Ser un “veterano” puede ser un problema como dice Bensaïd pero también tiene sus ventajas, entre ellas que te inviten para hablar y debatir de historias que son las tuyas, y así lo hemos hecho en Andalucía y lo haremos el próximo 16 de mayo en Zaragoza –mañana y tarde-, todo ello dentro de una campaña [2] que ha dado lugar a actos de cierta masividad en Barcelona y Madrid, y que sigue allá donde sea posible con el libro «1968. El mundo pudo cambiar de base [3]», el libro colectivo que Viento Sur ha publicado en Libros de la Catarata, de lectura obligada para la gente que se quiera enterarde una historia y de sus implicaciones en la historia hasta nuestros días…
Los actos en Sevilla y Granada (en Málaga no pudo ser porque yo tenía las jornadas de la Fundació Andreu Nin en Barcelona), tuvieron lugar en la Universidad, en Sevilla al día siguiente de la ocupación del Rectorado, y en Granada el mismo día en que se ganaba una batalla en el MacDonald local antes de haberle tenido que empezar, y es que la burguesía tiene muy buena memoria. En Sevilla el prólogo lo puso Joaquín Rivero, posiblemente la persona más documenta sobre los mayos del 68 de estos andurriales, y que, aunque brevemente, puso las fotos, el clima y unos datos previos… ERA [Espacio Revolucionario Andaluz] estuvo representada en Sevilla por Ricardo Martín, y en Granada, por Javier Valdés, que pusieron el subrayado sobre el enlace entre aquel entonces y el aquí y ahora con la conciencia de ser representantes de unas nuevas generaciones que ya han dejado de sentir solas y desoladas. Sus notas conectaron las luchas de hace cuarenta años y las últimas…
En ambos casos, la LCR francesa a la que queremos tanto (y de tanto tiempo), estuvo representada por Gäel Quirante, un galo de padres españoles, militantes e emigrados, y nos recordó que se puede hablar con datos y argumentos en una tonalidad de controversia y de mitin. Militante de la misma poste y de la mismos rangos que Olivier Besancenot, Gäel, es ya un cuadro internacionalista con el se puede debatir sobre Puerto Rico, Líbano o Euzkadi, pero sobre todo de Euzkadi ante el cual mantiene opiniones y propuestasque reflejan ciertamente nuevas perspectivas, las propias de una juventud a la que el pasado no le impide afrontar un presente que requiere, pues eso, gente que rompa. Este dominio evidencia el tipo de militante de primera que se está forjando en Francia, pero los actos también dejaron patente que también por aquí hay una juventud capaz de hacer el relevo generacional. Relevo de los del mayo del 68, los últimos mohicanos de la revolución, los últimos que fuimos parte viva de aquellos años en los que el mundo pudo cambiar de base.
Tenedlo por seguro: no había habido tanto libro, “dossier” ni artículos sobre el 68 si este referente no necesitará un trabajo de asimilación y desfiguración.
Salvo honrosas excepciones, todo lo que se ha hecho en estos ámbitos ha tenido este cariz. Un buen ejemplo es que han “descuidado” la componente social (la mayor huelga obrera conocida del mundo occidental), y por supuesto, tampoco se ha referido a su vigencia en el mundo presente… Tal como se ha dicho a lo largo de todos estos actos, aunque todavía se mantienen algunas de las conquistas sociales de entonces (entre la vieja clase obrera), la realidad es que muchas cosas han empeorado. El capitalismo actual es mucho más agresivo y regresivo. La ecología o la situación en el “mundo mayoritario” (países dominados por el imperialismo), nos aportan datos todavía más dramáticos.
