Hacía tiempo que
en el ERA teníamos la sensación de que caminábamos casi con una
delimitada inercia, con acuerdos de síntesis implícitas elaboradas más
al calor de la práctica y de nuestras experiencias en el conflicto
social, que sobre una base de discusión estratégica y teórica común.
Nuestro proyecto de partido, como catalizador del mismo conflicto y
como programa revolucionario, venía dado más por el acervo recogido por
otros en los que nos referenciábamos, la IV internacional
fundamentalmente, que por nuestra propia elaboración y síntesis
colectiva.
Se hacía necesario un primer congreso por dos motivos. Uno para encuadrarnos en el debate de carácter congresual, llamados encuentros, del Espacio Alternativo, donde se iba a realizar un gran salto cualitativo y en el que se recogía la necesidad de la reestructuración orgánica para acercarnos a un proyecto político que estuviese a la altura de los retos de la izquierda revolucionaria. El segundo motivo era sancionar algún tipo de reflexión colectiva sobre los principios políticos de una organización de la izquierda combativa.
Entre los documentos del congreso del ERA, éste que os presentamos aquí, el llamado “una organización revolucionaria en el corazón del movimiento” es fruto del segundo motivo. Podría ser un texto de debate o de formación para no hacer un documento excesivamente teórico o ideológico en un congreso. Es cierto. Pero era sabido que también íbamos a debatir en el Encuentro de EA sobre las líneas reales de intervención, sobre los ejes de la ofensiva neoliberal y las necesidades del movimiento. También es un texto mejorable. Es cierto, no lo ocultamos, pero su gran valor y fuerza reside en que todos los militantes del ERA hemos debatido sobre qué principios políticos rigen una organización de la clase y para la clase. Hemos tratado de huir del doble dogmatismo que o bien afirma que todo ha cambiado y que las aportaciones de las experiencias del movimiento obrero no sirven para nada o bien de aquellos que nos aconsejan que no hay nada novedoso que estudiar en la relación entre una organización política y la clase. Hemos tratado de comenzar afirmando que formamos parte de un hilo rojo cuya aportación, debate y experiencia no empieza ni acaba con nosotros. Siempre partimos, seguramente, de un punto medio. Y partimos del hecho de que este documento recoge hipótesis para andar de manera colectiva y no verdades absolutas. Tememos más el no avanzar hacia ningún lado, en tiempos demasiado oscuros para no arriesgar en ninguna dirección, que en equivocarnos. Sin establecer ningún rumbo estratégico una organización política pierde su sentido.
Nuestro documento recoge como puntos necesarios para una izquierda que quiere ser rupturista la necesidad de la centralidad política; la democracia interna; nuestra vocación internacionalista; la necesidad de construir una organización militante y de cuadros frente a las organizaciones de afiliados; y también de educarnos en el conflicto social, allí donde debemos sumergirnos para reconstruir un sujeto de cambio capaz de doblegar a las clases dominantes. Por último hacemos una reflexión, que enriquece nuestra identidad de clase y revolucionaria. Una reflexión que no puede ser abordada desde los parámetros reduccionista del obrerismo, que devalúan a la clase trabajadora como sujeto histórico ,en lugar de dotarle de una mayor capacidad emancipadora. Esta reflexión tiene que ver con nuestra identidad y nuestros principios feministas, por un lado, y ecologistas del otro.
Por último decimos que no es una hoja de ruta para reconstruir la clase obrera, pero es una declaración de principios políticos sin los cuales creemos que será muy difícil construir un proyecto.
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