Luis Sanguinet
En el salón de actos del Instituto Cardenal Cisneros tuvo lugar el 26 de abril el acto de la campaña sobre Mayo del 68 de Espacio Alternativo, con la presencia de más de 200 personas. La oratoria, muy creativa, mostró nuevas facetas de aquellos hechos y proyecciones para el presente, y recibió grandes aplausos.
Abrió el acto y presentó a los oradores el joven Miguel Urbán: expresó que la revuelta del 68 desbordó a las organizaciones y desafió al poder; mostró que lo personal también es político. Y concluyó: "busquemos no las cenizas, sino las brasas para encender las luchas del presente y conectarlas con el pasado. En mayo del 68 sus protagonistas intentaron construir una alternativa, y ahora tenemos que completarla" [reproducimos su intervención más abajo].
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La profesora Monserrat Galcerán recordó: “En el Estado español estábamos bajo la dictadura; el Sindicato Democrático de Estudiantes era clandestino, y por las pocas noticias que nos llegaban no conocíamos bien lo que estaba pasando en Francia. Hasta 1978 esperábamos su reedición, pero no se dió, y en cambio se aprobó la Constitución española. Fue un movimiento principalmente cultural, no político. Fue esencialmente espontáneo. La iniciativa fue de los estudiantes, pero la huelga general abarcó a entre 8 y 10 millones de trabajadores. Es memoria abierta; hay arrepentidos, pero no nosotros. Un cambio anticapitalista, se ha dicho "no es posible" porque el capitalismo puede hacer reformas. Aunque políticamente derrotado, el movimiento dejó cambios en la cultura y en las costumbres”.
Se decía: “El poder está en la calle”. Fue espontáneo y no se sabía bien cómo hacerlo. Se hizo sin modelo, a construir en la marcha. Desbordó a los partidos y a los sindicatos
De Gaulle se fue a concertar con los mandos militares; ahí culminó el movimiento. Regresó tres días después, proclamando “No voy a renunciar”; indultó a Salam, jefe de la OAS. Concedió una reforma universitaria y participación obrera. Y ganó las elecciones.
Hubo una masa enorme, que se estrelló con los sindicatos y el PCF, incapaces de crear órganos de poder alternativo. Pesó la amenaza militar. El movimiento feminista no estuvo en primera fila, pero emergió.
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Jaime Pastor: Nuestra idea central es no dejar que nos roben la memoria, no “recordar” con memoria ajena. Tras entrevistas con activistas de numerosos países, sintetizamos los objetivos: igualitarismo, solidaridad internacional, antiautoritarismo.
Fue una revuelta juvenil que contagió al movimiento obrero y generó un vacío de poder; hubo barricadas, las paredes tomaron la palabra. Se decía: “el poder está en la calle”, pero no se tomó.
En Japón se generó el movimiento Zengakuren, contra la base militar de Estados Unidos. En Argentina en 1969 fue el Cordobazo; en México la movilización estudiantil y la masacre de Tlatelolco. Hubo solidaridad con los obreros checoeslovacos. Se evidenció la fragilidad del orden burgués.
Aquí estábamos bajo la dictadura, pero el Sindicato Democrático ya no era estrictamente clandestino.
La radicalización empezó en 1965, pro solidaridad con Vietnam. En 1968 hicimos homenaje al Che y una manifestación. El FLP fue la organización más sensible al Mayo francés. En el estado Español surgió el MLN vasco. La dictadura decretó “estado de excepción” en 1969. El mayo68 fracasó políticamente, pero abrió el camino a las luchas y los cambios sociales.
En 1973 se inició la onda larga depresiva y neoliberal, que quitó conquistas del ’68. ¿Qué queda? Rebeldía, cultura solidaria, rechazo a que la realidad existente sea la única posible. Quedan siempre los principios, una brújula. Hay que reconstruir los movimientos sociales y una izquierda alternativa, anticapitalista.
