La Democracia y el Chapapote
ecología | Galiza

Por Dani Fernández


Más de un año después del accidente del Prestige el control institucional de la información oculta la realidad de sus efectos, al tiempo que los partidos institucionales parecen haberse olvidado del chapapote al no obtener réditos electorales. Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, ha surgido un nuevo activismo ciudadano en Galiza.

Hace más de un año del accidente del Prestige, y uno sigue viendo chapapote mire donde mire, y no hablo de los fondos marinos, que según la Universidade de A Coruña están destrozados, sino de la situación política de un país donde un movimiento como Nunca Máis ha sido un arma arrogadiza entre todos los partidos de la política gallega.

Control institucional de la información

El chapapote inunda todo el aparato institucional que controla la Xunta de Galiza, donde la mentira difundida por los medios de comunicación oficialistas (no debemos olvidar que la tele, la prensa y la radio gallega vive fundamental del dinero que les da la Xunta) se convierte en una realidad paralela capaz de ocultar, sobre todo en el resto del Reino de España, el descenso en la actividad pesquera, las previsibles dificultades de regeneración de el fondo marino, etc. Cualquier información que contradice la visión oficial es tachada de infundada, parcial y antigallega, incluída la que proviene de instituciones como la Universidade de A Coruña, que ya hemos mencionado. Evidentemente, toda información que provenga de la plataforma Nunca Máis, es tachada de tendenciosa.

Los partidos institucionales olvidan el chapapote

Pero todos los partidos políticos con representación en el Parlamento Gallego, cuando vieron que el movimiento Nunca Máis no les proporcionaba los réditos electorales esperados, se olvidaron de las reinvidicaciones de la plataforma, hasta ese momento básicas, y comenzó una patética lucha por lograr controlar las pequeñas cuotas de poder que se escapaban al control del PP, el chapapote se extendía por toda la oposición parlamentaria, especialmente en el Concello de Vigo y en la Diputación de A Coruña, donde los partidos políticos gallegos mostraron lo que son, máquinas nacidas por y para el cargo. El chapapote tiene la incrible cualidad de pringar todo lo que toca, y la realidad política gallega es el mejor reflejo de ello.

Así, nos quedamos la gente que fuimos marginados de Nunca Máis, ya que la maquinaría de los partidos hacía imposible cualquier participación ciudadana, es decir, Nunca Máis dejo de ser la plataforma de autoorganización para convertirse en reuniones ejecutivas donde la capacidad de hacer de los grupos primaba sobre el potencial de autoorganización que la ciudadanía había demostrado. Lo que se pudo montar a pesar de la Xunta de Galiza se desmontó gracias a los partidos de la oposición, y los partidos de la oposición continúan si saber porque Nunca Máis no les proporciono votos, el chapapote también tiene la cualidad de tapar los oídos.

Surge un nuevo activismo ciudadano

Puede parecer que se está pintando una situación pesimista y negativa cuando es todo lo contrario, ya que muchas personas (siempre menos de las deseables) están aprendiendo a crear áreas democráticas y participativas ajenas a cualquier organización institucionalizada y promoviendo nuevas formas de activismo ciudadano, las cuales ya no son tan interesantes para los partidos, porque ponen en evidencia al gobierno y muestran todas las incapacidades de la oposición para recoger unos intereses distintos a los suyos propios.

El chapapote se ha extendido por toda la vida política gallega, pero al igual que los voluntarios limpiaron las costas sin que nadie les diriguiera, muchas iniciativas están regenrando la democracia en Galiza, y eso no sale en las teles del gobierno, ni en los análisis de la oposición ni tiene reflejo en las instituciones del país.

Nunca Máis es el catalizador de una nueva forma de entender la política, sobre todo entre la gente más joven, que con el esfuerzo de tod@s puede abrir las puertas a una política libre de chapapote, porque viéndoles a todos igual de sucios ya no sabe uno si la oposición es gobierno o si el gobierno es oposición, porque el chapapote a todos hace igual.