Editorial
Los resultados de las elecciones generales del pasado 9 de marzo han mostrado con claridad la involución hacia la derecha que se ha producido en el escenario político del Estado español en los últimos cuatro años.
En el transcurso de la campaña electoral la iniciativa política ha vuelto a estar en manos del PP, que ha marcado los contenidos y ritmos de los debates, en particular en lo referente a inmigración, tema en el cual su intensa propaganda xenófoba apenas ha encontrado oposición por parte del PSOE. Como ha sucedido durante toda la pasada legislatura, los socialistas retrocedieron apocadamente ante los ataques de la derecha, incapaces de hacerles frente. Este comportamiento pusilánime demuestra hasta qué punto el PSOE se encuentra atrapado en el pantano ideológico neoliberal y se ha convertido ya en una característica de su hacer, que a buen seguro se verá acentuada en la nueva legislatura.
Pero también la política represiva desarrollada en Euskadi, de la cual el PSOE ha hecho gala y se ha ufanado repetidamente en campaña, y las proclamas neoliberales de un ministro Solbes convertido en estrella, indican sin ningún tipo de dudas el camino que seguirá el nuevo gobierno socialista.
Las bases electorales del PSOE se han vuelto a movilizar ante el temor de una posible victoria del PP, al tiempo que se producía un transvase de votos “útiles” desde otras formaciones situadas a su izquierda, todo lo cual ha permitido una nueva victoria de los socialistas. Pero, a pesar de ésta, el PSOE se ha estancado en número de votos, mientras que el PP ha obtenido la recompensa de 400.000 nuevos sufragios. A todo lo anterior se le ha de añadir el fuerte retroceso experimentado por IU y ERC y la aparición, con 300.000 votos, de la españolista UPyD.
Cambio de panorama
Como resultado de estas elecciones el PSOE volverá a gobernar, pero lo hará en unas condiciones muy diferentes a las de la constitución del primer gobierno de Zapatero: en ausencia de movilizaciones sociales importantes de izquierdas y progresistas, frente a una derecha crecida y belicosa que ha sido capaz de ocupar la calle durante toda la legislatura anterior y que posee una base social muy amplia y sin el “contrapeso” parlamentario que suponían IU y ERC anteriormente.
Además, la desaceleración económica ya empieza a dejar sentir sus efectos, que seguramente irán en siendo más palpables en los próximos años. Todas estas dificultades añadidas, junto con la trayectoria ya conocida del anterior gobierno de Zapatero, así como los posibles pactos con CiU y el PNV, hacen que sea muy previsible una política gubernamental aun más escorada hacia la derecha que la anterior, más antidemocrática y represiva, y más “austera” en todo lo referente al gasto público y a los beneficios que de él pueda obtener la gente trabajadora.
El importante retroceso electoral de IU ha sido causado sólo en parte por la presión del voto “útil” hacia el PSOE. Existen otros motivos que permiten explicar la magnitud de lo ocurrido: en primer lugar, la supeditación reiterada de IU a la política del PSOE ha difuminado el perfil propio de esta organización, convirtiéndola en muchos momentos, a los ojos de la ciudadanía, en una mala copia “izquierdista” del PSOE. Además, esta imagen se ha visto reforzada por el gran interés manifestado por la dirección de Gaspar Llamazares en formar parte de un gobierno de coalición con los socialistas.
Pero el proceso de crisis de IU viene ya de tiempo atrás. En él ha tenido una gran influencia la pervivencia en su seno de una tradición política y organizativa que ha facilitado el desarrollo de sucesivas batallas internas que han convertido la organización en lugar poco habitable, desencantando a antigua gente militante e impidiendo la incorporación de nueva y el relevo generacional. Muy desconectada de los movimientos sociales, IU ha ido avanzando así progresivamente en su proceso de transformación en partido de corte institucional y en su adaptación a las políticas neoliberales impulsadas por el PSOE.
La derrota de IU, junto con la de ERC, significa la marginación institucional de las alternativas situadas a la izquierda del PSOE y acentúa el proceso de bipolarización PSOE-PP, que no es otra cosa que un proceso de derechización política.
Labor de reconstrucción
Ante este panorama se hace todavía más necesario trabajar para reconstruir una verdadera izquierda anticapitalista y de combate, que busque organizar a los sectores populares contra las políticas neoliberales y que pueda convertirse en una alternativa a la izquierda institucional.
No existen sin embargo atajos ni fórmulas de alquimia política que permitan acelerar un proceso de tales características, que no puede consistir ni en un nuevo intento de regeneración de una IU casi hundida por completo, ni en un agrupamiento de siglas de distintas organizaciones. Éste proceso ha de pasar necesariamente por el desarrollo de movimientos de lucha y de resistencia social, a partir de los cuales sectores de la clase trabajadora y activistas de los diferentes movimientos comprendan la necesidad de construir una nueva organización de izquierda anticapitalista y se muestren dispuestos a acometer dicha tarea. En ella deberán encontrarse, sin duda, con organizaciones ya existentes a la izquierda del PSOE y con los sectores más honestos y combativos de IU.
Espacio Alternativo considera que en estos momentos su propio crecimiento y construcción es de gran utilidad de cara a propiciar la vertebración de una potente organización de izquierda anticapitalista. Espacio Alternativo se compromete a trabajar de manera decidida en el apoyo e impulso de las luchas y en el desarrollo de firmes posiciones de izquierda anticapitalista en el seno de los movimientos, para poder alcanzar cuanto antes este objetivo.
















