Turbulencias

Robert Brenner (Against the Current)

La actual crisis puede transformarse en la más devastadora desde la Gran Depresión. Manifiesta problemas profundos en la economía real que han sido disimulados durante décadas por medio del endeudamiento y una escasez financiera en el corto plazo de una profundidad nunca vista desde la segunda guerra mundial. El alza histórica de los mercados financieros en los años 1980, 90, y 2000 sólo distrajo la atención del debilitamiento de largo plazo de las economías capitalistas avanzadas.

Causas profundas de la actual crisis

La caída del dinamismo económico del mundo capitalista avanzado está arraigada en un descenso de la rentabilidad, causado en primer lugar por una tendencia crónica a la sobrecapacidad en el sector manufacturero, que data de fines de los años 1960 y principios de los 70. Con la reducción de la rentabilidad, las firmas tuvieron menores ganancias para ampliar sus plantas e instalaciones y menores incentivos para expandirse.

La prolongada ralentización de la acumulación de capital, la contención de los salarios para restaurar tasas de rendimiento y los recortes del gobierno en el gasto social para reforzar las ganancias han provocado una caída en el crecimiento de las inversiones, el consumo y la demanda del gobierno, y por lo tanto en el crecimiento de la demanda de conjunto. La debilidad de la demanda agregada, consecuencia en última instancia de la reducción de la rentabilidad, ha constituido la principal barrera al crecimiento de las economías capitalistas avanzadas.

Para contrarrestar la persistente debilidad de la demanda agregada y estimular la economía, los gobiernos han tenido que emitir volúmenes cada vez mayores de deuda, a través de canales cada vez más barrocos. Durante los 70 y 80, se vieron obligados a incurrir en déficits públicos cada vez mayores para sostener el crecimiento. Esto mantuvo la economía relativamente estable, pero los déficits también la llevaron al estancamiento.

Del recorte de presupuesto a la burbuja económica

A principios de los años 90, en Estados Unidos y Europa, los gobiernos que se guiaban por el pensamiento neoliberal buscaron superar el estancamiento tratando de equilibrar los presupuestos. Este cambio dramático tuvo un efecto retroactivo radical.

Con una rentabilidad aun no recuperada, la reducción del déficit, a través del equilibrio del presupuesto, significó un gran golpe a la demanda agregada provocando recesiones devastadoras en Europa y Japón durante la primera mitad de los 90. Estados Unidos tuvo que recurrir a formas de estímulo más poderosas y riesgosas para contrarrestar la tendencia al estancamiento, reemplazar el déficit público del keynesianismo tradicional con el déficit privado y la inflación de los activos; una burbuja económica.

En el gran ascenso del mercado de valores de la década de 1990, las corporaciones y los hogares ricos vieron expandirse masivamente su riqueza en dinero. Pudieron embarcarse en un aumento récord de endeudamiento sosteniendo una poderosa expansión de la inversión y el consumo. El boom de la “nueva economía” fue la expresión directa de la burbuja histórica del precio de las acciones de los años 1995-2000. Pero como los precios de las acciones subieron a pesar de la caída de la tasa de ganancia y como las nuevas inversiones exacerbaron la sobrecapacidad industrial, eso aseguró la caída de la bolsa y la recesión de 2000-2001, deprimiendo la rentabilidad en el sector no financiero a su nivel más bajo desde 1980.

Greenspan y la Reserva Federal, ayudados por otros Bancos Centrales, contrarrestaron el nuevo ciclo descendente con otra ronda de inflación de los precios de los activos, y esto ha sido esencialmente lo que nos trajo a donde estamos hoy. Al reducir a cero las tasas de interés a corto plazo por tres años, facilitaron una explosión sin precedentes del endeudamiento de los hogares, que contribuyó y alimentó la subida de los precios de las viviendas y la riqueza doméstica.

La burbuja inmobiliaria mundial entre 2000 y 2005 fue la mayor de todos los tiempos. Esto hizo posible un aumento sostenido del gasto de consumo y de la inversión residencial que dan cuenta del 90 al 100% del crecimiento del PBI de Estados Unidos en los primeros cinco años del actual ciclo económico. El incremento de la demanda consumista respaldada con deuda y el crédito excesivamente barato revivieron la economía norteamericana y alimentaron lo que parecía ser una impresionante expansión económica global.

Brutal ofensiva corporativa

Greenspan y la Fed inflaron la burbuja inmobiliaria para dar tiempo a las corporaciones a desembarazarse de su exceso de capital y retomar la inversión. Pero éstas se centraron en restaurar la tasa de ganancias sobre todo por medio del recorte radical en los empleos, manteniendo bajos los salarios y extrayendo más producción por persona, apropiándose así de una porción del crecimiento del sector no financiero del PIB sin precedentes.

Pero esta restauración de la tasa de ganancias basada en la elevación de la tasa de explotación de los trabajadores arrojaba dudas sobre cuánto tiempo podía continuar. Por otro lado, un recorte del empleo, inversión y salario repercutió en un menor crecimiento de la demanda agregada, socavando el propio incentivo para expandirse.

Simultáneamente, las firmas buscaron explotar el bajo coste de los préstamos para mejorar su posición y la de sus accionistas por la vía de la manipulación financiera liquidando sus deudas y dividendos, comprando sus propias acciones para subir su valor, particularmente en la forma de una enorme oleada de fusiones y adquisiciones.

El estallido de las burbujas

El límite es que, en Estados Unidos y el mundo capitalista avanzado desde el año 2000, hemos visto el crecimiento más lento de la economía real desde la segunda guerra mundial y la mayor expansión de la economía financiera en la historia de Estados Unidos. No es necesario un marxista para decir que esto no puede continuar.

El ciclo ascendente está ahora revirtiéndose. El peligro subyacente es que los hogares norteamericanos, al ya no poder “ahorrar” a través de la elevación del valor de sus viviendas, comiencen rápidamente a ahorrar elevando la tasa de ahorro personal, que ahora está en su nivel más bajo, haciendo caer el consumo. Conscientes de estos efectos en el poder de compra de los consumidores, las firmas recortaron la incorporación de personal, y el crecimiento del empleo cayó significativamente desde principios de 2007. Gracias a la crisis inmobiliaria y a la desaceleración del empleo, ya en el segundo trimestre de 2007, el flujo total real de dinero a los hogares, que había aumentado a una tasa anual de alrededor del 4,4% en 2005 y 2006, había caído hasta casi cero.

El desastre de los préstamos sub-prime, o de alto riesgo, que surgió como una extensión de la burbuja financiera, está complicando en gran medida el ciclo declinante, haciéndolo muy peligroso. Los mecanismos que ligan los préstamos hipotecarios inescrupulosos a una escala titánica, un elevadísimo número de ejecuciones de incautación de viviendas por falta de pago, el colapso del mercado de títulos financieros respaldado por hipotecas sub-prime y la crisis de los grandes bancos que directamente tenían esas cantidades de títulos, requieren una discusión aparte.

Se puede decir a modo de conclusión que la economía enfrenta la perspectiva, no vista en el período de posguerra, de un congelamiento del crédito en el mismo momento en que se está deslizando a una recesión y que los gobiernos enfrentan un problema de una dificultad sin precedentes para evitar este resultado.