REFLEXIONES SOBRE LAS ELECCIONES EUROPEAS Y LA NECESARIA RECONSTRUCCION DE UNA IZQUIERDA ANTICAPITALISTA Y ALTERNATIVA
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Comunicado de Espacio Alternativo

1.
La elevada abstención (55,8 % de media) en las elecciones al Parlamento Europeo ha confirmado la tendencia al incremento de la desafección ciudadana en la mayoría de los países de la UE frente a una institución con escasas competencias que aparece, además, claramente subordinada a las elites gubernamentales, económicas y tecnocráticas que controlan los verdaderos centros de poder de la UE. Esa abstención ha sido incluso más alta en los países recién incorporados (71,3 %), con la excepción de Malta y Chipre, revelándose así un distanciamiento aún mayor frente al "euroatlantismo" de sus gobiernos y haciendo más visible el déficit de legitimidad del actual proceso de construcción de la UE y de las exigencias impuestas a las poblaciones de los nuevos países miembros.

Otro factor importante a tener en cuenta es que la mayor parte de las elecciones ha sido percibida en clave interna mediante el voto de castigo a los partidos gobernantes en distintos países (Reino Unido, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Polonia...) y con buenos resultados de partidos "eurofóbicos" de derechas en otros (Reino Unido, Francia, Flandes, Polonia, Chequia...). Los partidos a la izquierda de la socialdemocracia han logrado mantener en la mayor parte de los casos su presencia institucional, pero tanto su heterogeneidad política como la ausencia de algunas fuerzas significativas en el nuevo Parlamento no permiten pensar que vaya a darse un avance en la consolidación de un polo de izquierdas anticapitalista y alternativa.

Pese a la constatación del fracaso obtenido en la participación ciudadana en estas elecciones, hemos visto ya cómo en la reciente Cumbre de la UE de Bruselas se ha pretendido hacer oídos sordos a esa llamada de atención queriendo ofrecer ahora como panacea una Constitución europea elaborada a espaldas de esa misma ciudadanía y cuyo propósito fundamental es blindar un proyecto de gran potencia que, lejos de querer ser una alternativa "social" y "pacífica" a EEUU, aspire a seguir sus pasos en la aplicación de las políticas neoliberales y llegue a compartir con ella el control geoestratégico y militar de zonas clave del planeta. La reciente aprobación por unanimidad –incluido el gobierno de Zapatero- de la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que legitima la ocupación estadounidense de Iraq y asimila la resistencia del pueblo iraquí con el "terrorismo", demuestra que la solidaridad de intereses entre los gobiernos pesa más que el respeto al derecho internacional y los presuntos valores que dicen defender.

2.
En el Estado español la abstención en estas elecciones europeas (54 %) ha sido la más alta en la historia vivida desde la caída del franquismo, con lo que también aquí se manifiesta el escaso interés por participar en un proceso al que se siente ajena la mayoría de la ciudadanía. No obstante, el PP ha logrado movilizar a un amplio sector de su electorado pero sin haber conseguido su objetivo de rebasar al PSOE y poder deslegitimar así los resultados del 14-M. El PSOE ha logrado una victoria relativamente ajustada, pero también ha tenido que comprobar la distancia de sus resultados con los que obtuvo el 14-M, pese a haber cumplido con su principal promesa de la retirada de las tropas de Iraq. La abstención y la percepción de estas elecciones como una "segunda vuelta" por la mayoría de los votantes han ido en perjuicio de casi todas las fuerzas nacionalistas y de IU, si bien es obligado destacar el eco obtenido por el llamamiento al voto nulo de la candidatura ilegalizada Herritarren Zerrenda en Euskadi (12 %) y Nafarroa (7%).

En medio de la campaña electoral hemos visto, sin embargo, que no han estado ausentes movilizaciones como la de los trabajadores inmigrantes en Barcelona o iniciativas como la Consulta Social Europea, habiéndose tropezado ambas con una represión que poco tiene que envidiar a la etapa vivida bajo el gobierno del PP.

