Notícias de Cancún (4)
resistencia | México

Por Paul Nicholson / Josu Egireun

Lee Kyeong Hae, in memorian

El día de hoy se escribirá en las páginas de la
historia de la OMC y del movimiento contra la globalización neoliberal como
el día en que mientras los ministros que se reunían en la V Conferencia
Ministerial hacían elogios de las políticas neoliberales para favorecer el
desarrollo humano, un campesino koreano de 56 años, un activista por la
defensa del campo, la biodiversidad y de unas políticas agrarias al servicio
de las personas y de las comunidades campesinas, ha decidido poner fin a su
vida (y hacerlo públicamente) en los actos de protesta contra el inicio de
la cumbre: subido a la valla que el Gobierno de Fox había instalado para
impedir que las demandas de la sociedad civil, de los pueblos del planeta,
pudieran acceder al recinto de la cumbre. Su nombre, Lee Kyeong Hae.

Lee
llegó a Cancún el día 7 como miembro de una delegación de 200 coreanos
(hombres y mujeres) que veían la necesidad de sumarse a las protestas de la
OMC acudiendo desde aquellas lejanas tierras para aportar su grano de arena
a la solidaridad de los pueblos contra la globalización neoliberal. Durante
tres días le hemos visto participar en las Asambleas del Foro Indígena y
Campesino, en los talleres de trabajo y también construyendo un féretro: el
de la OMC. Porque él, como el resto de los que estamos reunidos aquí,
tenemos evidencias claras y un convencimiento profundo de que el desarrollo
de la OMC significa la muerte para millones de personas, para la cultura y
la biodiversidad del planeta. Y que si queremos preservar la vida y vivir
con dignidad no hay otra solución que enterrar la OMC.

Precisamente hoy a la
mañana, en el acto de clausura del Foro Indígena y Campesino, el
representante de FOEI, Amigos de la Tierra Internacional, el salvadoreño
Ricardo Navarro, recordaba que "todo el mundo sintimos una gran conmoción
por las 3.000 víctimas de los atentados terroristas del 11 de setiembre, sin
embargo nadie se acordó de que ese mismo día 17.000 personas morían víctimas
de la contaminación ambiental, del agua y de las políticas agrícolas en el
planeta. Y no sólo ese día, sino que todos los días. Y la OMC es responsable
directa de ello. Por eso tenemos que acabar con la OMC".

Tras la clausura
del Foro, diez mil indígenas y campesinas y campesinos, junto al resto de
activistas que estamos en Cancún hemos iniciado una marcha por el derecho a
la vida, a la soberanía alimentaria, a la soberanía de los pueblos y el
derecho a decidir nuestro futuro, un futuro en el que no caben institución
tan opacas como la OMC; instituciones que arruinan la vida de millones de
personas, destruyen comunidades, la biodiversidad del planeta y las culturas
milenarias de los pueblos.

Lee, junto al resto de la delegación coreana,
caminaba en la parte delantera de la manifestación. Su voluntad, como la del
resto de manifestantes era traspasar la valla metálica que el Gobierno Fox
había puesto para impedir que accediéramos a la Conferencia. Quería llegar
allí y hacer frente a la delegación gubernamental que con la adeptación que
en el marco de los acuerdos de la OMC (sobre todo en el capítulo del arroz)
está destruyendo la vida de los 3,5 millones de campesinos y campesinas
coreanos.

Pero, en el camino, seguro que en más de una ocasión le habrá
llegado el recuerdo de que hoy es un día importante para el campesinado en
Corea, porque celebran su fiesta anual que, con la simbología que le
caracteriza, es como un rendir cuentas de lo que los logros durante todo el
año. Y seguro que la emoción habrá sido fuerte, porque de año en año, la
esperanza de vida del campesino en corea, el valor de la recolección de sus
frutos y las condiciones en las que tienen que producir los alimentos, se
cierra como una válvula obstruida y la angustia de un futuro incierto está
presente en el día a día. Y seguro que entre esa angustia y la imposibilidad
de superar las barreras que le impedían frenar ese coche sin frenos que
arrasa la vida de las comunidades campesinas, le habrá sumido en un estado
de desesperación, más fuerte que todas las proclamas de esperanza que
estamos lanzando estos días.

Porque la esperanza se construye con la lucha,
pero a veces la lucha nos hace pagar un precio injusto. Hace dos años fue el
joven Carlo Giuliani en Génova; hoy es Lee Kyeong Hae, en Cancún, a miles
de kilómetros de su tierra y su comunidad. Partió de allí para impedir que
las políticas del OMC les conduzcan a una muerte segura y decidió no tomar
el camino de vuelta. Pero su historia no es una historia aislada. Hace 7
años 400 campesinos hindúes decidieron suicidarse colectivamente para
protestar contra las políticas de la OMC, el FMI y el BM que les habían
sumido en la ruina total. Y entre campesinos y campesinas el índice de
suicidios aumenta sin cesar: la expresión más rotunda (qué más hace falta)
de la quiebra social, política y moral que inducen las políticas de la
OMC.

Lee Kyeong Hae, su memoria queda entre nosotros; pero sobre todo lo que
queda es el compromiso de continuar su lucha, una lucha que es la nuestra,
para que nunca más ningún otro Lee Kyeong tenga que desplazarse desde Corea
a Cancún, o de cualquier parte del planeta a otro, para defender el derecho
a la vida, la suya y la de la comunidad.