Jon Bernat
Zubiri Rey *
Un fantasma
recorre Francia. De nuevo esta sociedad es capaz de poner en jaque los
complejos entramados del dinero y del poder establecido. Apenas 6 meses
después de que el nuevo gobierno se erigiera como propuesta populista
de resolución al conjunto de los males del país, empieza a tejerse
con fuerza una contestación social al paquete de reformas que pretende
llevar a cabo el omnipresidente Sarkozy. Siempre al amparo
de sus amistades en el seno de las grandes empresas y medios de comunicación
de masas, a este nuevo actor vanguardista de la contrareforma neoliberal
europea no le tiembla el pulso al anunciar las nuevas recetas, milagrosamente
simplistas, que devolverán al país a las sillas destacadas del progreso
ilimitado y el poder internacional.
En este artículo
trataremos de presentar, en primer lugar, el grave riesgo que se cierne
sobre la universidad pública y la fuerte contestación que el movimiento
estudiantil con el apoyo de otros sectores universitarios está llevando
adelante a lo largo y ancho de todo el país. Acto seguido extenderemos
nuestro análisis al conjunto de reformas que el gobierno va encadenando
a ritmo frenético y con nula sensibilidad negociadora, las cuales están
levantando en diversos sectores de la sociedad un fortalecimiento del
movimiento social en defensa de las conquistas históricas.
Universidad
Pública frente a Universidad-Empresa: Continuemos la movilización
Hace ya más
de una década que las universidades de todo el mundo se convirtieron
en un campo de batalla de la mercantilización y los intereses privados.
La última reforma lanzada por la ministra Pecresse lleva por título
“Ley de las Libertades y Responsabilidades de la Universidad”
(LRU) y no hace más que establecer el marco jurídico para que el proceso
de mercantilización y privatización parcial de la universidad y su
investigación pueda llevarse adelante, tratando de librarse de las
fricciones y resistencias que la comunidad científica y estudiantil
plantean frente a este proceso, alzándose en defensa del carácter
público y de la utilidad social de las instituciones educativas.
Esta Ley concentra
los poderes del presidente de cada universidad, reduciendo dos de las
tres cámaras representativas a un mero carácter consultivo y modificando
los márgenes de la tercera de ellas, el Consejo de Administración,
reduciendo el peso de los estudiantes y el personal de administración
y servicios y ampliando descaradamente hasta el 38% el número de personalidades
externas que pueden sentarse en este órgano. La entrada de empresas
privadas con plenos derechos y poderes no sólo se articula en este
consejo, sino que esta ley también regula la creación de fundaciones
y centros públicos de cooperación científica, en los cuales las empresas
privadas que participen tendrán una amplia representación acorde a
sus aportaciones. Esta deriva del funcionamiento de las instituciones
de educación superior e investigación hacia el modelo de las sociedades
empresariales está acompañado de la gran estrella esgrimida por el
gobierno en defensa de su ley, la “autonomía” de la universidad.
Se instaura por un lado una “autonomía pedagógica” que no pretende
sino hacer más maleables los planes de estudio a los intereses de los
nuevos agentes privados cuya presencia se normaliza. Se impone por otro
una “autonomía financiera” que regula la grave desimplicación
presupuestaria del Estado respecto de las universidades públicas. Esto
supone una creciente “dependencia” respecto a las fundaciones, empresas
y mecenazgos varios, por un lado, y a las tasas de matrícula pagadas
por los alumnos por otro (creciente derecho a la selección también
renforzado por nuevos mecanismos de inscripción a la universidad y
a los segundos ciclos que refuerzan las desigualdades en el acceso a
la universidad).