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Daniel Bensaid dijo: No es conmemoración ni nostalgia, sino polémica sobre el presente. No fue revolución sino ensayo general. Fue un acontecimiento global. En Francia hubo entre 8 y 10 millones en huelga general, sin llamamiento, espontánea. Fue la huelga general más larga y masiva. La hicieron hasta las bailarinas del Follies Bergère. Los asalariados eran el 85%. Los obreros rechazaron los acuerdos de Grennelle, que no fueron firmados.
Cuando se fue De Gaulle, durante tres días hubo un vacío de poder. Mitterand propuso “gobierno popular” sin exclusiones, con el PCF. Hacía falta un partido o movimiento, que diera una alternativa. Era necesaria rebeldía más una fuerza política. Pero se perdió la oportunidad. Y la derecha recuperó la iniciativa.
Aquí, los trotskistas y los anarquistas nos manifestamos contra los encarcelamientos.
En 1961 Marcusse publicó “Crítica de la vida cotidiana” y “Contra la sociedad de consumo”. Estaban madurando las críticas. Hubo interpretaciones diferentes y opuestas: “movimiento de modernización cultural”; se afirmó: “culturalmente hemos ganado”.
Regis Debray escribió: “Contrarrevolución exitosa”. “La contrarreforma liberal es un resultado mecánico del ‘68”. No: lo fue del reflujo del ’68.
Tuvo efectos duraderos y hubo experiencias que siguieron en los 70 y los 80.
¿Qué quedó? Cambios en la vida cotidiana; emergieron el sexo, la homosexualidad y el feminismo; cambios en la familia y en la educación; fue concedida una reforma universitaria.
Sarkozy ha dicho por TV: “Acabar con el ‘68” como origen de los problemas actuales”. Tiene miedo a que se repita, y quiere evitarlo.
Las encuestan de ahora en Francia consideran que Mayo del 68 fue un acontecimiento positivo, esto es así para el 75% ; el 77% dice que habría estado con los estudiantes y los huelguistas.
Los 80 fueron años peores. Ahora la situación es más seria; hay crisis económica; los inmigrantes siguen clandestinos porque no tienen permiso de residencia. Hoy hay 3 millones de parados y 7 millones de precarios. “Hemos sido derrotados”.
El ciclo del ’68 terminó: con el pacto de Moncloa en el 77, el 75 en Portugal… Quedó una cultura de lucha, que se había originado antes del 68, pero que se desarrolló entonces. Hay una tradición de lucha.
El acto terminó cantando La Internacional.
Intervención de Miguel Urbán
Mucho/as de vosotras/os os preguntaréis porque estoy yo en esta mesa, desde luego, lo que parece obvio es que no viví los acontecimientos de mayo del 68 como si es el caso de las otras tres personas que se sientan en la mesa conmigo. Tampoco es que sea un especialista en la materia, la virtualidad de que yo este sentado en esta mesa es otra. Nuestra intención tiene un claro sentido político al mostrar dos generaciones militantes, una que se forjó en las luchas contra la dictadura franquista, la guerra del Vietnam y que quiso hacer la revolución y todavía hoy siguen en ese empeño; y otra generación, la que esta vez represento yo aquí, pero que esta sobradamente encarnado en esta sala, que se forjó en las luchas contra la mercantilización de la universidad, el movimiento antiglobalización, la guerra de Irak y que también, todavía hoy, seguimos queriendo trasformar radicalmente la sociedad y que igual que ayer seguimos pensando que el mundo puede cambiar de base.
Como 1917, como en el 36-37, el 68 es un año simbólico. Tiene pues el doble significado de los símbolos, ante ellos como decía Spinoza no debemos “ni reír, ni llorar, sino comprender”, comenzando por los orígenes de la ruptura que tuvo lugar entonces.
Pero muchos de los que alimentaron el mito y el sueño durante años, sienten ahora la tentación de saldar las cuentas, retrospectivamente, con su adolescencia. Y al hacerlo, tienden a negar la ruptura que representó 1968 y los años posteriores en la mentalidad, la vida social, cultural y política europea e internacional, a subestimar las dimensiones y las potencialidades de las movilizaciones sociales de este período. No es extraño que Sarkozy quiera pasar página y acabar con las conquistas sociales logradas desde entonces, ante esta situación nuestro mejor homenaje para aquellos que lucharon entonces es volver a convertirnos en su pesadilla desafiando los poderes establecidos del capitalismo neoliberal.