Por otro lado, en este cuadro de conmemoraciones en lo que lo importante se trivializa y se da más importancia a lo más secundario, el peso de algunos arrepentidos como Daniel Cohn Bendit, por no hablar de los que en su día fueron llamados “jóvenes filósofos”, no puede ser más triste y patético. Al mismo tiempo, conviene decir que la presencia de otros veteranos en la mesas y entre el público, que siguen en la brecha, se erige como una demostración de la existencia de una importante franja que sigue en la brecha, que no traicionó ni se resignó. Esta es la generación de “enlace” como dice Bensaïd, la que sigue aportando el viento de la crítica y la reflexión delante de tantas derrotas que han descolocado a la mayoría de los componentes del movimiento obrero tradicional. Decimos descolocado pero podríamos decir algo peor.
Por entonces, en el discurso dominante de los “papas” (o sea de los que se habían hecho a una realidad “consagrada” como incuestionable), se nos aseguraba que el neocapitalismo había operado unas mejoras parciales con las que había conseguido “integrar” al movimiento obrero, lo cual era cierto en lo referente a la izquierda tradicional, o sea socialdemócrata y comunista oficial. Sin embargo, Bélgica había vivido una huelga general en 1960 (en la que un tal Ernest Mandel tuvo no poco que ver en connivencia con antiguos sindicalistas revolucionarios), y habíamos asistido a diversas “huelgas salvajes”, por nuestros lares la más famosa fue la de Laminados en Euzkadi, la primera que prefiguró otras de “nuevo tipo” que vendrían después… En mayo la huelga había afectado tanto al proletariado tradicional como a los nuevos sectores del mundo laboral incluyendo las bailarinas del Folies Bergere…
Esta época de los mayos estaba poniendo en evidencia tanto la extrema brutalidad del imperialismo norteamericano que estaba haciendo caer sobre el pueblo de Vietnam más bombas de las que se habían empleado en toda la II Guerra Mundial, como su propia fragilidad. La resistencia vietnamita era un ejemplo impresionante, y el 68 fue un año de salto cualitativo. La juventud insumisa se puso al lado del Vietcong, se movilizaba por la victoria del pueblo vietnamita y no por la “paz en el Vietnam” que era la consigna soviética y de los partidos comunistas. Vietnam, como el antecedente de una revolución viva y abierta como la cubana latía en las barricadas del mayo. También había latido en las grandes jornadas que le precedieron, al igual que latía la lucha callada de los “activistes” que como Alain Krivine o el tan denigrado Michael Pablo, habían llevado la solidaridad con la resistencia argelina hasta las últimas consecuencias: la creación de una fábrica de armas cuyos “clientes” eran los argelinos insurrectos…
La lucha del David vietnamita fue determinante para radicalizar el movimiento de los Derechos Civiles en los Estados Unidos, y en la emergencia de una contestación generalizada entre la juventud estadounidense que trató al mismo tiempo, acabar con una guerra que se haber justicia habría llevado a sus responsables a ocupar los mismos asientos que ocuparon los nazis en Nuremberg, y llevar a cabo su propia revolución. Una revolución parcial, sin duda insuficiente, pero de un alcance cultural impresionante, sobre todo en la música. Sobre este extremo quiero llamar la atención sobre un documental que he podido ver estos días: Los EE.UU. contra John Lennon.
No menos estabilizada parecía la realidad de los países (mal) llamados socialistas,del que el movimiento comunista era algo así como la prolongación y que ostentaba el poderío de los grandes partidos comunistas como el francés y el italiano. Sin embargo, también aquí las cosas habían empezado a cambiar, y el fantasma de la revolución húngara de 1956 se reprodujo bajo el nombre del “socialismo con rostro humano” en Checoslovaquia. Muchos comunistas alineados por las trampas del estalinismo (toda oposición a la burocracia era “hacerle el juego” al imperialismo) que habían bramado contra Budapest, comenzaron a percatarse de todo lo que significaba Alexander Duceck y la “primavera de Praga”. Fue la última ocasión en la que un partido-Estado del Este contó con el apoyo masivo del pueblo, luego ya nada pudo ser igual. La descomposición del “socialismo real” solamente era cuestión de tiempo…La misma brecha apareció en los partidos comunistas, en las “nomenclaturas” del PCF y del PCI que se vieron desbordado por las movilizaciones obreras-estudiantiles, y contestado por esa nueva izquierda en la que coexistían los maoístas más abiertos, los trotskistas más renovadores, y los anarquistas contaminados por el marxismo heterodoxo.
