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Ante las elecciones generales del 9 de marzo

Publicado el 25/02/2008 - 19:02

Declaración de Espacio Alternativo

I

La legislatura que ahora concluye se ha desarrollado durante una fase económica expansiva, basada en la construcción y en la contención salarial, en continuidad con la etapa de gobierno del PP y que ha motivado un proceso de depredación del territorio y de los recursos energéticos e hídricos. Sin embargo, este ciclo económico está tocando a su fin, tanto por las turbulencias financieras procedentes de Estados Unidos como por las propias debilidades internas de este modelo de desarrollo. Esto puede comportar una recesión en toda la regla y un periodo marcado por crecientes contradicciones sociales.

A pesar de la asunción por parte del gobierno Zapatero de algunas medidas reivindicadas por las luchas del período anterior –retorno de las tropas de Irak, ley de matrimonios homosexuales, ley de igualdad–, éste ha cedido repetidamente ante las movilizaciones del PP y ha aplicado una política económica neoliberal y continuista. Así lo demuestran los recientes presupuestos generales para 2008, aprobados con superávit. En estos cuatro años, la iniciativa en la calle ha quedado en manos de las derechas, que se han movilizado en defensa de su santa trinidad reaccionaria: “Dios, patria y familia”. Su acción decidida ha contribuido a truncar el proceso de paz negociada en Euskadi, ha empujado al PSOE a ahogar más si cabe las reformas estatutarias y ha puesto fin a la tan necesaria “segunda transición”.

También ha presionado en defensa de la enseñanza religiosa y privada frente a la laica y pública y ha intentado bloquear todas aquellas reformas democráticas profundas que se pudiesen oponer a la concepción católica de la familia, como la ley de matrimonios homosexuales. El último episodio de esta ofensiva reaccionaria es la cruzada contra los derechos reproductivos de las mujeres.

Si a la situación de descomposición interna de IU se le añade la desmovilización provocada por las direcciones del sindicalismo mayoritario y la gran dispersión de las luchas sindicales combativas y de las resistencias sociales en general, se entiende que el escenario no haya sido muy propicio para la izquierda alternativa. Pero en estos momentos empiezan a aparecer luchas que plantean reivindicaciones ofensivas, como la de la limpieza del Metro de Madrid o la de los Transportes Metropolitanos de Barcelona y que pueden marcar un punto de inflexión para un nuevo periodo de movilización social.

II

La política del PSOE durante la última parte de la legislatura ha estado marcada por el final del proceso de paz en Euskadi y la vuelta a un escenario represivo de ataques contra la izquierda abertzale, en el cual se suceden ilegalizaciones y enjuiciamientos, al tiempo que se practica la tortura. La presión que el PP y sus organizaciones satélites, con la AVT del inefable Alcaraz a la cabeza, han ejercido mediante las manifestaciones de calle y los medios de comunicación afines, ha surtido efecto, contribuyendo decisivamente al fracaso del proceso de paz. Pero la responsabilidad del PSOE y del Gobierno en el fracaso del proceso es evidente, ya que no aplicaron medidas de distensión, como el acercamiento de presos, en un momento en el que importantes sectores de la izquierda abertzale estaban dispuestos a dar pasos efectivos para el fin definitivo de la violencia.

Los atentados posteriores, que incluso causaron víctimas mortales, y la ruptura de la tregua por parte de ETA, no han hecho más que contribuir a la vuelta un escenario muy propicio para la derecha: ni por razones políticas ni, aún más, por razones éticas podemos legitimar los atentados de ETA, que debería dar un paso atrás y poner fin definitivamente la violencia armada, dejando en manos de la izquierda abertzale la solución política del conflicto vasco.   

Pero la escalada represiva del Gobierno y del Poder Judicial contra todo lo que esté en el “umbral” de Batasuna y la suspensión de fuerzas políticas como ANV y EHAK son ataques contra las libertades que profundizan la instauración de un “Derecho Penal del enemigo”. Se tiende así  a extender cada vez más la categoría de “terroristas” a un número creciente de ciudadanos y ciudadanas por el mero hecho de compartir los objetivos defendidos por aquellas organizaciones armadas que son calificadas como tales.     

