Comunicado de Espacio Alternativo (2-1-05)
Los efectos del Tsunami en el sudeste asiático son sin duda una catástrofe humana y humanitaria inmensa. Estamos, de nuevo, frente a otro desastre "natural" que afecta sobre todo a los países y a los pueblos más pobres del planeta, aunque esta vez también muchos turistas occidentales han sido afectados por la tragedia. Más allá del impacto causado por la magnitud de la tragedia, hace falta exigir una respuesta clara a los países del Norte y denunciar la inexistencia de sistemas de alerta para prevenir catástrofes como ésta.
La reacción de la mayoría de los gobiernos occidentales frente a la catástrofe ha sido hasta ahora muy criticable, aportando una cantidad de dinero claramente insuficiente. El gobierno de Bush anunció primero una ayuda de 15 millones de dólares, después la aumentó a 35, y finalmente, después de haber recibo críticas incluso de los principales diarios norteamericanos, a 350 millones. Esta es una cifra irrisoria si la comparamos con los gastos ocasionados hasta ahora por la guerra de Irak, que llegan ya a los 200.000 millones de dólares, con un coste diario estimado de unos 35 millones!
La ayuda anunciada por los gobiernos del norte se queda corta con las muestras de solidaridad hechas por muchos ciudadanos de païses del norte y varias organizaciones, ONGs, sindicatos y movimientos sociales, como por ejemplo el sindicato del metal de Suecia, que ha recolectado 100.000 euros.
Más allá de la ayuda económica inmediata, la medida que hace falta reclamar a los gobiernos de los países ricos es la anulación de la deuda externa de los países afectados. Dar ayuda por un lado, y exigir el pago de la deuda por el otro, es una actitud hipócrita. Ahora más que nunca, hace falta recordar que la deuda externa es ilegal, ilegítima e inmoral.
También hace falta exigir la puesta en marcha de sistemas de alerta para prevenir nuevas tragedias. Catástrofes naturales como estas no se pueden evitar, pero muchos de sus efectos podrían ser mitigados con una buena política de prevención. Es inaceptable que no existiera un sistema de alerta para tsunamis en el Océano Índico, dónde en el año 1994 ya hubo otro tsunami que mató 400 personas, y donde miles de personas han muerto en los últimos años, en países como Bangladesh, debido a las lluvias torrenciales de los monzones. El gobierno de India invierte mucho dinero en su industria militar y armamentística, pero en cambio ha invertido muy poco en desarrollar sistemas de alterta por catástrofes como ésta. En cambio, sí que existe un sistema de alerta en el Océano Pacífico, en la costa oeste de los Estados Unidos y en Hawai.
Finalmente, también hace falta denunciar cualquier intento por parte de algunos gobiernos autoritarios y conservadores de los países afectados, como el de Indonesia, de aprovechar el caos creado en algunas zonas por reprimir y practicar asesinatos masivos de militantes de movimientos sociales y políticos de izquierdas, como es el caso de la región de Aceh, una región militarmente ocupada por el ejército indonesio, quien en los primeros días tras el desastre no dejó entar a los equipos de rescate.