3.
IU-ICV, con 4,16 %, ha perdido más de la mitad de sus votos, habiendo obtenido así un fracaso sin paliativos y prácticamente generalizado, aunque el descenso haya sido menor en unos sitios que en otros y sin que quepa distinguir entre las CCAA en las que IU está gobernando y las que no.

Se hace, por tanto, necesario e inaplazable un debate en profundidad que tenga en cuenta los factores estructurales de la crisis en la que está sumida IU desde hace tiempo, relacionados sin duda con los cambios económicos y socioculturales producidos en el mundo del trabajo y con los efectos de la "onda larga" neoliberal a escala global, así como con variables asociadas a los sucesivos giros de IU en los diferentes ciclos políticos (con el PSOE en el gobierno o en la oposición) y los distintos contextos de movilización que se han ido configurando a lo largo de su historia. Pero no porque la crisis venga de lejos se puede obviar los factores que tienen que ver con la orientación de IU en los últimos tiempos –antes y, sobre todo, tras el 14-M- y que la han hecho aparecer ante un sector importante de su electorado y de su propia militancia como una izquierda complementaria del PSOE, más preocupada por alcanzar acuerdos políticos y de gobierno con ese partido que por saber mantener un discurso y un proyecto autónomo, sin por ello tener que caer en el sectarismo, ante el gobierno de Zapatero.

En cambio, tratar de atribuir a las divisiones internas en IU una responsabilidad importante en lo sucedido no nos parece justificado y, en todo caso, es la mayoría de la dirección federal la que ha contribuido a dar esa imagen con los métodos burocráticos de decisión empleados en la última etapa. En ese sentido la convocatoria de una Asamblea Federal Extraordinaria nos parece una decisión acertada, pero consideramos que la gestión de su preparación y desarrollo no puede hacerse desde el equipo dirigente actual sino a partir de una Comisión ad hoc, elegida con el más amplio consenso por el Consejo Político Federal y en la que se refleje la pluralidad política existente en ese órgano.

Pero el debate en el seno de IU tiene que desarrollarse de forma paralela a un relanzamiento de su intervención en la sociedad y en los movimientos sociales. No faltan razones para ello:

- la discusión sobre el proyecto de Constitución Europea y el referéndum que ha de convocar el gobierno de Zapatero deberían exigir una firme defensa del No a esa Constitución, promoviendo campañas conjuntas con las organizaciones sociales que puedan compartir nuestras principales críticas y propuestas y vinculándolas con la preparación del próximo Foro Social Europeo en Londres

- la continuación de las movilizaciones contra la ocupación de Iraq y en solidaridad con el pueblo palestino obliga a emprender una intervención continuada en el marco de plataformas unitarias y en las instituciones que permitan cuestionar la nueva alianza establecida entre EEUU y la UE y frustren sus planes diseñados para el "Gran Oriente Medio"

- la defensa de derechos sociales fundamentales –como educación, sanidad, vivienda, pensiones-, la lucha contra la precariedad laboral y las "deslocalizaciones", la necesidad de una política fiscal progresiva, la apuesta por una economía ecológica al servicio de las personas y una nueva cultura del agua, son tareas impostergables en las que debemos esforzarnos por reconstruir redes y alianzas transversales entre trabajadores, consumidores y todo tipo de organizaciones sociales

- la denuncia de la violencia que se ejerce contra las mujeres, poniendo el acento en la necesidad de una política preventiva en el plano educativo, junto con la exigencia de reconocimiento del derecho al aborto libre y gratuito, deben ir unidas al rechazo de las presiones procedentes de la jerarquía católica y de los sectores conservadores

- la derogación de la Ley de Extranjería, exigiendo la regularización sin condiciones de la población trabajadora inmigrante, ha de ir unida a la denuncia de toda forma de racismo y a la lucha por plenos derechos de ciudadanía basados en la residencia estable en cualquier país de la UE

- la derogación de la Ley de Partidos, mediante el restablecimiento de la plena libertad de expresión, asociación y participación electoral, es también una de las condiciones para romper con la tendencia al paso del Estado de derecho al Estado penal y contribuir a una solución dialogada del conflicto vasco

