José Ramón Castaños
El plan Ibarretxe ha sido frenado en las Cortes españolas. El nacionalismo español canta a los cuatro vientos su victoria, pero ese atropello al derecho nacional de los vascos provoca en Euskadi movimientos reactivos de solidaridad que legitiman la propuesta en mayor medida. El lehendakari gana en Euskadi perdiendo en Madrid.
Para entender la lógica de esta afirmación hay que empezar por situar el plan Ibarretxe en el contexto político en que nace. Otoño del 2002. El pacto de Estella entre todas las fuerzas políticas, sociales y sindicales que promueven en Euskadi la idea de la autodeterminación nacional y del soberanismo político había saltado por los aires un año antes. El causante de ese hecho (ETA), inició con los asesinatos de Míkel Buesa y de Ernets Lluch la etapa más sangrienta de su historia, y la iniciativa política que hasta entonces había correspondido a las fuerzas del pacto de Estella pasó como consecuencia a manos de la alianza PP-PSOE. El nacionalismo vasco (el PNV para ser más exactos), sufrió desde entonces la insoportable presión de una doble pinza pensada para desalojarle del Gobierno Vasco (pretensión del nacionalismo español), o para obligarle a un mayor grado de radicalización política (pretensión de ETA). Tenemos así, de un lado y desde Madrid, el pacto de estado entre los dos grandes partidos españoles que actúan como garantes del centralismo político, en tanto que, de otro y desde Euskadi, actúa la pinza formada entre la oposición de ETA-Batasuna por uno de sus extremos, y la alianza antiabertzale entre el PSE de Redondo Terreros y el PP de Mayor Oreja por el otro. Forzado por estas circunstancias, el plan Ibarretxe nace como un mecanismo de autodefensa. Sin embargo, es tan fuerte la presión a que está sometido el nacionalismo democrático que no puede salir de ella más que al precio de promover una auténtica contraofensiva política dirigida simultáneamente contra los dos extremos de la tenaza que le ahoga. Pues bien, eso es en primer lugar y antes que nada el plan Ibarretxe.
Un modelo confederal para la democratización del Estado
El nuevo Estatuto aprobado por el Parlamento Vasco se puede dividir en 4 capítulos.
- 1.- Un capitulo conceptual o de principios inspiradores, que empieza con una descripción antropológica y territorial del pueblo vasco. Se constata después la división política en 3 administraciones distintas. Se invoca el derecho foral para actualizarlo en base al derecho de autodeterminación nacional de los pueblos, y se proclama solemnemente el derecho de los ciudadanos vascos a decidir el modelo de relación política con el estado español. En esa misma declaración de principios inspiradores se reconocen como ciudadanos vascos a todos las personas censadas en uno cualquiera de sus Municipios; se reconoce el derecho de elección de nacionalidad (vasca, española, o cualquier otra; o todas a la vez), y se fija el territorio de decisión en los ciudadanos de la Comunidad Autónoma Vasca reservando a los navarros y a los vasco-franceses el derecho a decidir sobre Navarra y sobre Iparralde.
- 2.- El segundo capítulo describe el régimen de relación política con el estado español que denomina como “status” de libre asociación con el estado español. Este capítulo resume el núcleo central de la propuesta Ibarrete porque hay en él un cambio de modelo respecto al marco actual o Estatuto de Gernika. Ese cambio consiste en el traslado de la soberanía política de las Cortes españolas (donde actualmente está), al Parlamento Vasco (donde se quiere que esté). La autonomía vasca deja de ser así una autonomía otorgada, y el régimen resultante adquiere las características propias de los modelos confederales o de soberanías compartidas. Finalmente, y como garantía del autogobierno, se sustituye al actual Tribunal Constitucional por una Comisión Paritaria de garantías en la que se reconoce implícitamente el derecho de veto de la nacionalidad sobre las injerencias del estado.
- 3.- El capítulo tercero está dedicado a la reclamación de nuevas competencias de autogobierno añadidas a las que se ya se tiene en otras materias como las de Política Fiscal y control de recursos económicos (Sistema de Concierto Económico), Educación y Cultura, Sanidad, Orden Público, etc. Las más importantes que se reclaman ahora refieren a la Seguridad Social, al sistema financiero vasco, al Tribunal Vasco de Justicia, y a las relaciones con Europa.
