Lluís Rabell
El asesinato del joven antifascista madrileño Carlos Palomino a manos
de un nazi, el 11 de noviembre pasado, ha desatado una oleada de indignación
entre la juventud más consciente de todo el Estado. Ha habido manifestaciones
por todas partes y, a menudo, violentos enfrentamientos con la policía.
La experiencia de estos días está llena de enseñanzas políticas
que tenemos que ir asimilando si queremos construir una izquierda combativa,
anticapitalista, a la altura de los tiempos que se acercan.
En general, la reactivación de los grupos de extrema derecha y de sus
ataques contra militantes de izquierdas -en Madrid han sido frecuentes
durante los últimos meses- acostumbra a ser la señal precursora de
una grave crisis social. La violencia que incuba entre las clases empieza
a salir a flote a través de la agitación fascista en torno a sus temas
estrella: la seguridad y la inmigración. Y estas primeras escaramuzas
ya muestran la relación entre estas fuerzas, la burguesía y los aparatos
de estado ... a la vez que revelan, mejor que cualquier discurso, el
auténtico talante de la izquierda conciliadora que nos gobierna.
El caso de que hablamos es casi un condensado de toda esta problemática.
Carlos se dirigía a protestar contra una concentración racista de
Democracia Nacional. Su verdugo era un militar. Los grupos fascistas
reclutan a menudo a sus adeptos en las filas del ejército y de la policía.
Y esta gente suele suministrar los servicios de orden de los partidos
de derechas "respetables", en primer lugar del PP, en el transcurso
de sus movilizaciones. Con respecto a los periódicos y las televisiones
... ¿hay que recordar la manera indignante en que la prensa habló
de este asesinato, presentándolo como el resultado de una pelea entre
tribus urbanas?
Pero, no sólo lo han hecho los medios afines a la derecha o al "franquismo
sociológico", sino también todo un rotativo "progresista"
como "El País". Y es que el gobierno del PSOE, deseoso de
fortalecer su perfil moderado a las puertas de una nueva contienda electoral,
parece más preocupado por la preservación del “orden" que por
hacer justicia. Así, las manifestaciones de Falange -y de otros grupos
ultras- conmemorando la muerte del "Caudillo" han sido permitidas
... mientras que los colectivos antifascistas encuentran todas las dificultades
del mundo para ver autorizadas sus protestas por parte de la delegación
de gobierno.
Naturalmente, desde el poder nadie
ha pensado en aplicar la famosa Ley de Partidos a estas organizaciones
que exaltan la xenofobia de hoy y la dictadura de ayer, y que se abstienen
de condenar -más bien celebran- el asesinato de un "rojo".
(Lo cual demuestra sobradamente, si es que algún ingenuo pensaba todavía
el contrario, que esta legislación de excepción ha sido exclusivamente
pensada para la persecución de la izquierda abertzale).
Y en Cataluña, ¿qué?
De entrada, tendría que caerle la cara de vergüenza a nuestra "izquierda
de gobierno", desde el PSC hasta ICV-EUiA, pasando por ERC: un
hecho de esta gravedad no ha suscitado por parte suya ninguna reacción,
ninguna convocatoria ... Por contra, cuando toda una serie de colectivos
de la izquierda radical han llamado a manifestarse, nos hemos encontrado
con la represión de los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana, cargando
contra los jóvenes "sospechosos", el 17 de noviembre, por
las calles de Barcelona.
Aquí también, la extrema derecha tiene bastantes amigos y connivencias
entre las fuerzas del orden. Tanto por el origen mismo de los Mossos
-cuerpo que ha incorporado en su seno y en su organigrama de mando bastantes
elementos provenientes del ejército, la policía nacional y la guardia
civil- como por el modelo y la orientación que van configurando la
policía autonómica. Toda la izquierda independentista, los activistas
de los movimientos sociales y de la izquierda anticapitalista están
cuidadosamente fichados. Las inmediatas identificaciones de los asistentes
a las manifestaciones donde se han quemado fotos del rey así lo manifiestan.
Tenemos, pues, una policía con importantes medios, adiestrada para
combatir la disidencia y la contestación social. No en vano cuenta
con asesores tan cualificados como la policía israelí. Quien tuvo
ocasión de ver la manifestación corporativa de los Mossos contra el
consejero Saura, reivindicando el uso del "kubotán" y la
"intimidad" de los interrogatorios sin cámaras en las comisarías,
pudo constatar que no se trataba de simples funcionarios heridos en
su orgullo profesional, sino que allí había gente francamente peligrosa.
Y al frente de esta maquinaria,
tenemos una izquierda deseosa de demostrar a los poderosos que ha roto
con su lejano pasado "antisistema" y se ha convertido en “respetable".
Es el escenario clásico en que el mando efectivo la ejerce la jerarquía
... y los políticos, cínicos y al mismo tiempo pardillos, se empeñan
para justificarlo todo - con la sensación de no hacer nunca bastante.
La reactivación de los grupos fascistas exigirá vigilancia, movilización
y unidad de acción. Ya vemos cuál será el papel de la policía, que
sólo actuará contra estos grupos si ve que la respuesta de los movimientos
sociales y la izquierda más combativa gana fuerza, determinación y
popularidad. Y ya vemos, ante estos hechos tan graves, qué urgencia
hay a reorganizar y fortalecer la corriente anticapitalista ...
















