Pepe Gutiérrez-Álvarez / Kaos en la Red
De una forma u otra, en las últimas semanas, me encuentro con el asunto de la República un poco por todas partes. De entrada con el “dossier” que publica El Viejo Topo en su último número, el 2008… Repaso mis últimas semanas y me encuentro con el tema de la República un poco por todas partes. Levanto la vista y en mi mesa se agolpan algunos ejemplares plenamente relacionado.
Aquí tengo la Crónica General de la Guerra Civil, una “Antología de artículos de prensa” recopilados por María Teresa León, que habla de ellas en su Memoria de la melancolía, y que recoge de forma enaltecedora treinta escritores y articulistas, y la lista es larga: Antonio Machado, Sender, Alberti, Cernuda, Gil-Albert, etcétera, una obra que está editada por Renacimiento de Sevilla cuya colección España sigo con el mayor interés. Debajo distingo algunos de los que ha publicado la Universidad de Valencia, todo un esfuerzo por recuperar una memoria que en la capital del Turia parece que ha adquirido todavía más densidad y trascendencia que en otros lugares por el peso que ha llegado a adquirir el beaterío y la derecha.
Entre las diversas invitaciones que tenido el gusto de recibir, tengo que señalar la efectuada por Miguel Riera para que respondiera al cuestionario previsto para el citado número, y a al que respondí con mi habilidad característica en este maldito asunto de los ordenadores con los que tan mal me llevo, y con tanto éxito que a Miguel le llegó vacío. Bueno, la verdad es que mi ausencia es igual a la de tantos otros que tenían algo que decir a las tres preguntas:
1. ¿Crees que ha llegado el momento de iniciar el camino hacia la proclamación de la III República? ¿Por qué?
2. Si crees que sí ¿qué pasos habría que empezar a dar para ello?
3. En ese caso, ¿qué propuestas efectuaría usted para fortalecer el movimiento republicano?
El lector encontrará respuestas de Javier Parra, Lidia Falcón, Joseph Ferrer Llop, Guillermo Lusa, Julo Anguita, Pascual Serrano, Jaume d´ Urgell, Rosa Regás, Antonio Romero Ruiz, Isaac Rosa, Santiago Alba Rico, Bernat Muniesa, Alejandro Montiel, Miguel Candel, Salvador López Arnal, Higini Polo, José Manuel Roca, La Puri, Antonio García Vila, Mari Paz Balibrea, Antonio Santamaría, Miguel Romero, Joaquín Miras, Ramón Serrano, Juan-Ramón Capella, José Luis Martín Ramos, Irene Castells, Manuel Fernández Cuesta, María toledano, Félix Ovejero…Sería muy arduo entrar en los muchos acuerdos y en los pocos desacuerdos, y básicamente…
Siempre he creído que la monarquía es un régimen que me convierte en súbdito, y en ésta que tenemos entiendo que es fruto de una componenda con el franquismo que subsistió en el aparato de Estado, y en las limitaciones de las libertades conquistadas, limitaciones debidamente subrayadas con los ruidos de sables y el 23-F de tal manera que se ha llegado a hacer creer al pueblo que “menos mal que tenemos el rey”. Una buena amiga bastante de izquierdas cree que el rey está más en la onda del PSOE que en la del PP, pero yo creo que es más bien el PSOE el que está en la onda de su majestad, asumiendo el papel de la izquierda que lleva a cabo lo que la derecha no se atreve a hacer. Así pues, creo que el camino hacia la República nunca ha dejado de estar vigente desde el momento en que he apostado por la ruptura con el franquismo y con una democracia de baja intensidad en la que el rey no gobierna pero marca línea. Una línea que pasa por el enriqueceos como sea, y todos por la senda del dinero, y yo el primero.
Pero el problema en el fondo siempre ha sido el mismo, el de la correlación de fuerzas. Desde que el rey se deshizo de Arias Navarro y diseñó con sus buenos asesores norteamericanos, la línea de la Reforma Política cuyo lema podría traducirse como sigue: entramos por la vuestra (las libertades) pero salimos con la nuestra (libertades mientras que afecten a lo fundamental, dicha correlación se fue declinando a favor de la Reforma en contra de la Ruptura, y lo que se justificó ¿sobre todo vía PCE, pero no solo? Como un paso atrás para avanzar mejor después, se convirtió en una desmovilización permanente cuyos a cuyos últimos vestigios estamos asistiendo…La ruina de la izquierda antifranquista no ha podido ser más concluyente, aunque si echamos el ojo a Italia, parece que todavía nos queda un colmo por cubrir. El final del proyecto llamado eurocomunista, el largo camino por las instituciones, no ha podido resaltar más devastador.
