El "misterio" Besancenot. Unas notas
política | Francia

Pepe Gutiérrez Álvarez / Kaosenlared

Tengo delante, anotada del derecho y del revés, la traducción que el colega Alberto Nadal ha hecho de una entrevista a Olivier con la intención de reconstruir sus opiniones y acotarlas, pero creo que antes estaría bien dejar clara algunas cosas sobre nuestro tiempo, una época de tremendas paradojas. Nunca las condiciones objetivas han estado tan maduras para abordar, no ya la liberación, sino algo más simple como que   la gente pobre no pase hambre y tengo lo mínimo. Sin embargo, ni tan siquiera eso va a ser posible, es más, todo indica que vienen tiempos de hambrunas que demuestran que el mercado no tiene corazón ni nada que se le parezca.

Es una época en que el triunfal-capitalismo acapara la iniciativa política, social y cultural, apoyándose en la “integración” consumista de la clase trabajadora, y en la desorientación radical que ha producido la descomposición del llamado “socialismo real”. Esta iniciativa se está llevando con una lógica de contrarreforma del llamado “Estado del Bienestar”, aunque en la medida en que se va consolidando, van apretando las turcas. La “propuesta” de las 65 horas es una muestra de radicalización…Por otro lado, tal como había sucedido en los Estados Unidos, el pueblo se ha quedado sin potencial sindical, y sin una representación política que responda a sus exigencias. Más allá de la izquierda transformada, prisionera de la lógica dominante como lo demuestra por sí hacía falta el voto del PSOE a favor de la “Directiva de la Vergüenza”.

Quedan los restos naufragio de los partidos comunistas totalmente desorientados. Ya no hay margen para el doble juego que les dio vida en la IIª postguerra mundial, actuando como sindicalistas-reformistas, al tiempo que se remitían “a la revolución” siguiendo el referente de la URSS y de 1917, y debían su prestigio a la lucha antifascista y que se sostienen –como es notorio en Portugal o Grecia- con la resistencia de la antigua clase obrera. Ese capital ya está gastado, y más allá quedan los restos de la izquierda extraparlamentaria representada en Portugal por el ascendente Bloque de Izquierdas, y en Francia por Olivier Besancenot. La creación de un nuevo partido anticapitalista significa un cambio en la escala…

Pero ese cambio no se hará sin “revisar” en el mejor sentido de la palabra, no pocas de las actuaciones “resistencialistas” de la vieja izquierda, esto por no hablar de todos aquellos encerrados en sus dogmas sagrados que pueden permanecer durante décadas con una política tan “correcta” como absolutamente inoperante…En dicha entrevista se nos dice que la participación de Olivier en un programa de TV con título truffiano, “Vivement Dimanche”, había provocado una polémica. El método fue decir las cosas que había que decir, y  llevar al programa a dos mujeres asalariadas que dijeron las suyas.  Según Olivier Besancenot: Hemos tenido mucha repercusión, y repercusión extremadamente positiva. Asalariados, particularmente, que han visto en la tele a gente que no se ve normalmente, gente que viene de las luchas obreras”, dicho de otra manera entró con la de ellos para salir con la suya.

Sí hay una clave en el “misterio Besancenot”, radica, de entrada en un cierto “renacimiento”  de las luchas sociales  de nuevo tipo cuyos inicios ubica en el invierno de 1995, y en la que el mayor protagonismo comienzan a tenerlo los asalariados muy afectados por la precariedad. En la misma onda, ha habido movimientos altermundialistas que no se reducen a los foros altermundialistas. Se trata de movimientos en profundidad de gente que lleva a cabo campañas concretas sobre el agua como patrimonio común de la humanidad o la anulación de la deuda. Esto ha ido acompañado por una reconstitución de los “contactos internacionales”, y con un crecimiento de las movilizaciones en los últimos años. Ni que decir tiene que aquí (con la Transición monárquica)  la derrota ha sido mayor, y que ya hemos encajado goles contra los que la clase trabajadora francesa sigue luchando.

Olivier es un producto de esas luchas, pero también del altísimo nivel de análisis y de acumulación de experiencias de la LCR, con Daniel Bensaïd, un auténtico “maître à penser” capaz de hilar la tradición con la renovación, de ligar la filosofía con la cotidianidad de las luchas… (Tengo que decir que el lejano proyecto de traducir a Daniel ya ha dado amplios resultados incluyendo editoriales). Olivier sabe de las dificultades, pero enfatiza que la gente que pensaba que la victoria de Sarkozy iba a frenar las movilizaciones, se equivocaban. Las resistencias continúan. Aunque todavía se trata de un fenómeno incipiente “hay una nueva generación que milita, que toma parte en los movimientos, que entra en lucha por primera vez”.        