- 4.- Fuera de capítulo, pero no por ello menos importante, hay que señalar las dos medidas complementarias que se ponen como condición para la aplicación efectiva de la propuesta. Una, la aprobación por mayoría ciudadana en referéndum o consulta popular. Y, dos, la realización de la consulta en ausencia de violencia.
Si reparamos en ello es fácil descubrir aquí los ingredientes con que está hecha la contraofensiva del PNV para romper la tenaza sobre el autogobierno vasco. La primera de estas medidas, la consulta ciudadana, rompe el cerco político del centralismo español legitimando nuevamente al nacionalismo vasco en su incuestionable liderazgo sobre la sociedad. Este hecho, unido a la naturaleza del cambio que se propone, (un sistema de relación basado en el modelo confederal), achica el espacio político de la izquierda abertzale en la medida en que se apropia de una parte sustancial de su programa político, y ambas circunstancias combinadas entre sí, deja sin argumentos a ETA para seguir ejerciendo su tutela sobre la izquierda abertzale. Al día de hoy se puede decir sin riesgo de equivocarse que esta estrategia política funciona, y que los resultados previstos son operativos ya (esto es, detectables) en la situación política del momento.
Los cambios políticos y la perspectiva del plan. ¿Qué ha cambiado Ibarretxe?
El plan Ibarretxe ha abierto la segunda transición española. Lo dijimos en un artículo de Viento Sur cuando la propuesta fue formulada por primera vez, y hoy es perceptible en la agenda política de todos los partidos y de todos los Gobiernos del estado español; desde el central hasta los autonómicos.
La sociedad vasca está madura para ese cambio. Los siguientes datos así lo confirman:
1) El plan Ibarretxe ha desbordado definitivamente el marco del Estatuto de 1979 o Estatuto de Gernika. No hay marcha atrás ni posibilidad de convivencia democrática en el marco de aquella autonomía otorgada.
2) Se ha quebrado la posibilidad de desalojar al PNV del Gobierno Vasco. Ni la aritmética electoral ni las tendencia políticas de la sociedad, permiten un “asalto a Euskadi” desde el nacionalismo español por métodos democráticos. La insensatez de Fraga y de Rodriguez Ibarra reclamando la anulación por la fuerza de la autonomía vasca, es eso; una insensatez inaplicable.
3) El Partido Socialista Vasco ha tenido que sustituir a todo el equipo de dirección de Redondo Terreros para alejarse del abrazo del Partido Popular y del liderazgo que Mayor Oreja ejercía sobre él.
4) La propuesta de reforma del Estatuto formulada por el nuevo equipo socialista confirma la quiebra del Estatuto de Gernika abriendo perspectivas todavía inconclusas a una nueva transición política.
5) El plan Ibarretxe ha dejado sin política a la izquierda abertzale, pero el liderazgo que el PNV ejerce sobre el nacionalismo vasco depende exclusivamente de la firmeza con la que defienda las ideas centrales de su proyecto. Si las alas moderadas de ese partido promueven un paso atrás para buscar un pacto con los socialistas vascos que fuera del agrado de Madrid (lo que aquí se publicita como aplicación a Euskadi de la vía catalana), corre el riesgo de perderlo a favor de la coalición de fuerzas soberanistas que agrupa desde Eusko Alkartasuna hasta la izquierda abertzale pasando por la mayoría sindical vasca.
Estas tendencias políticas de confirmarán en las próximas elecciones del mes de abril, pues el carácter plebiscitario que han tomado (a favor o en contra el plan Ibarretxe) después del portazo que le han dado las Cortes españoles, no hará sino ratificar el liderazgo del PNV, pero esta vez con mayoría absoluta. Una mayoría que le permite jugar a voluntad con los plazos de la consulta ciudadana y con el carácter de la misma; con una consulta planteada como instrumento de legitimación democrática y de desobediencia política al estado, o como un medio para refrendar un nuevo pacto estatutario a la catalana. La fórmula que el lehendakari utilizó en su discurso a las Cortes españolas; aquél vengo a afirmar nuestra capacidad para decidir y nuestra voluntad para dialogar resume muy bien, en todo caso, las ambivalencias calculadas de la estrategia del Gobierno Vasco. Una estrategia paciente que necesita dilatarse en el tiempo para ganar aliados políticos y construir la cultura federal que no existe hoy en España. Al fin y al cabo no estamos sino en el inicio de una segunda transición que apenas balbucea.


















