Lluís Rabell
Las elecciones municipales celebradas el 9 y el 16 de marzo han supuesto una primera derrota política para Sarkozy y su gobierno. Pero, si las urnas han reflejado el creciente descontento popular ante la degradación de la realidad social dando a la izquierda moderada la alcaldía de las principales ciudades del país, importaba también esta vez medir la respuesta del electorado al discurso y las propuestas de la izquierda anticapitalista.
Nuestros compañeros y compañeras de la Liga comunista revolucionaria presentaban 200 listas – en solitario o en coalición con otros agrupamientos militantes -, cubriendo prácticamente todas las ciudades de más de 30.000 habitantes. Los resultados han sido los mejores de toda la historia de la LCR. En 114 localidades, estas listas han superado la barrera del 5 %, mientras que en 34 de ellas superaban el 10 %. Así pues, desde la primera vuelta, las candidaturas presentadas o promovidas por la LCR ontenían la elección de 74 concejales. (Poco más de treinta había obtenido la Liga en los anteriores comicios locales).
Según la vigente ley electoral, mayoritaria a dos vueltas, si ninguna candidatura alcanza la mayoría en la primera convocatoria, las listas que rebasan el tope del 10 % de los sufragios expresados pueden seguir en liza. La ley prevé igualmente la posibilidad que las candidaturas que hubiesen superado el 5 % de apoyo electoral estén presentes en la segunda vuelta, a condición de fusionar con otra lista. Tal era el caso de las candidaturas de nuestros compañeros y compañeras en 80 localidades. Por eso, la LCR había propuesto al PS y al PCF un acuerdo de “fusión técnica” de cara a esa segunda vuelta: es decir, la constitución de listas unitarias de izquierdas de representación proporcional de sus distintas fuerzas que permitiesen atraer al conjunto de los votos populares contra la derecha; pero que, al mismo tiempo, respetasen la independencia política de los candidatos y candidatas anticapitalistas. (Quienes, en caso de elección, sólo se comprometían a votar aquellas medidas que considerasen favorables a la población, pero sin integrarse en el gobierno municipal, ni aprobar de antemano sus presupuestos).
La dirección nacional del PS dio consigna de rechazar tales fusiones técnicas, prefiriendo asumir el riesgo de quebrar una dinámica unitaria y acabar dando la victoria a la derecha, como ocurrió en localidades tan significativas como Nancy o Agen. La dirección del PCF, por su parte, rompió también las negociaciones en Choisy-le-Roi o en Saint-Denis, en la periferia de París. Muy al contrario, el PS – arrastrando en algunos casos al PCF por ese camino – buscó insistentemente acuerdos con el partido liberal “centrista” de François Bayrou.
En esas condiciones, la LCR mantuvo en competición toda una serie de listas y, en términos generales, llamó a “derrotar a la derecha”, pero sin adelantar ninguna consigna explícita de voto. Como lo explicaba Olivier Besancenot en el transcurso de una rueda de prensa previa a la segunda vuelta: “La dirección del PS quiere nuestros votos, pero no desea la presencia de nuestros y nuestras representantes en los consejos municipales. Nosotros no jugamos a la política de “cuanto peor, mejor”. Es la dirección socialista quien asume la responsabilidad de desmovilizar a una parte del electorado, que tiene motivos para sentirse despreciado. Si quieren los votos de la gente que nos ha brindado su apoyo, que vayan ellos mismos a convencerla.”
Esa firmeza – basada en un programa de defensa de los servicios públicos, del derecho a una vivienda digna y de la solidaridad con los colectivos más desfavorecidos frente a las políticas privatizadoras de la derecha y de la izquierda social-liberal – ha sido entendida y bien acogida por el electorado. Las listas promovidas por la LCR han confirmado – o incluso mejorado – los excelentes resultados obtenidos el 9 de marzo: es el caso de Saint-Nazaire (donde se pasó del 12’2 % al 17’69 %), de Clermont-Ferrand (del 13’81 % al 15’34 %) o de Cavaillon (del 11’46 % al 14’31 %).
Finalmente, el número de electos y electas ha sido de 99. Unos cincuenta pertenecen a la LCR. Veinte son miembros del PCF que, en algunas localidades, ha visto a sus secciones declararse en disidencia frente a la dirección nacional. También hay militantes de la izquierda alternativa, así como algunos compañeros y compañeras críticos de Lutte Ouvrière (LO había rehusado cualquier acuerdo con la LCR, prefiriendo la unidad con el PS y el PCF desde la primera vuelta; táctica que se ha revelado como un fracaso) e incluso del Partido de los trabajadores (lambertista). He aquí unos resultados y unas alianzas militantes que constituyen todo un espaldarazo a la lucha por un nuevo partido anticapitalista.




















