A la hora de ver la relación de partidos y movimientos sociales es importante diferenciar las estrategias básicas de ambos. IU buscaría alcanzar mayores cuotas de poder político como elemento para la transformación social. Los movimientos sociales trabajaríamos más desde la perspectiva de crear autoorganización social transformadora. En IU la transformación vendría “desde arriba”, mientras que en los movimientos sociales sería “desde abajo”. Aunque esto no es, ni mucho menos, un absoluto.
Pero estas estrategias básicas hacia el cambio social se desdibujan en muchos casos. De esta forma, IU no debería ser un fin en sí misma, es decir, que debería entenderse como una posible herramienta de una transformación más colectiva. Así el objetivo de IU no tendría que ser tomar el poder (o cotas del mismo), sino abrir la puerta a transformaciones sociales emancipadoras. Del mismo modo que el objetivo de un colectivo social no debería ser crecer, sino facilitar la creación de redes sociales. Desgraciadamente esto no es la norma ni desde el lado de IU ni del de muchos colectivos sociales.
Otros mimbres
IU no debería ser un partido más. No
debería ser vista como una organización
que busca los votos en periodo
electoral y si te he visto no me acuerdo.
Los planteamientos estratégicos
que supeditan casi todo a aumentar
el número de votos se parecen demasiado
a los del PSOE o el PP. Creo
que IU no debería trabajar para gobernar,
ya que la fuerza social que
aglutinamos las gentes de la izquierda
no da para esos mimbres. Debería
aspirar a poder presionar al máximo
al poder hacia la izquierda desde el
planteamiento de que vivimos en un
desastre social y ambiental. Y esa
presión no es únicamente a través de
su fuerza parlamentaria a nivel legislativo,
también lo es abriendo puertas
al trabajo de los movimientos sociales,
por ejemplo.
Hoy por hoy, ya que no tenemos fuerza para gestionar más que pequeñas cotas de poder, creo que deberíamos aprovechar esa limitación y desplegar toda la utopía de nuestro discurso sin caer en el juego de gestionar lo que planteamos que es ingestionable bajo parámetros de solidaridad, libertad, equidad y armonía con el entorno. Por poner un ejemplo, no está ayudando mucho la gestión ambiental del Ayuntamiento de Córdoba, la perla gobernada por IU desde hace años, a que entendamos la coalición como aliada cuando toma el poder, aunque esa gestión fuera debida al limitado margen de maniobra con que el consistorio cuenta.
Por el lado de los movimientos sociales también es verdad que muchas veces nos regodeamos demasiado estando dos palmos por encima del suelo sin mojarnos nada en esa gestión de la realidad. Indudablemente para los movimientos sociales una debacle de IU en las próximas elecciones generales significaría la pérdida de una herramienta para nuestras luchas que, en muchos casos, ha resultado muy útil.
¿Qué pasaría si no existiese IU? Pasaría que, por ejemplo, no tendríamos una vía directa de información y de posible influencia en las iniciativas legislativas parlamentarias; que no habría un interlocutor institucional para presionar ante las, cada día más habituales, ilegalizaciones de actos; que no habría presión parlamentaria para influir en un (tímido) giro de izquierdas a las políticas del Gobierno; o que, al no poder ser asumidas por una fuerza con representación parlamentaria, varias de nuestras iniciativas se quedarían en el ámbito de lo percibido como marginal por la mayoría de la sociedad.
En todo caso, esa posible debacle, desde mi punto de vista, debería ser interpretada en parte como que IU ya no empujaría claramente en la misma dirección que los movimientos sociales y, por lo tanto, las gentes que los integran no votarían a la coalición. Si no se perciben las dos orillas estatales de antaño (el PP y el PSOE por un lado e IU por otro) la necesidad de IU se desdibuja. Desde IU se podría plantear que los movimientos sociales, en “pago” a los servicios prestados o, en el mejor de los casos, para maximizar estas herramientas que antes nombraba, deberían promover el voto para IU. Desde mi punto de vista, si sectores de los movimientos sociales consideran que efectivamente el fortalecimiento de IU es importante, serán ellos mismos los que tomen la decisión de votar a la coalición. Es como si en Ecologistas en Acción, en cada plataforma a la que invitamos a participar a otros colectivos y personas, les sugiriésemos que tienen que hacerse soci@s nuestr@s. Lo que cada cual quiera dar (los votos, el dinero o el tiempo) a otras organizaciones no se puede pedir.
Reticencias
Finalmente, lo que se hace hacia
dentro es tan importante como lo
que se hace hacia afuera. ¿Cómo
puede proponer con credibilidad IU
una sociedad distinta basada en el
consenso o, por lo menos, la democracia
de las mayorías, cuando las
puñaladas internas están a la orden
del día? De este modo no sorprende
que cuando nos relacionamos desde
los movimientos sociales con IU lo
hagamos desde una posición reticente
en muchos casos ya que sus actitudes
en casa se han repetido demasiadas
veces fuera de ella. Pero es
más, este tipo de actitudes le resta
mucha credibilidad a la coalición de
cara a entender que estamos empujando
hacia lo mismo. Desde los movimientos
sociales se ha producido
un importante esfuerzo durante estos
últimos años por democratizar
nuestras relaciones y nuestro funcionamiento.
Un esfuerzo que todavía
es insuficiente pero que contrasta
con cómo se comporta IU internamente
y cuando entra en relación
con los movimientos sociales.
Para concluir, creo imprescindible una regeneración de un proyecto partidista estatal de la izquierda radical con representación parlamentaria, sea IU u otro. Una regeneración hacia adentro, en su relación con los movimientos sociales y en su relación con el resto de la sociedad. Una regeneración de este tipo incluso podría conseguir que quienes no votamos pensásemos en hacerlo, ya que lo que pudiese conseguir este partido compensaría la legitimación del sistema con nuestro voto.