Editorial - junio 2008
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Involución en Euskadi

La involución de la situación política en Euskadi, iniciada tras la ruptura de la tregua de ETA, continúa su avance. En un escenario confuso se suceden atropelladamente los atentados de ETA, como los de Legutiano y Getxo, la represión judicial y policial contra la izquierda abertzale, la persecución de la propia organización armada - que ha dado lugar a la detención en Francia de la supuesta cúpula de ETA-, la nueva propuesta soberanista de Ibarretxe… y la nueva negativa de Zapatero a ésta.

Pero, más allá de todas estas acciones y escenificaciones políticas, indicadores más objetivos como los resultados de las últimas elecciones generales en el País Vasco o la limitada capacidad que está demostrando la izquierda abertzale para dar respuesta a la escalada represiva que se cierne sobre ella, apuntan a un debilitamiento progresivo de las opciones soberanistas y de avance democrático en beneficio de la restricción de libertades y del mantenimiento del actual orden constitucional.

El PSOE, una vez fracasado el intento de proceso de paz, puso en marcha una intensa política represiva que no ha abandonado hasta ahora. La negativa de Zapatero a llegar a ningún tipo de acuerdo en relación a la propuesta de Ibarretxe, junto con el mantenimiento de la Ley de Partidos y de la ilegalización de las organizaciones de izquierda abertzale, cierra un camino susceptible de acercar Euskadi al ejercicio de sus legítimos derechos, un camino que conduciría también a un marco mucho más favorable que el actual para la reapertura del proceso de paz. 

Pero parece muy difícil que se produzca una inversión de las actuales tendencias sin que previamente haya existido un cese definitivo de la lucha armada por parte de ETA, que permita dirigir las enormes energías que actualmente se dilapidan en ella hacia la movilización social en torno a objetivos políticos democráticos, facilitando así la convergencia en la lucha de diferentes sectores y colectivos sociales. 

La "crisis del agua"

La "crisis del agua" y el proyecto de trasvase del Ebro hacia Barcelona impulsado por el gobierno español y el tripartito catalán han actuado como revelador de una realidad mucho más profunda: el modelo económico asignado a Catalunya- y a otras zonas litorales, como el País Valencià, Murcia o Andalucía – constituye un proyecto cada vez más insostenible y conlleva gravísimos daños medioambientales y sociales.

En un contexto climático caracterizado por el calentamiento global del planeta como fruto de la actividad humana, estamos asistiendo a una reducción del régimen de lluvias y a un aumento de las sequías en la cuenca mediterránea. A pesar de esta situación, y de forma totalmente irracional, se ha producido una masiva transformación de cultivos tradicionales de secano en cultivos de regadío en muchas de las zonas afectadas, con el consiguiente aumento de las necesidades hídricas. 

Por otro lado, el crecimiento económico de los últimos años en el estado español y en Catalunya, se ha basado en la expansión de la construcción. Pero ésta se ha orientado en buena medida a la promoción de segundas residencias y complejos turísticos, de forma que el desarrollo desenfrenado de urbanizaciones, piscinas, campos de golf e infraestructuras hoteleras, ha disparado los consumos hídricos de manera exponencial.

Para completar la irracionalidad, tanto las infraestructuras de riego, como las de canalización del suministro de agua potable y las industriales, se han mantenido obsoletas, lo cual provoca despilfarro de agua por fugas (en la red que, procedente de Cardedeu, abastece núcleos urbanos como Badalona, las pérdidas se estiman entorno al 25% del caudal que transita por la misma) y por ausencia de procesos de reutilización y reciclaje eficaces.

La política de trasvases se ha convertido en consustancial y emblemática del modelo de crecimiento neoliberal que padecemos. El trasvase del Ebro del PHN, promovido por el PP, tenía como causa de fondo el boom inmobiliario de la costa del País Valencià y de Murcia. La movilización de una ciudadanía consciente del desastre medioambiental que este plan suponía para las comarcas del Ebro, pudo paralizar el proyecto.

Pero, bajo el ejecutivo del PSOE y el gobierno “de entesa” catalán, el mantenimiento de las mismas orientaciones neoliberales tenía que comportar necesariamente el retorno a idénticas políticas de explotación de los recursos fluviales. Particularmente deplorable ha sido el papel jugado en toda esta crisis por ICV-EUiA y por el conseller Francesc Baltasar, convertido en ejecutor de una política… que es en realidad la del PSC-PSOE.

La masiva manifestación que tiñó de azul las calles de Amposta el pasado día 18 de mayo, con la presencia de nutridas comitivas venidas de las tierras del Ebro y del resto de Catalunya, del País Valencià y de Aragón, ha empezado a recuperar el espíritu del las movilizaciones contra el trasvase del Ebro que suscitó en su día el PHN.

Como ya se dijo en los parlamentos, ahora el reto consiste en convencer a la opinión pública del área metropolitana de Barcelona, desorientada por una intensa campaña mediática sobre la amenaza inminente de restricciones. Más de cuarenta asociaciones han constituido ya la Plataforma Metropolitana contra los Trasvases. La batalla del Ebro se ganará sin duda en las calles de Barcelona.