Errores en el guión y ases en la manga: el Plan Ibarretxe aprobado en Euskadi
libertades | Euskadi

Mikel Labeaga

Desde su formulación primera, en setiembre del 2002, el llamado Plan Ibarretxe ha ido experimentando una evolución en la que se han combinado una multiplicidad de factores: la cerrazón política del anterior gobierno del PP (españolismo extremo en sus planteamientos, voluntad de aniquilar políticamente al nacionalismo vasco...), el seguidismo del PSOE y del PSE respecto de aquél, la defensa de su espacio político y electoral por parte del PNV (y de sus aliados en el gobierno EA y EB), la represión política y policial a que ha sido sometida EH y la izquierda abertzale, la obcecación de ETA en el mantenimiento de su estrategia militarista... Así pues, partiendo de una propuesta inicial abierta a la negociación, cuyo origen se encontraba en la negativa del gobierno aznarista a dar cumplimiento a lo previsto en el Estatuto de Gernika, el Plan ha ido progresivamente cristalizando en una formulación cada vez más cerrada y próxima a los estrictos postulados del PNV, que el 30 de diciembre pasado escenificaba una teatral puesta en escena al someterlo a votación en el Parlamento Vasco. El guión del PNV preveía una derrota de la propuesta de nuevo Estatuto, evitando trámites enojosos con el gobierno y parlamento estatales y proporcionando pingües beneficios electorales. Pero la izquierda abertzale, aunque muy pasada por rodillo y laminada, guardaba varios ases en la manga. Que jugó por este orden: votación- limitada pero suficiente para permitir su aprobación -a favor de la propuesta de nuevo Estatuto, invitación directa a la negociación política en carta dirigida al presidente Zapatero y apoyo explícito de ETA al proceso de negociación anterior.

La primera de las cartas jugadas por la izquierda abertzale ha descolocado no solamente al PNV, sino también al mismo PSOE, el cual también confiaba en no tener que afrontar estatalmente el dilema planteado por la propuesta de nuevo Estatuto Vasco. Pillado por sorpresa el PSOE, el "talante abierto y negociador" de Zapatero se ha mezclado de manera rápida y confusa con los más arraigados "tics" españolistas y centralistas propios del PSOE. Así se ha lanzado la propuesta de "pacto para las reformas estatutarias" al PP de Rajoy- que la ha aceptado de manera alborozada, se ha acelerado al máximo el proceso de tramitación parlamentaria en las Cortes españolas de la propuesta de nuevo Estatuto- con el ánimo expreso y declarado de rechazarlo -y se ha hecho más virulenta la campaña mediática contra el gobierno vasco y el Plan Ibarretxe. ¿Vuelve con ello el PSOE a la situación anterior a la aprobación del Estatuto en el parlamento de Vitoria? En absoluto, puesto que su actitud le ocasionará una pérdida de legitimidad ante la ciudadanía vasca, con muy posibles repercusiones electorales en las venideras elecciones autonómicas. En cuanto al PNV, éste no ve perjudicadas sus perspectivas electorales, sino al contrario, aunque queda emplazado a algo que sin duda no habría deseado: a la convocatoria de una consulta popular "anticonstitucional".

La segunda y la tercera cartas de la izquierda abertzale constituyen seguramente un intento de recuperar el espacio político y electoral perdidos a causa de su nefasta estrategia anterior. La oferta a Zapatero para que éste se convierta en el "Tony Blair" del estado español, abriendo explícitamente las puertas a un tipo de negociación "política" y "no independentista" que pudiera ser aceptable para el PSOE, podría dar a este partido un protagonismo y prestigio importantes, tanto fuera como dentro de Euskadi. En el supuesto de que se desarrollase este escenario "negociador", serían el PSOE y la izquierda abertzale los beneficiados, a costa del PNV y de sus socios de gobierno.


Los contenidos del Plan Ibarretxe

Dejando de lado todas las maniobras políticas que nos han conducido hasta la situación actual, cabe plantearse qué tipo de posicionamiento debería adoptarse desde un punto de vista de izquierda anticapitalista y alternativa, frente a la propuesta recientemente aprobada por el parlamento vasco.

Un análisis de los contenidos del Estatuto que se propone nos permite ver que éste contiene avances importantes en el terreno de los derechos nacionales y democráticos, fundamentalmente el reconocimiento de la soberanía del pueblo de Euskadi y de su capacidad para decidir su futuro. Pero al tiempo se hecha en falta en él una regulación interna- específica para Euskadi -de avance de estos mismos derechos democráticos y ciudadanos. Tampoco introduce el nuevo Estatuto mejora alguna en el terreno de los derechos sociales, quedando preso de la concepción mercantilista y neoliberal imperante. Se le pueden hacer pues críticas importantes desde la izquierda.

Sin embargo, lo que no es cuestionable de ninguna de las maneras, desde el punto de vista de los derechos democráticos y nacionales, es justamente aquello que ha sido negado a Euskadi (y a los otros pueblos del estado español) desde la Transición Política hasta hoy: el derecho a decidir sobre su futuro sin ningún tipo de interferencias. A conceder este derecho democrático elemental se niegan el PSOE y el PP, cuando no permiten que se realice libremente un referéndum en Euskadi. Es legítimo que una fuerza política se oponga a determinados contenidos del Estatuto que se propone, pero resulta del todo antidemocrático que no se permita a la ciudadanía expresar su opinión, ¡amparándose además en una Constitución que- en este aspecto -fue redactada bajo la presión de militares y franquistas!


La izquierda soberanista y el futuro inmediato

De una u otra forma ha quedado abierto nuevamente el proceso que la Transición cerró en falso. Para que éste pueda llegar a buen puerto resulta perentorio que la izquierda anticapitalista, alternativa y soberanista tome protagonismo, dándose el paso de constituir un amplio frente de dicha izquierda, que pueda superar los errores cometidos por la izquierda abertzale e integrar en su seno a una parte importante de ella. Dicho frente deberá defender no solamente el derecho de Euskadi a su soberanía plena y autodeterminación, sino también promover avances importantes en el terreno de los derechos sociales y democráticos en favor de la gente trabajadora, la solidaridad activa con los otros pueblos y el respeto- de manera consecuente y ejemplar – de los derechos ciudadanos y de las minorías. En la medida que una izquierda de este tipo adquiera peso y protagonismo se verá enormemente reducido el foso de incomprensión que en estos momentos separa Euskadi del resto del estado y por supuesto la demagogia españolista quedará desprovista de la mayor parte de sus argumentos.