Por G. Buster
La captura de Sadam Hussein no ha cambiado la tendencia de la situación iraquí. El país se desintegra política y socialmente mientras los EEUU no consiguen acabar de poner en funcionamiento la exportación de petróleo. Cuando se avecinan las elecciones en los EEUU, el apoyo ciudadano a la ocupación continúa descendiendo y la administración Bush está entrampada al quedar al descubierto la falacia de sus argumentos para justificar la guerra, al tiempo que aborda difíciles negociaciones con la ONU y los chiítas.
La captura de Sadam no cambia la tendencia de la situación iraquí
La captura de Sadam Husein el pasado mes de diciembre no ha permitido un cambio de tendencia en la situación iraqui, como esperaba la Administración Bush. Los ataques de la resistencia siguen aumentando, no solamente por el número de victimas que causan, sino por carácter de sus objetivos. Más de 500 soldados de EE UU han muerto ya en Iraq y la falta de seguridad impide el funcionamiento de la economía petrolera y la consolidación de la administración provisional iraqui.
El país sigue desintegrándose política y socialmente, cada vez más lejos de ser ese “modelo de democracia para Oriente Medio” que prometió Bush. La administración ocupante de Paul Bremen intenta poner en funcionamiento la exportación de petróleo para financiar su presencia en el país y pagar los contratos de las grandes compañías internacionales que intentan mantener minimamente las infraestructuras. El resto, es un mercado negro cada vez más controlado por las mafias, en estrecha relación con las bandas armadas que controlan las fronteras y carreteras de Iraq, cuando no el corazón mismo del bazar de Bagdad. La falta de legitimidad se ha convertido de manera patente en una carencia de estado y en una crisis de la hegemonía de EE UU en la región.
Elecciones en EE UU. Sigue descendiendo el apoyo ciudadano a la ocupación
El proyecto de reconstrucción política de Iraq bajo control de EE UU esta cada vez más condicionado no ya a la situación interna sino al calendario de las elecciones presidenciales en EE UU. Bush necesita cuanto antes desplazar el eje de la campaña del balance de su política en Oriente Medio a la recuperación de la economía de EE UU. El apoyo a la presencia de tropas norteamericanas en Iraq sigue descendiendo -ahora está al borde del 50%-, a pesar de la captura de Sadam Husein. El avance de Kerry como probable candidato en relación con Dean puede hacer que la campaña del Partido Demócrata no se construya tanto sobre la base de intentar rentabilizar el rechazo de la guerra como en buscar una salida rápida de la misma, pero la erosión y la presión sobre la estrategia de Bush continúan creciendo en EE UU.
Los argumentos de Bush se demuestran falsos
Todos los argumentos de la Administración Bush para justificar su intervención en Iraq han demostrado ser falsos. La existencia de armas de destrucción masiva en Iraq ha sido desmentida por el propio jefe de los inspectores de armas de EE UU, David Kay, que después de haber realizado un “85% del trabajo” así lo ha declarado ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, para dimitir a continuación. Las pretendidas conexiones de Sadam Husein con Al Qaeda y los atentados del 11 de Septiembre -que fueron defendidas con especial ardor por el Vicepresidente Cheney- han obligado a Condoleezza Rize, la Consejera de Seguridad Nacional, a reconocer que “hay diferencias entre lo que sabíamos antes de la guerra y lo que hemos encontrado allí”. Kay, en su declaración ante el Senado, pidió una investigación independiente para aclarar de una vez por todas estas cuestiones, que afectan directamente a los altos a cargos de la Administración Bush, ligados por intereses económicos a las empresas que han obtenido los contratos para la “reconstrucción” de Iraq.
Tony Blair, el eslabón débil, pierde popularidad de manera importante
El eslabón más débil de esta cadena de erosión interna sigue siendo Tony Blair. Su creciente debilidad en el Nuevo Partido Laborista por sus políticas neoliberales se ha combinado con el informe Hutton sobre las causas del suicidio del experto y asesor ministerial en armas de destrucción masivas David Nelly. El informe Hutton, que debía concluir sobre la veracidad de las noticias de la BBC, no tenia que pronunciarse directamente sobre las responsabilidades de Blair y le ha dado un breve respiro político. Pero las encuestas de opinión muestran una caída importante de popularidad, que será aprovechada por Brown a la menor oportunidad para poner en cuestión el liderazgo de Blair en el Partido Laborista, sobre todo si las próximas elecciones regionales y europeas traducen en votos las importantes movilizaciones contra la guerra en Gran Bretaña.
