El proceso
bolivariano se enfrentó el 2 de Diciembre ante una prueba de
fuerza. El Presidente venezolano Hugo Chávez promovía una amplia reforma
constitucional con aspectos contradictorios en su forma y contenido
pero que, en su conjunto, representaban un claro avance respecto al
texto anterior. Cuestiones como el reconocimiento del derecho a voto
a partir de los 16 años, la prohibición de los monopolios privados
o el latifundio, la eliminación de la autonomía del Banco Central
(algo que ha servido en todos los países para aplicar las políticas
monetaristas) o la extensión de los derechos en materia de seguridad
social, eran medidas que sin duda no pueden dejar ajenos a aquellos
que miramos el mundo con el corazón cargado de optimismo. Eso no quiere
decir que podamos estar de acuerdo con todos los artículos, en particular
con los referentes a la eliminación de los límites de mandato y a
la concentración de poderes en manos del Presidente. Pero hay que reconocer
que en un continente herido por el neoliberalismo, esa propuesta, globalmente,
estaba cargada de esperanza.
Y no es de
extrañar, por ello mismo, la campaña mediática impresionante de todos
los medios oficiales, venezolanos y extranjeros, que siguen temiendo
que el ejemplo venezolano se extienda y han construído un clima pregolpista
desde hace unos meses, tal y como lo hicieran allá por el 2002.
La derrota
de la propuesta de reforma constitucional deja a la revolución bolivariana
ante un escenario complicado pero también ante una oportunidad para
mirarse en el espejo y reconocer los errores estratégicos y tácticos,
y por supuesto para precisar más la ambigua propuesta de socialismo
del siglo XXI.
El resultado
electoral refleja sin duda el hartazgo de algunos sectores que han venido
apoyando el proceso, y que lejos de irse a la oposisición, se han sumado
a las filas del abstencionismo. La oposición no logra subir de los
4 millones y medio de votantes, a pesar de la campaña mediática interna
y externa. La abstención ha sido pues la que ha dirimido el resultado
final, facilitando el débil triunfo de la oposición.
Sin embargo,
el hecho más peligroso es que el resultado sí favorece cierta recomposición
política de la derecha golpista y proimperialista, que hasta hace poco
tiempo estaba desorientada y desmoralizada tras las sucesivas derrotas
en las urnas y en las calles. Desde estas páginas advertimos alguna
vez que la revolución no podía quedarse a medias y que todo tiempo,
espacio y poder que se le diera a la burguesía venezolana y al imperialismo
para rearmarse y reorganizarse pondría en peligro la revolución bolivariana
y todos los avances con ella conseguidos.
Aún así la
inmensa fuerza y el apoyo popular acumulado estos años serán
derrotados con facilidad, y es ahí donde es necesario recomenzar. Se
trata de ilusionar y hacer efectivas las demandas reales de la clase
trabajadora y el pueblo pobre venezolano. Y para ello el socialismo
tiene que dejar de convertirse en retórica para pasar a los hechos.
La revolución
bolivariana tiene dos retos. El primero es que la revolución debe construirse
desde abajo sin tutelas ni paternalismos. Así es como se construye
una correlación de fuerzas favorable. Una y otra vez la dirigencia
mayoritaria del chavismo ha intentado reconducir todas las experiencias
de autorganización de las masas dentro del aparato. Y ponemos como
ejemplo la injerencia dentro del debate del sindicato UNT.
El otro es
el necesario avance en poner los medios de producción en manos de la
clase trabajadora y dejar de hacer equilibrios con las burguesías nacionales
e internacionales y con la burocracia que desde dentro del proceso sigue
parasitando los réditos electorales del chavismo.
La revolución
o se profundiza o será derrotada y éste es un momento importante para
que los revolucionarios disputen una franja mayoritaria dentro del campo
bolivariano frente a reformistas y burócratas. Desde luego eso sólo
puede hacerse desde la lealtad al proceso abierto por las luchas populares
y no como los sectores de izquierda más sectarios han querido realizar,
favoreciendo el No o la abstención. De una derrota es difícil construir
una relación de fuerzas favorable a los revolucionarios.
Desde aquí apoyamos a los compañeros, como los agrupados en torno a la revista Marea Clasista y Socialista, que hacen una lectura similar y que pueden volcar de nuevo el proceso a favor de los trabajadores y del pueblo pobre. De momento la revolución no ha avanzado, pero sólo de momento.
