Aparte de las luchas de resistencia, hay pues una nueva generación que expresa la radicalización inicial de ”nuevos sectores asalariados, mujeres, precarios, que se ponen en movimiento. Pienso por ejemplo en las huelgas recientes en Carrefour, la FNAC, Monoprix”, etc. Una nueva realidad que demuestra también que los métodos se renuevan como hemos tenido igualmente ocasión de ver entre nosotros en la huelga de los autobuses en Barcelona o del personal de la limpieza en Madrid. La LCR se ha encontrado con “cascada en sectores en los que no estábamos acostumbrados a ver”, trabajadores del comercio, de Pizza Hunt, Mac Donalds, FNAC, etc. Se trata de entrar en esas luchas y darle una expresión consciente, de articulación organizativa, de propuestas de extensión, ligarlo con una expresión política. En Portugal, el Bloque ya cuenta con parlamentarios muy jóvenes que hacen agitación desde el parlamento sin perder nunca la independencia…

Olivier tiene clara una cosa:  “Desde un punto de vista marxista, no ha habido jamás tantos explotados, gente que venda su fuerza de trabajo intelectual o manual. De un lado, no hemos sido nunca tan numerosos como en esta fase de la historia del capitalismo en tener que vender nuestra fuerza de trabajo para vivir pero, de otro lado, no ha habido nunca un sentimiento de clase tan débil”.  Es evidente que el capitalismo había ganado la batalla ideológica, y sabe utilizar su “veneno” para crear divisiones. Divisiones que en muchos caso adquieren hasta cierta demencia, baste anotar las guerras internas del anarcosindicalismo español…

En el caso de la Liga es que tradicionalmente ha sido la “vanguardia de la vanguardia”, la conciencia crítica de la izquierda a la que trataba constantemente de desbordar, ahora se plantea que “organizar a madres de familia, precarios, a las nuevas generaciones que no tienen el perfil habitual”… Pero, Olivier no es un caso particular, forma parte de un cambio social que ha afectado al conjunto a toda la organización. “Desde 2002 –dice- hemos aprendido a integrar montones de sectores que no habíamos logrado integrar hasta ahora”, pero el verdadero problema no es otro que “reconstruir una fuerza política nueva para toda esa gente”. 

Estamos hablando de una “multitud de nuevos explotados no tiene por el momento representante”, lo que representa una desafío histórico dado que hasta hace poco, esta fuerza política se expresaba como la “conciencia crítica” de los partidos obreros tradicionales, particularmente del PCF que hasta los años ochenta era la que “dominaba” las organizaciones sindicales”, quien “formaba a los cuadros obreros (…) organizaba a la clase obrera”, pero esto es ya parte de la historia. Cada vez hay más gente que entra en la pelea por el sindicalismo, sin por ello pasar por la CGT y el PCF…”. Por arriba, el PCF es una ruina. Sigue atado a la “unión” con unas izquierdas que ya no ejercen como tal, y sigue atado a la cultura “aparatista”, marcada además por unas guerras internas que ni tan siquiera tienen un cauce abierto e integrador. Por supuesto: no hay que olvidar que todavía existen “montones de militantes obreros” con los que hay que contar.  

Las ideas revolucionarias no lo serían sin la debida audacia. La Liga era un viejo proyecto situado en la oleada radical del 68 que duraría un par de décadas. Supo soportar los malos tiempos, nadar y guardar la ropa cuando el ciclo se cerró para luego emerger. Ante la actual situación de retroceso de las izquierdas tradicionales (España, pero sobre todo Italia, un espejo de lo que nos espera si seguimos sin dar las respuestas adecuadas), se trata según Olivier de tener la capacidad de “actuar nosotros mismos”. No “contentarse con decir a los demás que hagan esto o lo de más allá”,  y la respuesta está en la creación de un nuevo partido, el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista)? Hay tener muy en cuenta que el anterior ciclo histórico (el “que había comenzado en 1917 con la revolución rusa, que se terminó en 1989”, se ha cerrado, y por lo tanto no hay que olvidar que “estamos en un nuevo período. La revolución rusa no puede seguir siendo el punto de referencia que fue para todas las organizaciones revolucionarias durante un siglo”. Hay que buscar un nuevo paradigma.