¿Elecciones en Iraq? EEUU intenta negociar con los chiítas
La situación interna iraqui deja poco margen a la Administración Bush. No se trata ya solo de imponer unas condiciones mínimas de seguridad frente a los ataques de la resistencia iraqui. La mayoría chiíta del país, bajo la dirección del Gran Ayatolá Al Sistani, se está convirtiendo el mayor obstáculo a los planes de Bremer de poner en pie una administración pro-norteamericana capaz de permitir una retirada sustancial de las tropas de EE UU. Ese obstáculo se basa en una fatwa de Sistani que exige “un hombre un voto” y la convocatoria inmediata de elecciones legislativas en Iraq para la constitución de un gobierno provisional. Decenas de miles de personas se han manifestado en todo Iraq para defender el fin del régimen de ocupación y el retorno de la soberanía a los iraquies.
Pero esta exigencia de elecciones democráticas en Iraq implica un gobierno mayoritario chiíta y el cuestionamiento de la hegemonía de EE UU en el país y en todo Oriente Medio. Paul Bremen intenta ahora convencer a Sistani y a la mayoría chiíta que las elecciones democráticas son imposibles y que el Gobierno provisional debe comenzar a reconstruir su legitimidad mediante la cooptación de los caciques y las mafias locales y ha llamado en su ayuda para convencer a Sistani a Kofi Annan y Naciones Unidas.
Peticiones imposibles a la ONU
Una misión de la ONU debe establecer, según Bremer, que no existen condiciones para celebrar elecciones en Iraq. Y al mismo tiempo, Bush pide a Kofi Annan que la ONU se responsabilice de esta situación implicándose directamente en la gestión de la ocupación de acuerdo con las directrices de Washington. La petición es imposible y Annan sigue excusándose en la falta de seguridad -para no hablar de un proyecto político real- para no enviar de nuevo a los funcionarios de la ONU a Bagdad después del terrible atentado que sufrieron. En cualquier caso, EE UU ya ha tenido que conceder que habrá elecciones en marzo del 2005 para la Comisión Constitucional y elecciones legislativas antes del fin de ese año. Lo que esta en disputa con la mayoría chiíta es la legitimidad del propio gobierno provisional de aquí a esa fecha.
Lucha por el control de los pozos petroleros de Kirkuk
A la resistencia armada suni y la resistencia de masas chiíta hay que sumar el conflicto en el norte del país por el control de la ciudad de Kirkuk y sus pozos de petróleo, que son determinantes para la solución a medio plazo de la cuestión nacional kurda. Tanto el PUK de Talabani como el PDK de Barzani han apoyado la ocupación para construir su propio poder y exigir una solución federal en el nuevo Iraq. Kirkuk fue la capital histórica del Kurdistan iraqui y su petróleo la base económica de la reconstrucción nacional kurda. Sadam Husein “arabizó” la ciudad en los años 80, expulsando hacia el norte a cerca de 250.000 kurdos, en una campaña que causó otras 150.000 víctimas. Hoy Kirkuk es un campo de batalla entre los kurdos retornados y la población árabe y turcomana de la ciudad, con una amenaza de intervención permanente turca con la excusa de la lucha contra el PKK.
Retirada de las tropas y elecciones democráticas
La inestabilidad política y la crisis de seguridad de la ocupación están convirtiendo Iraq en un problema irresoluble para EE UU y su proyecto hegemónico en Oriente Medio. En este marco, la exigencia de la retirada de las tropas de ocupación, incluido las españolas, y la convocatoria inmediata de elecciones democráticas deben ser las dos reivindicaciones centrales del movimiento anti-guerra en todo el mundo, que volverá a salir a la calle el próximo 20 de marzo convocado por el Foro Social Mundial.




