Pero nosotros no estamos aquí simplemente para conmemorar o recordar las revueltas del 68, pretendemos algo más, como escribe Daniel lo que nos interesa no son las cenizas del 68, sino sus brasas. Unas brasas que nos permitan encender las luchas del presente, esta es la mejor lección de una revolución que pudo cambiar de base al mundo. Cuando los estudiantes de Madrid se encierran en las facultades para defender la universidad pública contra los planes de mercantilización de esta institución estamos homenajeando a aquellos estudiantes que en el 68 ocuparon la Sorbona, el barrio latino o murieron en la Plaza de Tathelolco. Cuando los conductores del TMB en Barcelona, de la EMT en Madrid o de la limpieza del Metro continúan la dignidad de clase en defensa de sus derechos contra los ataques del capital nos recuerdan a aquellos trabajadores que poblaron los tejados de las fábricas francesas con banderas rojas, nos recuerdan lo que pudo ser y al final no fue. Cuando el movimiento feminista resurge en defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo ante el ataque de la derecha ultramontana, nos recuerda aquel movimiento feminista que transformó los paradigmas de la izquierda y nos enseño que lo privado también es político.
Nuestra tarea actual es grande, más bien diría gigantesca, volver a poner en la agenda social y política la emergencia y la necesidad de la revolución, para ello es fundamental retomar el hilo rojo de la historia que nos permita conectar nuestro presente con el pasado de las luchas emancipatorias de la comuna de Paris, de la revolución de octubre, de la revolución española, del mayo del 68. Lecciones del pasado tenemos para poder actuar en el presente, pero si con algo quiero terminar es con el ejemplo que nos dieron los estudiantes italianos en el manifiesto por la universidad negativa de Trento en 1968: “Ni sustituir, Ni esperar”. El cual hace referencia al papel de las explosiones estudiantiles como catalizador de la conflictividad obrera y su carácter de “vanguardia táctica” a través de la cual el movimiento ocupaba coyunturalmente y en unas condiciones determinadas la escena política. Ni sustituir al movimiento obrero, ni esperar sine die a una radicalización improbable. Esta consigna se inscribia en la dialéctica del “ya no” de las clases dominantes y el “todavía no” del proletariado. Tenemos que analizar hoy en día como podemos rescatar la subjetividad revolucionaria de la clase, enriqueciéndola con las sinergias del crisol de movimientos sociales que hoy en día siguen luchando por transformar un mundo cada vez mas injusto e insostenible. En nuestra agenda también debe de estar el conseguir crear los instrumentos necesarios que permitan que una generación que quiere combatir, que rechaza las traiciones o las claudicaciones de la izquierda tradicional se organice para construir una izquierda radicalmente anticapitalista. En este sentido se están alumbrando proyectos como el nuevo partido de la izquierda anticapitalista en Francia, una Sinistra Critica en Italia o modestamente lo que estamos intentando construir las mujeres y los hombres de Espacio Alternativo aquí en el estado español, una tarea que no podemos hacer solos y con la que tendremos que contar con mucha gente que diariamente desde su barricada combate los ataques del neoliberalismo.
Por eso es fundamental que hoy en día construyamos un puente que nos permita conectar las luchas del pasado con las ilusiones del presente, un puente que ayude a quebrar la inmovilidad de la gente, que ayude a desatar la energía humana hacia la rebeldía. Un puente que recupere lo que haya que recuperar; que no deja abandonados a sus muertos ni a los muertos de los otros ni a los muertos de siempre. Un puente donde vive el viejo topo de la revolución, que no se desmoraliza por vivir en tiempos no revolucionarios y que espera la mínima oportunidad para volver a saltar. Ese es nuestro puente compañeros, ese es el puente que tenemos que construir.
Vídeo del telediario de La Sexta (27/04/08) [1]sobre Mayo del 68, incluye entrevista a Bensaid [2][en nueva ventana]:
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