Jesús Rodríguez
Venezuela está viviendo momentos difíciles y, al mismo tiempo, profundamente esperanzadores. El referéndum revocatorio del 15 de Agosto, convocado con las firmas de la oposición, puso al pueblo venezolano en la tesitura de decidir mucho más que si Chávez se iba o se quedaba. La primera opción era la continuidad del Presidente Hugo Chávez. Esta opción significaba para la gran mayoría de venezolanos mantener las conquistas en materia de educación, sanidad, vivienda, etc., hechas en beneficio de un pueblo antes olvidado y excluido. La segunda opción representaba la vuelta a un pasado “normalizado”, si por norma en América Latina entendemos la concentración de la riqueza en unas pocas manos, la corrupción y el saqueo de los recursos públicos (recordamos aquí que Venezuela es un país con una más que importante producción petrolífera), y la represión generalizada con los más humildes. A pesar de los cacareos de la oposición en la que se agrupa la vieja aristocracia política, financiada por la CIA, y que representa los intereses de una oligarquía parasitaria, el resultado final del referéndum se palpaba todos los días en la calle. Es imposible batir, en este momento, las esperanzas abiertas en la gran mayoría de venezolanos, por el proceso bolivariano.
Distintos proyectos sobre el futuro del proceso bolivariano
Sin embargo las experiencias históricas demuestran que todo el proceso y las experiencias de organización popular y de avances sociales, pueden ser derrotados si no hay una dirección de clara ruptura con el capitalismo; es decir, si no hay una estrategia revolucionaria que impida la reorganización de la burguesía. En este sentido, el proceso abierto en Venezuela presenta limitaciones que deben ser abordadas. De hecho, el debate sobre el futuro del proceso bolivariano se ha abierto inevitablemente en el pueblo venezolano, no sin limitaciones, después del propio referéndum.
Podemos observar que existen varios proyectos en este proceso. Una opción opina que Venezuela puede encontrar un proceso de desarrollo autocentrado, permaneciendo en los límites del capitalismo, pero con una fuerte dimensión social. Otro proyecto, sería el de aquellos que reconociendo la imposibilidad de dar un cambio sustancial a las condiciones de vida en el marco actual del capitalismo, e identificando al sistema capitalista como la causa de todos los males (“el capitalismo es el demonio”, decía Chávez en un discurso) no tienen una alternativa clara y piensan que el camino son las reformas continuadas. No obstante, no quieren reconocer la debilidad y la reversibilidad de las mismas en el modo de producción capitalista y en el marco de la democracia burguesa, sobre todo, si no se quiere vencer realmente a la burguesía venezolana, sino crear y tolerar una especie de burguesía nacional bajo la consigna de un gobierno para “todos los venezolanos”.
La última opción tiene arraigo en los sectores más politizados del chavismo, normalmente cuadros medios del movimiento popular, y que militaron en otra época en organizaciones de la izquierda revolucionaria marxista. Éstos, entusiastas por la nueva situación, creen que es el momento de definir las tareas que permitan abrir una vía al socialismo en Venezuela y en el continente. El hándicap para esta tercera opción se encuentra en el vacío de organizaciones políticas de la izquierda revolucionaria. El movimiento popular tiene un nivel de organización y combate enorme, pero sólo se ocupa de cuestiones parciales, de sus luchas concretas. No son partícipes, en la mayoría de los casos, del debate sobre el rumbo estratégico del proceso que ellos mismos están construyendo. No existe el catalizador para hacerlo. Pero, sin embargo, esas líneas se debaten y se imponen en otras esferas: el gobierno y el contradictorio Movimiento Vª República (MVR), el partido de Chávez., donde son hegemónicas las dos primeras posturas.
Espacio para los sectores revolucionarios
Pero los límites del modelo de democracia burguesa y capitalismo, así como la elevación del nivel de conciencia del pueblo venezolano, permite que los sectores revolucionarios tengan un espacio excepcional para crecer. Hoy las tareas pendientes del proceso, para su profundización, se hacen evidentes y han permitido mayor eco y organización a los sectores revolucionarios dentro del chavismo. Así existe, por ejemplo, una “Plataforma para la Profundización de la Revolución” al margen de la oficialidad del MVR en uno de los estados del país, con símiles organizados en otras zonas. Entre las tareas inmediatas comienza a plantearse la necesidad de nacionalizar sectores básicos de la economía venezolana en manos de la oligarquía, la depuración de los elementos reaccionarios en la policía y la Justicia, el control obrero de algunas empresas en conflicto, etc. Se hace necesario depurar aquellos elementos oportunistas con los que Chávez acaba viéndose haciendo juegos de equilibrio. Es necesario, dice Chávez, “la revolución dentro de la revolución”.




