La Universidad
de dos velocidades ya está muy presente en el modelo francés (Grandes
Écoles y facultades corrientes) y esta reforma acentúa gravemente
esta fenómeno mediante la creación de agencias nacionales encargadas
de evaluar, mediante indicadores económicos, la eficiencia de los dintintos
centros y de realizar rankings que sirvan para instaurar una financiación
selectiva del estado a los centros rentables. El nuevo plan de investigación
va también en esta linea, reduciendo la financiación de base y renforzando
el apoyo por proyectos, ahogando de esta forma la autonomía de los
centros investigadores y dando a la investigación económicamante no
rentable a corto plazo una inestabilidad y una precarización de su
personal que realmente pone en riesgo la producción libre de saberes
en todos los campos. La ministra esgrime unos objetivos de excelencia
y reputación internacional de la universidad e investigación francesa,
pero es sin duda la educación superior de calidad para el conjunto
de la población y la investigación de utilidad social la que está
en riesgo con esta nueva ofensiva neoliberal, a la que sin duda es indispensable
hacer frente.
Pero aún no
está dicha la última palabra. En el campo universitario el movimiento
estudiantil, silenciado por los medios de desinformación, se erige
con fuerza y levanta barricadas en las puertas de cada centro o escuela.
Al menos 41 universidades en huelga, más de la mitad de entre ellas
bloqueadas, hasta la retirada de la ley y la aprobación de nuevas medidas
públicas de financiación. Una coordinación nacional estudiantil se
reúne cada semana y amplía sus reivindicaciones más allá de lo meramente
universitario, anunciando una fuerte resistencia a las intenciones del
gobierno y de las grandes empresas. A pesar de la fuerte represión
para impedir las ocupaciones de facultades y las acciones de protesta
a pie de calle, los estudiantes plantan cara a una reforma que se dice
legítima escudándose en la voluntad electoral de los franceses. Pero
se niega la mayor, ganar las elecciones no da poderes absolutos para
desmantelar las instituciones que con mucho esfuerzo se han ido construyendo
a lo largo de la historia. Las Asambleas Generales de cada universidad,
cuya legitimidad confronta apasionadas argumentaciones en la sociedad
francesa, se erigen como instituciones de contrapoder dispuestas a no
ceder en la contienda. A pesar de las duras presiones que los medios
de comunicación y los rectores ejercen sobre la población estudiantil,
estos siguen acudiendo masivamente a votar y a participar en la consecución
de la protesta (en Grenoble, 4000 estudiantes reunidos en asamblea acaban
de votar una semana más de huelga y bloqueo para agudizar la presión
al gobierno). Las manifestaciones se suceden con una fuerte represión
policial. Las acciones y las reuniones interprofesionales e intergeneracionales
siguen trabajando por la construcción de un largo e unitario frente
en defensa de los tan corrompidos valores republicanos.
Frente a
un gobierno que no da tregua, movilización social generalizada
Pero por supuesto
esto no es más que una parte de los ataques al bienestar y las conquistas
históricas del pueblo francés lanzado por el gobierno de Sarkozy.
Acabamos de ver terminar sin resultado negociador considerable alguno
la huelga de más de una semana de los ferroviarios, que han visto recortado
su régimen especial de jubilación (basado en la penosidad de su trabajo).
Los sindicatos, como es costumbre, presionan por la moderación y contienen
la deseable radicalización de las protestas obreras. Por otro lado
el gobierno esgrime un discurso de confrontación entre los trabajadores
que cuentan con estas ventajas y aquellos que se temen un aumento de
la vida laboral para el conjunto de la población. Argumentos viciados
que buscan el enfrentamiento entre los que nada tienen y los que cuentan
con pequeños privilegios, sin duda alejando la atención de las altas
rentas financieras, inmobiliarias y especulativas, que reciben de la
mano de Sarkozy regalos fiscales que no reciben especial atención en
el debate público.
