Nuria Álvarez*
Crónica número 6. Sàbado 22 de marzo: La cadena humana
Nos levantamos a las cinco de la mañana llenos de sueño, pero muy animados. Yo tengo ganas de dar saltos o echar a correr, me come la impaciencia. Malainín, solidario, se levanta él también para prepararnos el té y el desayuno. Al final llegamos un poco tarde, pero nunca hemos sido muy puntuales en los campamentos saharauis. La mayoría de la gente aún no ha llegado, tampoco el otro grupo de nuestra monitora, y esperamos en la oscuridad, hablando con unos y con otros. Delante de nosotros, una larga fila de jeeps traídos por el Polisario, en los que nos vamos a meter... trece españoles además del conductor. Seguro que si pudieran nos pondrían a alguno sobre el techo, me río por dentro. Nuestro conductor se llama Sid Ahmed y tiene 20 años, pero su mirada seria es la de una persona adulta. Nos dice que trabaja como profesor en el campamento 27 de febrero, le hago preguntas por gestos, nos reímos. El jeep echa a andar y se bambolea, sus tripulantes dan cabezadas apretados unos con otros y delante de nosotros se ve una larga fila de coches y la luna llena. Avanzamos durante una hora, luego hay una pausa y salimos al baño... que se encuentra detrás de unos arbustos, porque por fin hay arbustos. Los conductores fuman un cigarro, buscamos a alguna de nuestra gente que van en otro jeep, vamos a ver a los ateridos tripulantes del camión, y luego enseguida todos volvemos a montar. Otra hora, otra pausa, y me toca sentarme en el asiento de atrás, donde con los baches volamos en todas direcciones. Ya no intento dormir, vamos bromeando y preguntándonos cómo será el muro.
Los jeeps han llegado y aparcan en dos hileras, el camión también. Buscamos al resto de nuestro grupo pero con el viento y la cantidad de gente no lo conseguimos, así que camino con Leticia. Han ido llegando también los saharauis, españoles que visitan a sus familias y gente de otros países. Empezamos a hacer una cadena humana, yo doy la mano a un militar saharaui, a mi derecha un grupo de mujeres saharauis no puede contenerse y se manifiesta. Con dificultad logran frenarlas para que no se lancen sobre la tierra minada que nos separa del muro. Sobre él distinguimos la silueta de varios militares marroquíes, bien protegidos por su alta tecnología militar. Los monitores y los periodistas recorren la cadena humana, y veo en los saharauis esa mezcla de emoción y urgencia. Delante de nosotros a escasos doscientos metros se encuentra el muro y muchos desearían echar a correr y saltarlo ya. Derribar el muro con sus minas, sus alambres de espino, su hipocresía marroquí y su desprecio internacional. Recuerdo que un español de nuestro viaje propuso que lo atravesáramos, y así es seguro que saldríamos en todos los medios de comunicación. Claro, pero el muro que mide más de dos mil kilómetros está rodeado de cinco millones de minas. La gente que me acompaña encuentra restos de munición por el suelo, más tarde un español me dirá que encontró un proyectil sin explotar y quiere llevárselo a casa. La cadena humana ya llega hasta el horizonte, y nos dicen que se ha terminado, que nos demos la vuelta. Ha durado muy poco porque las Naciones Unidas no nos dieron más que cuarenta minutos. Quizás si nos quedáramos se opondrían a posteriores manifestaciones frente al muro, porque la MINURSO no querrá visibilizar su propia incompetencia como organizadora del reférendum que prometió a los saharauis. Vamos volviendo hacia los jeeps, contentos porque al parecer ha sido un éxito de participación, hemos sido más del doble de los 1000 que eran el objetivo inicial. Toca con ganas una banda de Vallecas que ha venido a apoyar a los saharauis. Alrededor de los instrumentos de viento, damos palmas saharauis y españolas, y cantamos una adaptación libre de O’ When the Saints:
“Vamos a tirar,
vamos a tirar,
vamos a tirar ya ese muro...
Vamos a tirar ya ese muro,
ese muro caerá...”
Volvemos a los jeeps y al camión y nos dejan un poco más lejos, para hacer un picnic en el desierto bajo algunos árboles que dan un círculo pequeño de sombra. Nos rodean lagos cristalinos, y los saharauis nos cuentan que muchos camellos han muerto de sed dirigiéndose hacia uno de esos espejismos. Esos lagos brillantes parecen una metáfora de la situación de los saharauis. El futuro anhelado por todos se esconde hoy en día bajo la arena y las piedras de Tinduf.
El viaje de vuelta termina en el museo militar, que se podría llamar museo de la desmilitarización porque allí han ido dejando las armas incautadas durante años al enemigo así como sus propias armas, después de desactivarlas. Observo con detenimiento los morteros franceses. Dentro de mi cabeza resuena La Marsellesa, convertida en una fanfarria desafinada, y me imagino a algún presidente francés pronunciando algún discurso solemne sobre la libertad y los valores republicanos mientras saltan por los aires saharauis, argelinos, africanos. Luego llego a un mortero español, que me recuerda la reciente venta de armas a Marruecos por el gobierno de Zapatero. Vienen a mi mente los discursos pacifistas de Zapatero, nuestro sentimiento de victoria tras la retirada de las tropas, y ahora los discursos se convierten en humo bajo el peso de los vehículos, los camiones, las patrullas navales, y todas las armas de combate que fueron vendidas a la monarquía marroquí con todo descaro. Se me saltan las lágrimas delante de estas armas que asesinan las bellas palabras de nuestros gobiernos, pero al menos no hay más engaño. Luego tiene lugar una conferencia, en la que se nos avisa de nuevo de que el Polisario no será responsable de las consecuencias de la pasividad internacional. Mi cabeza está ausente pero me obligo a mí misma a volver, a grabar sus palabras, tomar notas, porque tendrán una utilidad y no hay tiempo que perder. Es nuestro turno para darle la vuelta a todo esto, oponernos a la máquina que se dirige inexorable hacia la guerra y actuar. Que el Sáhara se convierta para los españoles en un nuevo Irak.
Sáhara libre!!
Esta noche apareciste en mis sueños
Volviste, otra vez,
Con tu equipaje de estrellas
Hablando de justicia y libertad
Más de treinta años en el desierto,
resistiendo,
llenando el vacío de palabras,
las palabras de significado,
el cielo con las palomas de vuestras manos.
Para todos aquellos que luchan, intifada,
vuestro canto de esperanza atraviesa los mares,
hace caer murallas y fronteras,
levanta a los caídos, trae la primavera.
Como un torbellino en el desierto
como las banderas que bailan en tus manos
como la canción aquélla, como la risa de Malainín
como Saltana torturada sin rendirse
como vuestro anhelo de libertad, Istiqlal.
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Algunos datos:
1975 acuerdo tripartito de Madrid: acuerdo secreto
16 años de guerra suelo sembrado de cartuchos
2720 km de muro
unos 6 millones de minas que ya han causado más de 1000 muertos desde 1975
El muro fue levantado en 6 etapas desde el principio de los 80 para tratar de parar los ataques del Polisario. Unos 160.000 soldados están desplegados a lo largo de este muro. Varias manifestaciones desde 2004 ante este muro, pero “la columna de los 1000” ha sido la más importante en número de participantes.
Ver la explicación sobre el Gran Marruecos en Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Marruecos [1]
*Redacción - Presentamos en diferido las crónicas de una de las participantes en la Columna de los 1000, una columna humana de solidaridad con el pueblo saharaui, que denunció en los pasados días el muro que mantiene dividido a este pueblo.
Ver reportaje "in extenso" publicado en: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4898&lg=es [2]