Retos para el movimiento antifascista ante las nuevas agresiones
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Pedro Aranda - ERA

Las movilizaciones antifascistas realizadas normalmente en fechas cercanas al 20-N, en respuesta a los actos fascistas que pretenden homenajear al dictador, han tenido este año una especial importancia por el trágico contexto en que se han realizado. Carlos, un joven vallekano de 16 años fue asesinado a manos de un militar profesional, que acudía a una manifestación convocada por el grupo de extrema derecha DN contra los trabajadores inmigrantes. La extrema derecha se siente en estos momentos fortalecida, mimada por las instituciones y puede difundir su propaganda al calor de las movilizaciones homófonas, catolicistas y españolistas lanzadas por el PP y su correa de transmisión, la AVT.

La rápida respuesta en numerosas ciudades con convocatorias espontáneas de manifestaciones a través de grupos organizados y/o redes informales, consiguió desenmascarar lo que los medios de comunicación de masas ya venían planteando desde pocos minutos después del asesinato: que se trataba de un choque entre bandas juveniles rivales. Estas movilizaciones consiguieron imponer la verdad a esos medios: se trataba de un asesinato de carácter político. Un fascista ataca a un joven que pretende denunciar la manifestación xenófoba que se desarrolla en un barrio de Madrid, de trabajadores nativos e inmigrantes.

Días más tarde se desarrollaron manifestaciones y otras iniciativas en diversas ciudades a lo largo del todo el Estado español. Pudimos presenciar dos fenómenos paralelos: Por un lado, la reactivación urgente del movimiento antifascista cuando era más necesario que nunca, para denunciar este crimen, para demostrar que las calles son para l@s que luchan para la justicia social y no para los fascistas, y para exigir a las instituciones que no hagan la “vista gorda” con el crecimiento de la actividad violenta de estos grupos, ni jueguen a una falsa neutralidad. Fueron las movilizaciones unitarias las que mostraron ser más efectivas para lanzar el mensaje y evitar caer en las trampas represivas.

Por el otro lado, una represión mediática y gubernamental, intentando promover la manipuladora idea de que fascistas y antifascistas no son más que extremos que se tocan. Y enviando a los policías a reprimir manifestaciones de rechazo por el asesinato de este joven, como si los manifestantes fueran los criminales. Y al mismo tiempo se permitía el desarrollo de otras actividades en la calle de grupúsculos de extrema derecha… con custodia policial… ¡El gobierno poniendo escoltas a los que promueven asesinatos de carácter político y xenófobo y prohibiendo manifestaciones antifascistas como la histórica del 24-N en Madrid!

Como conclusión provisional, se impone la unidad de los movimientos sociales y las diferentes organizaciones de la izquierda para luchar contra un monstruo que pisa fuerte en Europa, el neofascismo, y frente al cual debemos actuar con la mayor inteligencia y eficacia, puesto que no podemos olvidar que estos movimientos son los grupos de choque del capitalismo. Y cuanto más facilidades tengan para organizarse, más peligro habrá de que sean usados por los intereses patronales en la crisis económicas y conflictos sociales que están por venir con la profundización neoliberal de la Unión Europea y la precarización general de la vida.

Si el fascismo no es más que un movimiento promovido desde las esferas de poder para destruir las organizaciones de la clase obrera y generar miedo en sus filas, nuestro deber no es otro que intentar llevar la causa del antifascismo a las organizaciones de masas de la izquierda. Si bien es un a tarea doblemente difícil por la despolitización general y la fortaleza de las burocracias sindicales y políticas, tampoco podemos contentarnos con quedarnos en un movimiento antifascista identificable con un sector de la juventud radicalizada, porque de este modo el fascismo nos gana la mano. Pues si bien varios miles de personas desafiaron heroicamente la represión en Madrid el 24-N y pudieron realizar el necesario homenaje a Carlos, no debemos olvidar que ese mismo día la AVT conseguía convocar a decenas de miles. Necesitamos articular movimientos de masas que reviertan la hegemonía de la derecha institucional y parainstitucional, el principal caldo de cultivo para el desarrollo de la propaganda de los grupúsculos de extrema derecha.

Por último, es de destacar la vergonzosa actuación de un Estado como el español que permite que la fanática AVT y el entramado mediático derechista dicte cuáles son los muertos por violencia “buenos” e “importantes”, y cuáles los de segunda categoría. En esta última ellos dejan a Carlos, asesinado por el fascismo, o a los trabajadores asesinados por la patronal en accidentes evitables.

¡Carlos hermano, nosotr@s no olvidamos!