En el camino había quedado otro proyecto más reciente, el de federar “todos los grupos de la izquierda de la izquierda (…) todo lo que existía ya”. Olivier no compartía esa orientación y la sigo sin compartir”. Piensa que se trata de “una incomprensión del movimiento profundo que anima a la sociedad hoy (…) hay que apoyarse en las luchas mismas. Creo que las luchas sociales tienen en ellas mismas una virtud emancipadora. Cuando hay olas sucesivas de sectores asalariados y de la juventud que van a la bronca, a la pelea, que hacen sus primeras armas en la lucha, que se politizan, que se conciencian, hay que comprender que lo que está en juego es la búsqueda de una nueva representación política”, o sea que ésta aparece como una prolongación del activismo y no como un preludio. El material humano se encuentra en “toda esa gente que lucha desde hace una decena de años no se reconoce en la izquierda institucional”, de gente que es aquí la que le da la victoria al PSOE, y a la que Rajoy trata de neutralizar. Aunque se sentía que existía un espacio, había un error en el discurso que se podía traducir por aquel que viene a decir “venid, venid, somos nosotros los que tenemos razón”. Olivier creer que se trata justo de lo contrario, de decir: “venid, actuar por vosotros mismos”. La clave retoma la idea de la autoemancipación abandonada por las izquierdas: “la gente debe ser protagonista de su lucha”. De ahí, que cuando Olivier hace de candidato,   su principal preocupación es de conectar con todas  las luchas.

Con esta apuesta, la LCR ha conocido una importante metamorfosis. Antes se dirigía a  militantes “muy informados, muy políticos”. No pensaba que podía sencillamente dirigirse a la gente directamente, pero ahora habían aprendido a hacerlo. A estar en las citas sociales. En las citas políticas. En todas las citas electorales. Es la manera de asumir una política en consonancia con la realidad y con el discurso emancipador. Su crecimiento es conocido a pesar de que una parte de la antigua generación se ha apartado para dejar lugar a los jóvenes, diciendo: “hemos hecho nuestro curro”, ahora os toca a vosotros, y han optado  por “convertirse en simpatizantes más lejanos”. Pero gracias a las nuevas incorporaciones se han podido “volver a realizar actividades que no se hacían desde hacía años”, actividades regulares en dirección a las empresas, a los barrios populares, a los institutos, etc.

Ahora la LCR “se parece mucho más que antes a la sociedad. Hay asalariados, mujeres, nos hemos abierto y nuestra organización es más a imagen de las clases populares. En nuestros mítines se ha comenzado a ver a asalariados, obreros, jóvenes de los barrios y consiguientemente ha sido necesario encontrar los medios para integrar a todas esas gentes”.  Obviamente no es fácil. Hemos heredado “una crisis del compromiso” solidario. La mayoría todavía se dice: “vamos a delegar nuestra representación a alguien para que haga el trabajo en lugar nuestro”, algo que ha llegado hasta extremo totalmente preocupantes. Evidentemente, se trata de “un sentimiento que está cultivado por quienes dominan y nos explotan”, algo que se reproduce por mil maneras entre lo que un sociólogo norteamericano llamó “la muchedumbre solitaria”. Pero, esta tendencia dominante comienza a ser revertida, y Olivier considera “sobre este punto, hemos hecho grandes progresos”.   Creo se trata de recuperar la camaradería. 

La idea del NPA es una propuesta de compromiso activo. Para acabar con la delegación a los especialistas, con el culto a la pasividad y a la privaticidad. No será el clásico partido de   “profesores, hombres y blancos”, dice Olivier reconociendo que caricaturiza un poco. Pero esa era la tendencia. Tampoco se trata de ocupaciones a tiempo completo, de sumar “reuniones todas las semanas que terminan a las tres de la mañana”, algo más o menos propio de estudiantes pero no de gente que ha de trabajar. Insiste en que hay que “encontrar un funcionamiento que permita a la gente tener confianza en sí misma. No hay solución perfecta,     pero esto forma parte de las discusiones que tenemos que tener.”  

No faltan las advertencias contra una tendencia inicial a cierta adaptación. En la entrevista en la Tele se dijo que Olivier “ya no tiraba el parlamentarismo por la ventana”, pero él lo niega Recuerda que se “ha tenido siempre una mirada de desconfianza hacia las instituciones”, y él siempre ha proclamado “lo que pensábamos de un sistema sin proporcional y de una V República que no es en absoluto social”, pero asume ”la representación parlamentaria si es sobre la base de nuestra independencia”. La LCR   se ha distinguido por “resistir la presión que lleva a todo el mundo cada vez más a la derecha. Porque, no solo la derecha corre tras la extrema derecha y la izquierda tras el Modem, sino una gran parte de la izquierda radical no asume su independencia y corre también tras el PS...”. Esta firmeza se manifestó en   municipales. Entonces, “nuestro criterio esencial para constituir listas con otros, era la independencia respecto a la dirección” socialista”.  Se trata de algo difícil “porque la gente tiene ilusiones”, pero finalmente. Se trata de demostrar que la independencia es inexcusable para cambiar las cosas. Otra cuestión es el “funcionamiento democrático que vaya de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo”, cerca   de los movimientos,  de las asambleas.

