Miquel Garcia
El denominado “Tratado
de Lisboa”, inicialmente aprobado el pasado 18 de octubre en la
reunión de los líderes del 27 países de la UE,
representa el retorno a los procedimientos más oscurantistas y
antidemocráticos a la hora de decidir el marco económico,
político y social de la Unión. Los intentos de
“legitimación democrática” del neoliberalismo a
través de la Constitución “Europea”, fracasaron de
manera brutal tras el NO en los referéndums de Francia y de
Holanda.
Aun así, el
sonado fracaso de esta tentativa no se ha traducido todavía
en un avance suplementario en la exigencia de otra Europa, ni ha
desembocado en una etapa superior de convergencia de las luchas
sociales. Nunca señalaremos lo suficiente el papel desastroso
que han tenido en las filas de la izquierda las direcciones de los
partidos y sindicatos mayoritarios, agravando la incapacidad del
movimiento obrero europeo para formular una alternativa de sociedad.
Ahora la UE ha vuelto a utilizar la forma del simple “Tratado”, esquivando de esta manera enfrentarse a la opinión pública mediante referéndums. Si el próximo 13 de diciembre el acuerdo llega a ser definitivamente aprobado, para ser trasladado después a los parlamentos estatales, nos encontraremos ante una nueva gran estafa a los pueblos y a la ciudadanía europea.
Contenido
escondido
Como ya se ha
señalado en diferentes análisis, los contenidos
neoliberales de la antigua “Constitución Europea”, así
como el proyecto de construcción de una Europa-potencia, se
mantienen prácticamente íntegros en el nuevo Tratado,
disfrazados y escondidos en un documento de 280 páginas,
repletas de tecnicismos y escritas en el lenguaje críptico de
la burocracia comunitaria. Basta con oír hablar a personajes
como Valéry Giscard d'Estaing, padre del fallido Tratado de
Constitución, que no duda en afirmar que “Los gobiernos
europeos se han puesto de acuerdo sobre los cambios cosméticos
a hacer a la Constitución Europea para que sea más
fácil de digerir”, o a Angela Merkel y a Zapatero que
comentan contentos que con “el Tratado de Lisboa” se mantiene “la
sustancia de la Constitución”. Según el mismo Giscard
“la competencia libre y no falseada sigue figurando en el proyecto
de Lisboa”.
En Francia, el cinismo de Sarkozy ha ido muy
lejos. Desea una presentación del Tratado ante el Consejo
Constitucional el próximo 14 de diciembre, el día
siguiente mismo de la firma oficial del nuevo Tratado por parte del
Consejo europeo, a fin de que la ratificación del parlamento
francés sea la primera a todo Europa. “Pues, después
de haber bloqueado la Constitución”, ha declarado el
presidente de la República, “comprenderéis que como
jefe de Estado sólo vea ventajas en el hecho que sea Francia
la que dé ejemplo a los otras países con respecto a la
adopción de nuevas instituciones comunitarias”.
De
la mano del “Tratado de Lisboa” viene la “Flexiseguridad”
Pero paralelamente al acuerdo del “Tratado”, también se reunieron en Lisboa los sindicatos agrupados en la Confederación Europea de Sindicatos y las patronales europeas, que llegaron a un principio de acuerdo sobre el nuevo concepto de "flexiseguridad". Del mismo modo que el “Tratado de Lisboa” intenta maquillar una estructura neoliberal en el ámbito más político, con la introducción de este concepto ideológico se quiere hacer más pasable para la gente trabajadora y para la ciudadanía en general el proceso de desregulación, abaratamiento, desprotección e inseguridad en el mercado de trabajo europeo.
En términos
generales la "flexiseguridad" se define como la combinación
de más flexibilidad en los contratos y en los despidos para el
empresario, con más seguridad para la gente trabajadora,
concretada en más formación (que debe posibilitar el
acceso a nuevos trabajos al tiempo que aumenta la competitividad) y
más ayudas estatales en forma de subsidios de paro, para poder
cambiar de trabajo sin traumas. El modelo de referencia en cuanto a
la aplicación de la "flexiseguridad" se encontraría
en Dinamarca.
Escrita sobre el
papel la "flexiseguridad" puede resultar atractiva a mucha
gente. Respeta la ideología imperante neoliberal y
competitiva, liberándola, pero, de sus principales males, la
precariedad en el trabajo, el paro, la desprotección
social...
La
“Flexiseguretat” y la “cuadratura del círculo”
Pero... ¿es
esta “cuadratura del círculo” posible? Un simple análisis
nos demuestra de manera inmediata que no y que, por lo tanto, nos
encontramos pura y duramente ante una construcción ideológica
destinada sólo a desorientar a la clase trabajadora y a la
ciudadanía. ¿Como se podría combatir la
“inseguridad” en un mercado de trabajo en el cual el despido sea
libre y barato para el empresario? Sólo dotando a la gente
trabajadora de subsidios de paro largos y bien pagados (en Dinamarca,
paradigma de la "flexiseguridad", son de del orden de 4
años con el 90% del salario), manteniendo y reforzando unos
servicios públicos de calidad y asegurando una “formación”
adecuada de la mano de obra trabajadora, que posibilitara su
“reciclaje” laboral. ¿De dónde pueden salir los
recursos para desarrollar una política laboral y social de
estas características?
Obviamente, si los
empresarios despiden libremente y de manera barata, sólo una
fiscalidad adecuada puede dotar al estado de los amplios recursos
necesarios para sufragar las pensiones de paro, los servicios
públicos y los programas de formación profesional. Pero
justamente esta fiscalidad avanzada, que debería recaer sobre
la clase empresarial y acomodada, es uno de los objetivos a destruir
por el neoliberalismo, obsesionado por la reducción del gasto
público y de los impuestos. ¿Entonces, si los
empresarios no pagan la protección de la gente trabajadora,
quien la paga? De manera rápida hemos llegado al final del
razonamiento y tocamos fondo.
Sí, habrá
“Flexi”, pero no “seguridad”
Vemos por lo tanto
que la "flexiseguridad" es un concepto de imposible
plasmación en la práctica y que, cuando se diga que se
aplica, lo que pasará realmente es que tan sólo
funcionará la flexi” (despidos, desregulación, bajos
salarios...) mientras que la “seguridad” quedará
únicamente escrita en los papeles. En conclusión, así
como el “Tratado de Lisboa debe ser denunciado y rechazado como
continuación enmascarada de la Constitución “Europea”,
en la misma situación se encuentra la “flexiseguridad”,
que es una continuación engañosa, a escalera europea,
de las políticas neoliberales de desregulación y
flexibilización del mercado de trabajo.
La conclusión
que debemos sacar de todo esto es la necesidad, pese a todas las
dificultades, de denunciar este golpe de fuerza de las élites
y de exigir la convocatoria de consultas populares, de referéndums,
como medida democrática elemental. Y, de una manera más
general, hace falta emplear todos los medios por favorecer el
surgimiento de una auténtica alternativa anticapitalista
frente al neoliberalismo.
