Las rebajas de los impuestos de sucesiones y sociedades prometidas por Zapatero profundizarán aún más el signo neoliberal de su gobierno, tan notorio que llega a ser alabado incluso por gente como el banquero Botín. La fuerte subida de los precios y la contención del consumo no han ido acompañadas de medidas que favorezcan a la clase trabajadora y todo parece indicar que la incipiente crisis económica se va a cebar con los más desfavorecidos. El gobierno del PSOE tampoco ha demostrado disposición alguna para acabar con la dificultad que para acceder a una vivienda digna tienen cientos de miles de personas. Ninguna medida de choque aparece en su programa y todo lo más que se propone es una política de subvenciones sobre la compra de vivienda o de abaratamiento de suelo, cuyos máximos beneficiarios serían los promotores inmobiliarios, necesitados de sacar al mercado el ingente stock de casas vacías que empiezan a tener. El programa socialista tampoco recoge la ampliación del derecho al aborto, ni mediante una ley de plazos, ni mediante un cuarto supuesto, defraudando una vez más las legítimas demandas del movimiento feminista.  

Por lo tanto, pocas esperanzas podemos tener en que una segunda legislatura de ZP vaya a traer medidas positivas para las y los trabajadores y para aquella gente que lucha por un mundo ecológicamente sostenible y antipatriarcal.  

III

La oposición del Partido Popular ha seguido las pautas de una “derecha de combate”, con una lucha de calle sostenida. El PP se ha convertido en la expresión política de los sectores más reaccionarios de la sociedad española, con los obispos a la cabeza. Su acoso al Gobierno ha sido constante desde el primer día de la legislatura, primero con la teoría de la conspiración sobre el 11-M, luego con las movilizaciones contra el matrimonio homosexual para proseguir con la campaña contra el diálogo entre el Gobierno y ETA. En todas ellas ha contado con organizaciones satélites que han actuado como ariete, destacando entre todas una AVT de notables perfiles ultraderechistas.

La táctica utilizada por el PP ha perseguido los objetivos de mantener cohesionada a la propia base social tras la derrota electoral del 2004 e ir, al tiempo, minando la confianza de los apoyos del PSOE. Para conseguirlo se ha hecho uso de una intensa movilización callejera y de un persistente bombardeo mediático. Las propuestas programáticas estrella del PP son un buen resumen de toda su acción política: contrato de “españolidad” para inmigrantes y expulsión de todos los sin papeles, prohibición de las adopciones a las parejas homosexuales y rebaja de la edad penal a 12 años. Por eso no es extraño que partidos de la extrema derecha europea, como el Vlaams Belang belga o el Frente Nacional francés, consideren que el PP “es el único partido de derecha que queda en Europa”. Además, la aplicación de las políticas neoliberales en aquellos sitios donde gobierna el PP son especialmente duras. Ejemplos como la privatización encubierta de la Sanidad en Madrid, donde el gobierno de Esperanza Aguirre intenta criminalizar a todo aquel que la defienda, o la política urbanística desenfrenada en la Comunidad Valenciana o Murcia hacen del PP una fuerza de la derecha dura no solo en las costumbres y usos sociales sino también en la gestión económica del “consenso” neoliberal.

Una victoria electoral del PP significaría, por tanto, un mayor endurecimiento de las políticas neoliberales, antiecológicas y de restricción de libertades en curso y es sentida como un peligro por toda la izquierda social y política. Desde la izquierda anticapitalista no podemos ser insensibles ante esta realidad. La derrota en las urnas de la derecha es, por tanto, un objetivo que consideramos necesario.  

IV

Pero las herramientas de las cuales disponemos en la izquierda de la izquierda no están a la altura necesaria para afrontar los retos de la situación actual. IU ha dilapidado durante estos últimos años el poco capital político que le quedaba como referente de la izquierda alternativa. Su orientación política, influyente y exigente con el gobierno en palabras de Llamazares, ha tenido muy poco de lo primero y nada de lo segundo. Y más que todos los discursos y los programas cuenta el uso que han hecho de sus votos durante la legislatura, especialmente mediante el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado del déficit cero e incluso del superávit, durante los cuatro años de gobierno ZP. Pero no sólo han apoyado la norma por excelencia de la gestión gubernamental sino también leyes que entraban en abierta contradicción con el propio espíritu fundacional de IU como la Ley de Defensa Nacional, la LOU, la LOE y la Ley de la Memoria Histórica. Su conversión en un partido electoral-profesional completamente alejado de las luchas reales se ha certificado y las consecuencias en su vida interna ya son más que evidentes.