- la defensa del reconocimiento de la plurinacionalidad y el respeto a la libre decisión de los pueblos, con el fin de promover una "segunda transición" que vaya más allá de la reforma constitucional anunciada por el gobierno, es igualmente una de las condiciones para superar la dinámica de confrontación y derrotar a un nacionalismo español excluyente

- la promoción, en fin, de la democracia participativa en el marco de los ayuntamientos e instituciones en las que que participa IU ha de ser una de las señas de identidad fuertes de esta formación

En torno a estos y otros temas que los conflictos y demandas surgidos desde abajo vayan introduciendo en la vida política diaria deberemos esforzarnos por recuperar fuerzas y credibilidad. Somos conscientes de que nos encontramos en los inicios de un nuevo ciclo político y de que habrá que hacer la experiencia de los límites y contradicciones del nuevo gobierno para que la necesidad de una izquierda anticapitalista y alternativa vuelva a ser sentida por amplios sectores sociales y ciudadanos. Nuestra labor debería estar, por tanto, en desarrollar un trabajo constante y paciente que permita ir articulando, junto con los movimientos sociales, una estrategia común frente a las distintas formas de explotación, dominación y alienación que atraviesan nuestras sociedades, subordinando a la construcción de un nuevo sujeto plural, social, político y cultural, con vocación antagonista, la actividad a desarrollar en el seno de las instituciones y los gobiernos locales.

Es en la búsqueda de un acuerdo sobre dónde ha de estar la centralidad del trabajo de la izquierda y en qué propuestas programáticas hacer, más allá de la mera "gestión" respetuosa del marco neoliberal actual, como debería reubicarse el proyecto de IU: en ese camino nuestras respuestas deberían apuntar a situar en primer plano la tarea de acumulación de un "capital social alternativo" que permita alcanzar un mayor anclaje en esa minoría social crítica que sigue rechazando el neoliberalismo y la guerra global y que en los próximos años expresará sin duda su voluntad de ir más lejos de lo que anuncian ya las políticas de Zapatero en ámbitos como los antes mencionados. Frente a lo que se pretende desde la actual dirección de IU y otros sectores, el debate no puede estar en pronunciarse sobre dilemas en torno a falsos nominalismos sino en si se quiere ser una izquierda subalterna o alternativa en relación al PSOE, las direcciones sindicales o los movimientos sociales críticos. Porque querer situar la discusión sobre la autodenominación "ecosocialista" o "comunista" supone comenzar mal el proceso y provocar polarizaciones identitarias confusas, con mayor razón cuando de lo que se trataría sería de tomarse en serio la referencia "rojiverdevioleta" y "alternativa" de la que se ha reclamado IU de forma más retórica que real desde hace tiempo; de esta forma se podría dar cabida en su seno a quienes se sientan más reflejados en uno de esos colores o en otros que también contengan un potencial anticapitalista o, simplemente, democrático radical, como el referente a la defensa de la plurinacionalidad y el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Pero en lo que sí parece urgente emprender una reflexión "sin límites" es en el modelo de formación política a construir en este nuevo siglo. Creemos que no lograremos superar la desconfianza hacia los partidos o la percepción creciente de IU como un partido electoral-mediático sin una profunda democratización de esta formación a través de medidas como una renovación creciente de sus direcciones y cargos públicos y el estímulo de la mayor horizontalidad posible en los debates y en la deliberación y la decisión colectivas. Por eso no creemos que para esa tarea nos sirva la propuesta de una "modernización" organizativa que sustituya el protagonismo de las asambleas de base y territoriales y la pluralidad política por las negociaciones entre grupos de interés territoriales y sectoriales y por la relación meramente cupular de la dirección federal y los grupos institucionales con los medios de comunicación y la sociedad. En resumen, se trata de buscar la refundación de una organización que sepa encontrar sus vías propias de transformación en otra capaz de recuperar credibilidad para hacer otra política y reconstruir otra izquierda.

23 de junio de 2004

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