Publicado en corriente[a]lterna (http://www.espacioalternativo.org)

Tubos, conductos, canalizaciones y... trasvases

Publicado el 25/04/2008 - 10:39

aguaPolítica hidrológica y política económica

Miquel Garcia

A mediados del mes de marzo, con los embalses catalanes semivacíos y sin que cayesen las lluvias necesarias para llenarlos, el gobierno de la Generalitat, convirtiendo en portavoz suyo al conseller de Medio Ambiente, el miembro de Iniciativa per Catalunya-Els Verds, Francesc Baltasar, lanzó la propuesta de realizar un trasvase del río Segre hacia Barcelona. Todo se hizo de manera extremadamente torpe, hasta tal punto que el esclarecido conseller Baltasar estuvo negando durante un tiempo que la obra hidrológica proyectada se tratase de un trasvase.

Aparecieron por las tierras del Segre estacas de replanteo clavadas por los campos, supuestamente destinadas a marcar el trazado de la obra, sin que ni la Conselleria ni cualquier otro organismo o entidad pública reconociesen haberlas emplazado en tales lugares. ¡Se llegó incluso al cómico extremo de que la dirección comarcal de Convergència i Unió apareció en uno de los periódicos de Lleida fotografiada ante una de las susodichas estacas en actitud de denuncia!

Ante la fuerte oposición que de manera rápida se manifestó en todas las comarcas afectadas, en la cual tomaron parte tanto los regantes como las organizaciones ecologistas, junto con la negativa del gobierno central a dar carta blanca al proyecto, la Generalitat optó finalmente por la solución de prolongar el minitrasvase del Ebro hasta Barcelona, que será la que con casi total seguridad finalmente se ejecute.

Los proyectos de la Generalitat han sido acogidos con gran alegría por parte del PP y de Convergència i Unió, los dos partidos que, en el estado español y en Catalunya respectivamente, abanderaron en la última legislatura de José Mª Aznar el proyecto de trasvase del Ebro. Los populares se han apresurado a demandar, particularmente por boca del presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, que se retome el abandonado trasvase del Ebro. Según él, su necesidad queda sobradamente demostrada por las actuales obras diseñadas por el gobierno catalán. Los convergentes, con mayor prudencia, han preferido mirar hacia Francia, sugiriendo el trasvase del Ródano, previo acuerdo con la nación gala.

El presente episodio nos permite extraer diversas conclusiones. La primera de ellas es la endeblez de las posiciones que sobre política hidrológica han demostrado el PSC y sus socios de gobierno. En este sentido resulta particularmente patético el papel jugado por el conseller Baltasar de ICV, cuya organización abandera supuestamente principios ecologistas. 

Ciertamente, ni el trasvase inicialmente propuesto del Segre, ni la prolongación del minitrasvase del Ebro, son obras de magnitud semejante- en cuanto a caudal, costes monetarios y costes energéticos -al trasvase del Ebro previsto en el antiguo PHN. Pero la necesidad del recurso a obras como las que se están planteando, pone al descubierto la inexistencia de una política eficaz de ahorro hídrico que atienda a una reducción importante de las pérdidas que actualmente se producen en las conducciones, a un rediseño de los métodos de riego utilizados en agricultura y a la introducción de cambios sustanciales en los hábitos de consumo del conjunto de la población. Por otro lado, la existencia de núcleos urbanos de una gran magnitud y en continua expansión, como es el caso de Barcelona, se sitúa en las antípodas del urbanismo desconcentrado que resultaría eficaz para el ahorro energético e hídrico. Cabe señalar que la futura instalación de desaladoras no puede considerarse en absoluto como alternativa a las medidas correctoras más arriba planteadas, a la vista de los altos costes energéticos del proceso de desalación del agua de mar.

Parece evidente que para realizar una política eficaz de ahorro hídrico, se ha de rediseñar también en buena medida la política económica, para que ésta permita la adopción de las medidas pertinentes. De lo contrario sólo se acabarán realizando aquellas obras que resulten eficaces, no para el ahorro energético e hídrico, sino para el aumento de los beneficios empresariales. Tal era, efectivamente, el objetivo del trasvase del Ebro previsto en el PHN, encaminado a dar sostén en amplias zonas del País Valencià y de Murcia a una economía irracional basada en grandes consumos de agua para usos agrícolas y turísticos, aunque con mayor peso, nunca declarado, de estos últimos.


Fuente:
http://www.espacioalternativo.org/node/2783