Cinco años después de la ocupación de Irak
editorial

¡¡Es preciso recuperar el espíritu de las grandes movilizaciones contra la guerra!!


EDITORIAL

Cinco años después del inicio de la guerra y de la ocupación de Irak por las fuerzas de la Coalición liderada por los EE.UU. el balance no puede ser más desastroso. El país se encuentra completamente devastado: los cálculos de gente civil muerta durante el conflicto dan la aterradora cifra de 1.200.000 fallecimientos, el número de personas refugiadas desplazadas fuera de sus hogares sube a más de 2 millones, alrededor de unos 30.000 iraquíes se encuentran encarcelados en condiciones infrahumanas y la aplicación de la tortura está al orden del día. Las escuadras de mercenarios juegan un papel importante en la represión, al tiempo que éstas y el ejército invasor se hallan al amparo de legislaciones que les permiten actuar sin ningún temor al castigo. Las infraestructuras sanitarias, educativas y de suministro de alimentos están destruidas, las enfermedades y el hambre torturan a la población...

La ocupación ha potenciado el enfrentamiento sectario entre las diferentes etnias de Irak, los atentados mortales, los secuestros y el vandalismo de todo tipo. La superestructura política levantada por impulso de los EE.UU. no es sino una falsa fachada de democracia, rota internamente por la corrupción, los odios sectarios y la manipulación política de los invasores.

Este es el precio que se está haciendo pagar al pueblo iraquí para garantizar el control de los EE.UU. y de sus aliados occidentales sobre la zona, al tiempo que las compañías petroleras norteamericanas y británicas acaparan todos los recursos energéticos. Pero también las grandes constructoras y la industria del armamento se están enriqueciendo a marcha acelerada, amasando con sangre sus ganancias. Toda la inversión hecha en Irak no repercute en forma alguna en beneficio de la población: el petróleo queda en manos de las multinacionales que obtienen contratos de saqueo, la "reconstrucción" del país se lleva a cabo de manera fraudulenta con obras de mala calidad, mientras las nuevas bases militares se edifican con gran sofisticación técnica.

La "guerra contra el terrorismo internacional" de Bush, se manifiesta ahora con total crudeza como una "guerra por el beneficio de las multinacionales y del capitalismo neoliberal global". Sus consecuencias no son sólo locales: la ideología y las actividades del integrismo islámico se han visto reforzadas por la guerra y ocupación de Irak, creando una situación que justifica en los países occidentales el recorte de las libertades democráticas y extiende la sombra de la sospecha sobre la población inmigrante de origen musulmán. El racismo de los gobiernos israelíes golpea al pueblo palestino, favoreciendo aventuras militares como la frustrada ocupación del Líbano y el cruel sitio en torno a Gaza. La precariedad de la situación militar y política en Irak está empujando también al gobierno de Bush a una salida hacia adelante en la que no es descartable una intervención militar contra Irán.

Ante este panorama desolador es preciso recuperar el espíritu de las movilizaciones mundiales del 15-F del 2003, cuando unos 5 millones de personas salieron a la calle en todo el mundo para decir "No a la guerra". Se ha de hacer exigiendo la retirada inmediata de las tropas de ocupación de Irak y de la región, el final del control económico, el pago de reparaciones y la apertura de investigaciones por los crímenes de guerra causados a la población iraquí.

El movimiento antiguerra debe dar su total apoyo al pueblo de Irak, que está en su legítimo derecho a resistirse a la ocupación. La solidaridad con el pueblo de Irak y el establecimiento de lazos y conexiones con los movimientos contra la ocupación norteamericana en Oriente Medio son hoy más necesarios que nunca. Se debe denunciar y combatir igualmente la masacre continuada a que se ven sometidos los pueblos palestino y libanés por parte del gobierno israelí, embravecido por la presencia de las fuerzas de ocupación en la zona, y prevenir sobre posibles agresiones futuras contra  Irán o Siria.

Es imprescindible continuar con la coordinación del movimiento antiguerra a nivel mundial, avanzando hacia otras formas de lucha que vayan más allá del días de Acción Global: desobediencia civil, boicot a los productos norteamericanos e israelíes, denuncia de las bases norteamericanas y organización de acciones y marchas para exigir su cierre...

En el Estado español se ha de poner de relieve las contradicciones en política exterior y de defensa del gobierno Zapatero- aumento de las tropas en Afganistán, Haití y Congo, aumento del presupuestos militares, revitalización del ejército, Ley Orgánica de Defensa Nacional -y de cualquier otro gobierno que lo pueda suceder tras las elecciones del 9-M, continuando o dando mayor impulso a tales prácticas belicistas. Se deben reforzar las alianzas del movimiento antiguerra con otros actores sociales y hacer de la lucha contra la guerra y el militarismo un elemento clave en el combate contra la globalización neoliberal.

Revolta Global y Espacio Alternativo se comprometen a trabajar en la dirección mencionada y a hacer todo lo posible para que las movilizaciones previstas para el próximo día 15 de marzo de Acción Global sean un éxito.