Recordemos que en las fábricas francesas ocupadas ondearon casi por igual las banderas rojas y las negras, símbolos esta última de una tradición sindicalista de la “Carte d´Amiens” que se negaba a desaparecer ante una burocracia que sustituía la iniciativa obrera y reprimía cualquier disidencia crítica por la base.
No menos eterno parecía el franquismo con sus grandes desfiles militares, sus ABC adictos, su discurso “desarrollista”, y con una resistencia republicana (anarquista y comunista, con predominios de los primeros en los cuarenta-principios de los cincuenta, y de los segundo a continuación) casi totalmente destruido después de años de represión “nacional-católica”.Antes de que irrumpiera en el escenario la primera generación de relevo, la del 68 que se multiplicaría en los años setenta, el franquismo parecía indestructible. Era mucha la gente (ante todo los empresarios “liberales” de boquilla), que permanecía convencida de que “había Franco para rato”, y de que “esto no tenía solución”. En los años siguientes, aspectos distinguidos de los vientos de los mayos se hicieron totalmente visibles: el feminismo, las ansias de libertades,de la sexualidad libre y alegre, la omnipresencia del cine y el teatro “político”, la difusión masiva de todos los pensamientos de la izquierda a través de editoriales inquietas y del libro de bolsillo…
En resumidas cuentas, lo que antes parecía insuperable, dejó de parecerlo…
De todo ello se habla en este libro, y de algunas cosas más, a mi por ejemplo me ha interesado elartículo cierra del camarada Pierre Rousset, uno de los rostros más característico de la llamada “promoción Krivine” que sacó el trotskismo del ostracismo (y de las guerras cainistas), para entrar en la vida política y sindical en un esfuerzo queestá teniendo, finalmente, sus resultados. Es su reflexión sobre el curso de las luchas y de la izquierda militante, un tema que sería abusivo traer aquí, no sea que alguien se quede sin papel en la impresora….
Para los que no lo tengan todavía, añadamos que el libro del 68 comienza con dos artículos de Daniel Bensaïd y Tariq Ali que ofrecen dos visiones de conjunto de 1968. A continuación, una primera parte de textos sobre Francia en sus aspectos políticos generales (Daniel Bensaïd), el movimiento obrero (Jacques Kergoat), los comités de acción (Antoine Artous), la "comuna estudiantil" (Jean-Philippe Legois), el feminismo (Josette Trat) y la solidaridad con Vietnam (Pierre Rousset)... Hay una segunda está formada por textos sobre las experiencias en diversos países: Phil Hearse escribe sobre la ofensiva del Têt en Indochina; Ambre Viol, sobre Estados Unidos; Sergio Rodríguez Lascano, sobre México; Cinzia Arruzza, sobre Italia; Johannes Agnoli, sobre Alemania; Spyros Sakellaropoulos y Panagiotis Sotiris, sobre Grecia, y Catherine Samary, sobre Europa del Este y la URSS.
A nosotros nos tocaba l tercera parte aparecen las contribuciones de quienes han coordinado el libro, referidas a la experiencia española (Jaime Pastor y Miguel Romero) y al ecologismo (Manuel Garí)… Un poema de Jorge Riechmann mantiene en el libro “esa expresión tan necesaria hoy como entonces.” Y es que mayo fue también tiempo de poetas y de poesía. A nosotros nos permitía recuperar la que nos habían robado, y digo esto como pequeña expresión de un sincero homenaje para cantautores varios, en especial Paco Ibáñez.
Pepe Gutiérrez-Álvarez /