Hortefeux,
ministro de la inmigración y la identidad nacional (sólo la denominación
ya da que pensar), ha lanzado sin debate alguno todo un plan de reformas
para fortificar el control policial de los inmigrantes y para doblar
las expulsiones de sin papeles este año (un objetivo de 25.000). Se
pretende instaurar también tests de ADN y pruebas de francés y cultura
nacional para dificultar el reagrupamiento familiar. El movimiento de
apoyo a los sin papeles se fortifica. Con un eje central en las asociacciones
de padres de alumnos (Red de Educación Sin Fronteras) y otro en los
movimientos autónomos de barrio, se suceden las acciones y se fortifican
los lazos de coordinación para hacer frente a esta caza al inmigrante,
que vulnera los más elementales principios de humanidad y dignidad
democrática.
La reforma
de la judicatura (que también ha lanzado a la calle a abogados y jueces),
se reestructura a base de suprimir 23 grandes tribunales y 176 tribunales
de instancia, así como 63 consejos prud'hommales (controlados
por los agentes sindicales y patronales y encargados de reglar los conflictos
laborales), instaurando un recorte de la justicia y acentuando su saturación.
La supresión
de 22.000 puestos de trabajo en la función pública, 10.000 de entre
ellos en la educación nacional, ha lanzado a la calle a los maestros
y al conjunto de funcionarios en la última jornada masiva de huelga
el 20 de noviembre. Aquí también los sindicatos, auténticos agentes
cadúcos de representación de los intereses populares, apuestan por
la moderación, a pesar de la grave carga de trabajo y saturación que
se avecina sobre estos sectores. Aún así una masa crítica de maestros
y funcionarios presionan por continuar las movilizaciones y por lanzar
una huelga indefinida reconductible a comenzar en el próximo día nacional
de huelga el 27 de noviembre.
La Ley de
prevención de la delincuencia, aprobada hace algunos meses, instaura
obligaciones parapoliciales (de obligado cumplimiento) de los educadores
que trabajan con menores y adolescentes problemáticos. La política
internacional neocolonialista e irrespetuosa con la legalidad y autonomía
de cada país cobra fuerza (ver sucesos del Senegal, Tchad o el acercamiento
a los Estados Unidos). También es sangrante el plan de reforzarmiento
de los servicios mínimos que trata de enfrentar a usuarios y huelgistas
para mermar la eficacia del derecho a huelga. Todo esto sazonado con
un talante populista y una falsa apertura conciliadora que pretende
acabar con toda cultura contestataria e instaurar falsas concertaciones
(ver la moda de los Grenelles del Medio ambiente, de la
Inserción, de la Cultura....) para legitimar la contención de las
demandas populares.
Esto no
es más que el principio, continuemos el combate
La protesta y la participación directa se alzan frente a la “democracia” representativa, que pretende limitar el derecho a la gestión colectiva de los asuntos a un voto en una urna cada 5 años. La desigual capacidad de hacer entender los mensajes y propuestas y la descarada connivencia de algunos candidatos con los poderes económicos y mediáticos levantan ampollas entre las poblaciones de todo el mundo. Francia es un país donde aún es posible una fuerte autoorganización de la población para incidir y transformar las relaciones políticas y económicas que rigen el país. Los estudiantes, siempre una punta de lanza debido a su autonomía respecto a las organizaciones sindicales, trabajan hoy con mucho esfuerzo y amplias capacidades adquiridas en los ciclos de movilización de los últimos años (Victoria contra el Tratado constitucional europeo, Protestas contra el aumento generalizado de tasas universitarias, Movimiento contra la precariedad de la primavera del 2006...) para que una convergencia real de los distintos sectores sea posible. Frente a un modelo de sociedad individualista y atomizada, donde parece querer imponerse una lógica corporativista de la reivindicación social, una nueva solidaridad intersectorial e intergeneracional es más posible y necesaria que nunca, y planta cara contundentemente a las nuevas oleadas liberalizadoras que azotan este país y al conjunto del planeta. Esto no es más que el principio, continuemos el combate.
25 de noviembre del 2007
* Activista e Investigador en la Universidad de Grenoble)
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