SIDOR: una victoria para una lucha ejemplar
internacional

Jesu Rodríguez

La historia de los procesos sociales, de los procesos de cambio, de las resistencias de los pueblos, es una historia llena de pequeños pasos, y también, de saltos hacia adelante y de retrocesos. América Latina se ha convertido en el centro de las resistencias neoliberales en este planeta y también en el ensayo de algunas alternativas. Muchos hemos visto con esperanza los cambios sufridos en Venezuela en estos años.

La derrota sufrida en el pasado referéndum constitucional  por los que defendían el Sí, con Chávez a la cabeza, nos dejaba cierto temor. El temor de que el proceso se estuviera agotando y diera paso a una nueva ofensiva de una burguesía, que hasta hace muy poco estaba desorientada y desmoralizada pero que no habíamos terminado de hundir políticamente. Un temor fundado en la erosión que la burocracia y los sectores corruptos estaban ocasionando en la moral y en la confianza de un sector de la clase trabajadora y del pueblo pobre venezolano, que había mantenido la revolución bolivariana en los momentos más duros (golpe de estado, lock out patronal, paro petrolero,...), pero que no veía la aceleración y la profundización  que se necesitaba para trasladar esa resistencias en conquistas radicales para un pueblo que lleva toda su vida, toda su historia, esperando.

Y en eso llegó SIDOR (Siderúrgica del Orinoco, el mayor fabricante de tubos sin costura-esenciales para la actividad petrolera- a nivel mundial). La empresa, propiedad del poderoso grupo transnacional Ternium, se encontraba desde hacía tiempo (quince largos meses) con un conflicto con sus trabajadores que pedían su renacionalización. Había sido privatizada por el antichavista Teodoro Petkoff regalándola prácticamente al capital privado cuando era Ministro de Planificación. Una empresa con unos beneficios millonarios (entre 130 y 390 millones de dólares anuales), y en la que Venezuela hacía un mal negocio, ya que no sólo la venta fue un regalo al capital privado, sino que Venezuela le vendía hierro a precio de ganga y compraba los tubos a precios internacionales. El papel de los trabajadores ha sido ejemplar en todo este proceso cuya recompensa fue la decisión del Presidente Chávez de nacionalizar SIDOR junto a otro paquete de empresas lácteas y cementeras. En palabras del economista Eduardo Lucita “Como puede verse se trata de sectores productivos y de servicios que juegan un rol clave para el desarrollo autocentrado, aquí se lo define como endógeno, aún en los marcos que impone la globalización”. 

Sin duda este tipo de medidas son las únicas que en estos momentos podían realimentar las esperanzas de los millones de trabajadores venezolanos, y también del continente, incluídos los que meses antes se habían ido a la abstención desmoralizados por el no avance del proceso, la ambigüedad del gobierno y de algunos elementos de la propuesta constitucional. Y así ha sido. Esta medida ha sido acogida con alegría, pero además la conquista viene a reafirmar el peso organizativo y político que entre los trabajadores más avanzados tienen las corrientes de izquierdas del nuevo partido, como los compañeros de Marea Clasista y Socialista. Estos compañeros, ya experimentados en el terreno sociosindical, han venido desarrollando un trabajo que ha chocado a veces con el antiguo Ministro de Trabajo, ya destituído por Chávez. Quince de meses de lucha que suponen un avance para todo el proceso bolivariano y da nuevas energías a la otra América posible.