- ¿Hasta qué punto el actual sistema capitalista determina nuestras pautas de consumo?
Totalmente porque fomenta el consumo masivo de productos que no
necesitamos. Un modelo especialmente impactante en el sector
alimentario que provoca un consumo equivalente a tres planetas tierra y
que pone en peligro la supervivencia del medio y de las respectivas
comunidades.
- ¿Cómo contribuyen los estados a esta dinámica depredadora? - ¿En qué paradigmas tendría que basarse el nuevo modelo de consumo? - Ante esto, ¿cuál tiene que ser el papel de la ciudadanía? - ¿Hace falta tener actitudes responsables?
Algunos de los principales culpables son las corporaciones
transnacionales, pero las élites políticas y económicas tampoco aplican
las legislaciones adecuadas para ponerles freno. Contráriamente, su
práctica hace seguidismo de los intereses del libre mercado y no tiene
en cuenta los enormes perjuicios que éste ocasiona en la salud y el
bienestar de las personas y de los pueblos.
Por un lado, tiene que garantizarse el derecho fundamental a la
alimentación y, del otro, la soberanía alimentaria. Es decir, que cada
comunidad pueda controlar sus recursos naturales para cubrir las
necesidades de su población y que ésta no esté en manos de
multinacionales que extraen y comercializan productos básicos a
terceros países.
Tomar conciencia de los efectos perniciosos de este modelo y optar por
comprar en establecimientos de comercio justo, participar en
cooperativas de consumo y organizarse políticamente para incidir en un
cambio de modelo.
No únicamente. También, como consumidores debemos defender una
alimentación sana, respetuosa con los productores locales y que no
provenga de cultivos transgénicos, que no esté modificada genéticamente.
*Entrevista realizada por Àlex Romaguera para El Triangle, nº 858.
Entrevista a Esther Vivas