La exclusión de la dirección federal de los sectores críticos, la forma de elaborar las candidaturas en la mayoría de las federaciones, así como la grave crisis provocada por la cúpula de la organización, que ha terminado con la escisión de un sector afín a Llamazares en el País Valenciá, han dejado claro que la democracia que IU pide para las instituciones y para la sociedad no la aplica en su propia casa. Esta es una contradicción insalvable para una organización que se declara de la izquierda transformadora.

La involución hacia la derecha de IU ha motivado que la propuesta estrella que estos días anuncian sus portavoces consista en formar parte del “área de gobierno” y gestionar un Ministerio. Este tipo de planteamientos, además de desmovilizar al electorado más convencido, provocan el efecto contrario al deseado: acrecientan el voto útil. IU ha perdido la credibilidad para presentarse como una fuerza leal con los movimientos sociales y para encarnar las aspiraciones de cambio radical de la población más activa.

En este escenario van a tener lugar las Elecciones Generales de Marzo. Entendemos que mucha gente de izquierdas y de los movimientos va a usar su voto no como un apoyo al partido por el que opte sino como un medio para que no gobierne el PP.

A pesar de lo anterior, es preciso señalar que el voto al PSOE es el voto a un partido cuya trayectoria de gobierno, pasada, presente y, según todos los indicios, futura, demuestra su subordinación a los poderes establecidos, en especial al económico. Por tanto, no consideramos que el voto a este partido sea una opción posible para la izquierda alternativa.

El voto a IU puede ser la opción empleada por amplios sectores de la izquierda ya que, al no haber otras alternativas mejores y creíbles a su izquierda, aparece como una posibilidad de derrotar a la derecha sin tener que votar a Zapatero. Nos parece legítimo este proceder pero no podemos hacernos ninguna ilusión con respecto a su utilidad futura en términos de políticas realmente alternativas: parece evidente que IU entregaría todo su programa a cambio de un Ministerio.

También, habrá quién opte por el voto a opciones nacionalistas de izquierdas pero éstas tampoco encarnan una opción de ruptura con el neoliberalismo y el actual marco Constitucional, sino que practican una política de acompañamiento de las políticas actuales.

Habrá también gente que acuda a votar en blanco o nulo o quienes opten por la abstención activa, que puede ser especialmente significativa en Euskadi por la petición realizada en este sentido por ANV ante la suspensión de su candidatura. Finalmente, algunos optarán por la abstención desencantada. Esta opción expresa un desánimo comprensible con la izquierda parlamentaria existente, pero sólo permite expresar impotencia y resignación sin perspectiva de salida. Resulta evidente que el vacío de alternativa política es tan grande y la decepción con los partidos de izquierda tan enorme, que el descontento puede adoptar formas variadas.

No obstante, aunque somos conscientes de las tremendas limitaciones de todas las opciones electorales de izquierdas presentes en estos momentos, nos reafirmamos en la idea antes expuesta de la necesidad de frenar a la derecha en las urnas, evitando posturas abstencionistas y de desistimiento que puedan favorecer al PP sin por ello tener que apoyar el proyecto social-liberal que representa el PSOE.

V

Pero, por encima de la opción de voto que tome cada cual, lo más importante es reforzar las incipientes luchas que empiezan a aparecer por todas partes: en Catalunya las de las empresas SEAT, FRAPE o el TMB o la huelga general del 14-M en la Enseñanza, en Asturias las que combaten la represión contra Cándido y Morala, en Madrid la que ha supuesto la reciente victoria de los y las trabajadoras de la limpieza del Metro, y en todo el estado las luchas que se desarrollan por la vivienda digna y contra la especulación inmobiliaria, por los derechos de l@s inmigrantes, por la defensa del derecho a decidir de las mujeres sobre su propio cuerpo y contra la ofensiva de la Iglesia en las movilizaciones del 8 de marzo, contra el cambio climático y las refinerías y centrales térmicas, por los derechos del colectivos LGTB, etc.

Hay que partir de la centralidad de la movilización para ir reconstruyendo a diario y desde abajo una alternativa política de la izquierda anticapitalista y alternativa que pueda estar presente en las elecciones y sea solidaria con la gente que resiste cada día. Trabajando para ello, vamos a editar un programa con medidas anticapitalistas para frenar a la derecha y a sus políticas en la calle y en las urnas con el objetivo de precisar las propuestas de EA durante esta campaña electoral, aquellas que debería aplicar una real "izquierda de combate". ¡Es tiempo de organizar la respuesta desde las luchas para construir una izquierda anticapitalista!

 

www.espacioalternativo.org
25 de Febrero de 2008

 


Fuente:
http://www.espacioalternativo.org/node/2630