Argentina: Elecciones y crisis social
política | Argentina

Por Daniel Pereyra

Las extraordinarias movilizaciones de 2001 y 2002 han declinado. La calle ha cedido el protagonismo y nuevamente ocupan el lugar de privilegio las instituciones.

No otra cosa revela el hecho de que mientras en las elecciones legislativas de octubre de 2001 un 30 % del electorado votó en blanco o se abstuvo, en los recientes comicios presidenciales o en los legislativos de la Capital Federal, esa cifra se redujo a un 5 %.

Y que la consigna "¡Que se vayan todos!" fuera suplantada por los lemas y carteles partidarios. El grueso de la población desoyó el llamado dirigido desde sectores de la izquierda a no votar y se volcó a unos u otros candidatos.

En la base de este cambio hay que ubicar dos elementos: El primero es la insuficiencia del movimiento popular para unificar sus fuerzas y derrotar los planes de los sucesivos gobiernos. Hay que recordar que la clase obrera organizada prácticamente ha estado ajena a estas luchas, y que su nucleo central estuvo constituído por un importante sector de parados y por asambleas barriales. El movimiento arrebató la calle a las autoridades, logró enfrentar por largos meses los planes gubernamentales, resistió la represión abierta y encubierta, pero se fue desgastando y finalmente, desde mediados de 2002, la iniciativa fue retomada por el presidente Duhalde. Este es el segundo elemento decisivo: El presidente combinó diálogo con represión, castigó a los piqueteros mas combativos y a las empresas ocupadas por los trabajadores, pero al mismo tiempo otorgó un subsidio a los de pero que permitía paliar algo la miseria existente. Ese subsidio fue fruto de la movilización popular, que no logró avanzar mas allá.

Y al mismo tiempo Duhalde lanzó la convocatoria de elecciones, fraccionando estas de tal forma que durante el año 2003 se suceden por todo el país, comenzando con las presidenciales y siguiendo con legislativas y de autoridades en cada provincia. Carente el movimiento de un programa asumido por las mayorías y sin una dirección capaz de orientarse en la lucha, con una izquierda dividida que no cubrió esa necesidad y que tampoco supo dar una propuesta electoral, no es extraño que la ciudadanía buscara opciones creíbles entre las existentes, y premiara a las consideradas menos malas.

LA OPCION KIRCHNER

La elección presidencial se libró fundamentalmente entre candidatos de los partidos tradicionales, peronistas y radicales, a su vez profundamente divididos en varias candidaturas, lo que evidencia la crisis que vive el sistema político. La izquierda también concurrió dividida, realmente atomizada. El único sector de esta que avanzó es el de Luis Zamora, pero limitado a la Capital Federal, donde ha capitalizado su imagen de honestidad y lucha, incluso en detrimento de otras opciones de izquierda. El sectarismo imperante ha impedido alianzas superadoras de la división, con lo que la presencia de la izquierda sigue siendo residual. Los 5 candidatos peronistas y radicales obtuvieron los mejores resultados, y los peronistas Kirchner -apoyado por Duhalde- y Menem. Ambos comprometidos a respetar las reglas básicas del sistema, como el pago de la deuda externa.

La victoria de Kirchner, y mas aun, la derrota de Menem considerado el mayor corrupto y responsable del desastre que vive el país, abrió grandes esperanzas de un cambio positivo. Las medidas tomadas desde el primer día alentaron esas espectativas, por su fuerte impacto simbólico. Kirchner descabezó a las cúpulas militares y policiales, forzó la renuncia del corrupto Presidente de la Corte Suprema y apoyó la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, base de la impunidad, e intervino la Obra social de los jubilados, en manos de la antigua burocracia sindical.

Estas medidas le han valido un apoyo popular sin precedentes, por lo que significan de ruptura con un pasado trágico. Pero no han tocado el corazón del sistema, al cual Kirchner afirma defender, intentando su "humanización". No han enfrentado al FMI, con el que se negocia mientras se sigue pagando la deuda. Están considerando el aumento de tarifas reclamado por las multinacionales, Telefónica, Endesa y otras. Han otorgado un aumento de salarios que ni siquiera restituye el nivel de 2001. Y lo mas grave, no han tomado ninguna medida para resolver el problema de los millones de parados, que constituyen el mayor drama que vive el país.

Por el momento, existe un sentimiento de esperanza en la mayoría de la población. No obstante, la situación es tan angustiosa que en cualquier momento pueden reproducirse nuevas luchas y movilizaciones; de momento, el componente fundamental son los parados, aunque aparecen algunos conflictos por salarios. Las autoridades que están surgiendo de las elecciones, tendrán que enfrentar las situaciones que en cada provincia y localidad llevaron a los duros enfrentamientos de 2001.