inevitable.


Traducción de Alberto Nadal