Tales audacias perturban a los que siguen instalado en los “principios”, en el caso de las corrientes trotskistas francesas que consideran que se trata de crear un partido marxista-leninista trotskista”, por lo demás, ásperamente opuestos a otras interpretaciones. Según Olivier, se trata ante todo de “comprender el período en el que se vive”. Y cuando se asume una tradición tomar lo mejor de ella. Para él: no hay que “tener una relación fetichista con las etiquetas”. Las etiquetas pretenden representar “correctamente” la síntesis de toda una tradición. Pero, esa presunción doctrinaria tiene trampa. Sirve sobre todo para satisfacer a los que poseen el ungüento con el que nunca se equivocan. Para Olivier se de razonar, de reflexionar, especialmente de “lo que nos atrae de cada tradición como el internacionalismo y la idea de la revolución permanente”.  Él asume que actúa como “portavoz de una organización trotskista y asumo esta herencia”, pero menosprecia las “querellas de capilla”. Resulta muy fácil juzgar, adoctrinar sobre tal o cual verdad revelada. En consecuencia existen demasiados grupos con  “un programa mantener la bandera siendo minoritario”, pero de lo que se trata es de hacer la “revolución con la mayoría de la población”, por lo tanto, no hay temer el número.  

Olivier cree que “fatigante” toda esa competencia por ser la “verdadera izquierda”, es simplemente se siente revolucionario. Y afirma: “esa es mi identidad”.   Pero no se trata de   “pasar nuestro tiempo discutiendo sobre nuestra relación con Trotsky y la revolución rusa”, mirando hacia atrás, hacia las interpretaciones. Se trata de “trabajar para la revolución”, y comenzar comprendiendo que la antigua división reforma-revolución  ha evolucionado. En su opinión: “Hoy, no hay ya revolucionarios frente a reformistas, sino revolucionarios frente a gestores del sistema. Nadie propone ya siquiera reformar la economía de mercado. No hay ya lugar para el reformismo. La mundialización, las crisis del sistema económico no permiten ya más a los dirigentes dejar migajas como pudieron hacerlo durante los treinta gloriosos por ejemplo”, pero esto, que es fundamental, no puede ser comprendido mirando hacia atrás.  

De ahí la polémica con Lutte ouvrière, una organización trotskista de una notable militancia obrerista que tuvo el acierto de dar el “campanazo” en el ámbito electoral cuando nadie daba un céntimo por sus resultados. Fueron los primeros a los que se les propuso “pertenecer a ese nuevo partido”, pero ellos apuestan por partido marxista-leninista-trotskista. Sin embargo, después de tal proclamación, se hizo público que “se presentaban con el PS en la primera vuelta de las municipales. Es aquello de que no es el hábito lo que hace el monje. Olivier siente este giro como una decepción. “La extrema izquierda –dice- no debería ser una reserva india donde todos nos hacemos mal unos a otros”, pero eso entra dentro del espíritu de “competitividad sectaria” de lo que Gramsci llamaba el “patrioterismo partidario”.

La suerte está echada. El NPA ya está en marcha, y  de momento no solamente ha quintuplicado la capacidad de la LCR, también resulta que se está haciendo desde abajo, con la participación de gente muy diversas cuya principal características es la de querer ofrecer una alternativa anticapitalista a las luchas. Se ha debatido con toda la amplitud posible, y se ha empezado a mover, y actuar tanto nacional como internacionalmente.  Se trata de un proyecto irreversible, tan novedoso como lo fueron las Ligas en los sesenta, asumiendo la tarea de crear partidos desde la periferia de la juventud radicalizada al centro proletario abriendo una brecha  rupturista en un territorio controlado por los partidos comunistas, y en el caso españolo por los diversos maoísmos.  Ahora se impone, más que nunca además, estar a la altura de las circunstancias. Queda mucho por hacer, pero en los últimos diez-quince años se está dando una recomposición que requiere nuevas respuestas.

El “misterio” de Olivier Besancenot es que ya no está en el mismo lugar en el que estaba hace unos meses, y que siendo un fenómeno personalizado, su mayor capacidad radica en resultar rabiosamente representativo. Se vive una exaltación a la cual, él no puede ser ajeno. Es alguien que como John Lennon a otro nivel, sabe aprovechar su dimensión mediática. Y que se siente a gusto cuando hay gente que llama para decir: “Estamos ocupando nuestro centro de trabajo desde hace tres días, nos gustaría que Olivier viniera a vernos”. Si no tenemos un Besancenot, quizás podemos al menos comenzar a tener una escuela de nuevos revolucionarios que lleva la izquierda combativa a una nueva escala.