Desde la perspectiva de quien le pone el cascabel al gato, la verdad es que hay que hacer un acopio especial de voluntad. Y esto ha aparecido claro en la presentación del ciclo que sobre Cine y República hemos organizado en Roquetes del Garraf, un barrio que queda colindando con Vilanova i la Geltrú pero que pertenece a Sant Pere de Ribes donde las izquierdas (PSOE, CUP, ERC, IC-EUiA) no han mostrado ningún interés en celebrar el 14 de abril. El ciclo comenzó el pasado viernes con un animado forum entorno a Las Hurdes. Tierra sin pan, el “documental” que Buñuel ofreció a la España de 1932 como una bofetada al rostro de los conformistas (tan bien representados por el insigne Dr. Marañón), y que marcaría un antes y un después en la zona. Curiosamente la copia estaba en francés subtitulada en castellano, lo que resulta más significativo de lo que pueda parecer. Aproveché la ocasión para comentar que es bastante posible que Buñuel resulta más conocido en las escuelas francesas que en las de por aquí. Después de dar unas vueltas sobre un pasado agrario no tan lejano, el debate se fue hacia la República, naturalmente en contraste con el franquismo y con la monarquía…
Y como es ya tradición entre los veteranos, y dada la escasa representación juvenil (un muchacho que era el que había contribuido desde el ordenador a que el ciclo funcionara como antes había funcionado el de Cine y Andalucía), la discusión evolucionó hacia la apatía generalizada de la juventud, algo que se hacía notar especialmente en estas barriadas formadas por el aluvión de la emigración del sur…Como suele ocurrir en estos casos, se comenzó por lo particular para avanzar hacia lo general. El anecdotario estaba servido.
El contraste generacional era demasiado fuerte, el lamento de los antiguos, entre los que el que más o menos había empezado a trabajar fuerte a los 10, 11 o 12 años, y el presente de hijos subsidiarios de los padres hasta pasado los treinta era apabullante. Se ofrecieron ejemplos de juzgado de guardia. Se citó a unos vecinos, humildes trabajadores semianalfabetos que habían tratado con su mejor fe que a sus hijos no les faltara lo que les faltó a ellos. No les exigieron nunca nada, y los dos que tenían eran más bien analfabetos, una realidad que actualmente se disimula sabiendo conducir o navegar por Internet. La hija mayor se había separado de su marido, y les había dejado una criatura. Cada dos por tres estaba nuevamente en casa porque no tenía donde ir. El hijo que ya sobrepasaba los 25 años seguía en casa, y solamente trabajaba muy ocasionalmente y para “sus gastos”. Su única preocupación era al parecer tener su maría...Un día me visitó para de cine, lo había descubierto con Tarantino, y se había hecho un especialista en éste. Le pregunte si había visto alguna película de Hitchcock, y resultó que no sabía quien era.
Pero estas cosas no eran exclusiva de la gente más sencilla, ni mucho menos. Uno de los presentes, del PSUC y de Comisiones de oda la vida tanto él como su compañera, y ambos habían mantenido la bandera de la lucha levantada. Eran fervientes republicanos, no había más que darse una vuelta por su casa para percibirlo. Sin embargo, la impresión es que habían tratado a sus hijos, y especialmente al último como a un pequeño emperador. Le habían dado de todo, y no le habían prohibido nada. A los 27 años al “niño” aún no se le conocía un trabajo, vivía regaladamente de sus padres a los que, además, trataba con cierto autoritarismo. La pareja tenía la vejez bastante oscura en el punto de su descendencia, de cuatro hijos, a ninguno le ha dado por nada que no pasar la vida con los menos problemas posibles. Pero su caso no era el peor, les escuche comentar un día. Me hablaban de otra pareja militante a la que les unía una amistad muy lejana. Estos tenían un “niño” al borde de los treinta que todavía no había dado un palo al agua. No solamente seguían viviendo a costa de los padres, es que además los “puteaba” en la ropa, la comida, el dinero, y cuando estos protestaban, responde cosas como “su vida es suya”, o “vosotros me habéis traído”, “para eso sois mis padres”…
El anecdotario se fue ampliando hasta serenarse, pero al final, ninguno de los presentes pudo levantar la mano para ofrecer ejemplos de otro signo. Evidentemente, el asunto es complejo, y hay que cogerlo por varias partes: los padres que delegan en otros sus responsabilidades, el malentendido del “antiautoritarismo”, la influencia dominante, la difuminación de la familia, de la comunidad, y de la referencia de clase social, etcétera. También hubo voces señalando que existe otra juventud, y que era más que notorio que en la última década el viento estaba cambiando. Pero el caso era que a pesar de los carteles, los emails, el boca oreja, en la sala solamente había un muchacho que, además, tampoco tenía amigos de su misma cuerda sino que se sentía como un extraño, y que precisamente por eso buscaba la compañía de esos pocos veteranos que todavía seguían cantando el Himno de riego y la Internacional.




















