Sylviane Dahan
"El proletariado no podrá llegar a emanciparse completamente sin haber conquistado la libertad completa para las mujeres" Lenin
Últimamente, podemos observar una notable degradación de la situación de las mujeres en los países capitalistas desarrollados. Se cuestiona nuestra autonomía material (precariedad laboral, privatizaciones de servicios públicos, tráfico de seres humanos, prostitución...), así como la libertad reproductiva (el derecho al aborto no existe para todas... y, si formalmente está, no siempre se aplica...), bajo las fuertes presiones de una derecha conservadora y de los integrismos religiosos que ponen el acento en los valores familiares.
La autonomía material, cuestionada
Uno de los principales avances/logros del feminismo fue el de poner en evidencia la autonomía de las mujeres, tanto a nivel material como personal o simbólico. "Una mujer sin hombre es como un pez sin bicicleta". Este eslogan mostraba la absurdidad de definir a las mujeres como seres dependientes de otros seres. Lo que hicieron fue reivindicar un trabajo remunerado; se trataba de un acceso individual al dinero y a las coberturas sociales, como garantía de la autonomía personal. Las transformaciones del mercado del trabajo y de las políticas públicas, con el impacto de la mundialización neoliberal, atacan esta autonomía conquistada duramente y, de hecho, recientemente.
En los países del antiguo bloque soviético, el paro masivo se ha producido a causa del desmantelamiento de las estructuras del Estado y la desaparición del trabajo garantizado. En los países de Europa y América, es el momento de la precariedad, la flexibilidad y la "moda" del tiempo parcial. El trabajo, cuando existe, es cada vez menos una garantía de autonomía financiera. Y no hablemos del Tercer Mundo...donde las protecciones sociales casi ni existen.
Las mujeres son víctimas del cuestionamiento del Estado social:
- Como trabajadoras del sector público, con la degradación de las condiciones de trabajo, privatización, compresión de personal... o la desaparición del trabajo mismo.
- Como beneficiarias de los programas sociales, lo que dificulta la conciliación entre responsabilidad familiar y trabajo remunerado.
- Como sustitutas de los servicios públicos, las mujeres tienen que cuidar a las personas dependientes (niños, gente mayor, personas discapacitadas o enfermas).
Además, la mundialización ha desarrollado considerablemente la movilidad internacional de la mano de obra doméstica, principalmente de las mujeres. Este sector se sitúa en una zona gris, conjugando salario, tráfico, servidumbre y, a veces, esclavitud sexual.
La autonomía personal, cuestionada
Los derechos a la contracepción y al aborto, elementos decisivos en la autonomía de las mujeres, en la medida que permiten disociar de manera permanente "mujeres" y "madres", están en peligro en numerosos países (España, Polonia, Irlanda, Chipre, Lituania...) con la movilización de la iglesia católica. En EUA, las iglesias protestantes reciben ayuda de las autoridades políticas federales y locales.
Los modelos familiares cambian y la situación de las mujeres también. Pero el Estado no se ha adaptado, no propone trabajo y vivienda decentes, y la madre monoparental lo tiene difícil. No es extraño que, en estas condiciones, reaparezcan los defensores de los verdaderos “valores familiares”.
Para las inmigradas, la reunificación familiar acentúa su dependencia porque, muy a menudo, la posibilidad de estancia legal está ligada al marido o padre.
Hemos tenido que esperar a la guerra en la antigua Yugoslavia para que la violación sea reconocida como crimen de guerra, cuando los testimonios prueban que "eso" se practica desde la Guerra de Troya...
El avance de los conservadurismos religiosos tiene como finalidad mantener a las mujeres en posición de sumisión y dentro de una estricta delimitación de roles femeninos y masculinos. Estos roles se definen como complementarios, heterosexuales y, sobre todo, jerarquizados. Además, la ley divina y la ley natural se confunden para asignar un rol para mujeres y un rol para hombres.
El desarrollo de las resistencias de las mujeres
Las mujeres no se quedan pasivas ante estos ataques. La globalización de la ofensiva contra las mujeres ha permitido –de la misma manera- la globalización de las resistencias, como la Marcha Mundial de Mujeres. La participación de las mujeres en los movimientos altermundialistas originó transformaciones decisivas en el mundo asociativo o sindical, y propició la circulación de informaciones y la creación de importantes redes que permiten a las mujeres no permanecer aisladas. Numerosas mujeres, organizadas o no, luchan contra las violencias, por la equidad salarial, por los servicios públicos de calidad, luchan contra las expulsiones de inmigrantes, por la igualdad…
Es la amplitud de estas resistencias lo que ha impedido mayores retrocesos en muchos países, lo que ha encendido la esperanza de otro mundo posible y ha conseguido mejorar la vida cotidiana de muchas mujeres...
Pero en el último periodo, el movimiento de las mujeres también se ha institucionalizado (y en parte paralizado). Algunas, habiendo alcanzado posiciones más privilegiadas, tenían la ilusión de que, por fin, se habían "liberado". Sin embargo, las desigualdades entre hombres y mujeres no desaparecen como resultado de una evolución "natural" de las sociedades posmodernas occidentales, ni tampoco necesariamente lo harán por etapas: primero la revolución y, después, la igualdad.
Las relaciones sociales de género se recomponen y se combinan con otras relaciones de dominación, de clase e, incluso, con vínculos de pertenencia étnica. Hoy en día, las mujeres continúan asumiendo el 80% del trabajo doméstico; se acepta la idea (inducida por el neoliberalismo) según la cual, la prostitución podría ser un trabajo libremente elegido; las desigualdades salariales y materiales se agravan... Las mujeres son objeto de violencias en todos los ámbitos sociales y, particularmente, las mujeres recién llegadas sin papeles. Y, por descontado, el colectivo femenino se ve marginado de la vida política. He aquí la realidad.
Las mujeres tienen que pasar a la ofensiva
Las luchas de las mujeres tienen un fermento revolucionario. Las organizaciones que quieren realmente acabar con el sistema capitalista tendrán que reconocer esta enorme potencialidad de cambio para toda la sociedad. No habrá una guerra de sexos. No nos equivocaremos de enemigo. Tiene que haber una lucha conjunta y simultánea contra el capitalismo y el patriarcado.
Así pues, tenemos que ayudar a las mujeres a reconocer que son víctimas de una opresión de raíz patriarcal y de clase y, por lo tanto, discriminadas. Tenemos que animarlas a entrar en la vida colectiva a través de movimientos sociales, a devenir sujetos políticos, espoleándolas en la lucha por una sociedad igualitaria y, favoreciendo, a cada paso, su autoorganización como condición para conquistar plena autonomía y libertad. Y como condición indispensable para que otro mundo sea posible.
He aquí el reto de las confrontaciones sociales y políticas que hoy tenemos planteadas, y a las que nos vemos abocadas una nueva generación de mujeres.




















