Elecciones vascas en perspectiva
Euskadi

Txema

Tras la convocatoria de elecciones autonómicas para el 17 de Abril, conviene recordar qué es lo que está en juego y cuáles han sido los acontecimientos políticos que han marcado dicha convocatoria.

Y éstos no han sido otros que el rechazo del parlamento español al plan Ibarretxe. Este rechazo no ha sido debido a sus contenidos, en los que prácticamente no se ha entrado, sino simple y llanamente a que el nacionalismo pan-español consideraba inaceptable el reconocimiento del derecho de l@s vasc@s a decidir libremente su futuro, el reconocimiento de l@s vasc@s a su autodeterminación.

Porque a pesar de los intentos de enredar de tanto intelectual pesebrero que rapiña en los aledaños de los poderes públicos y privados, el tema es muy claro y así lo expresó con meridiana claridad fascista ese registrador de la propiedad pomposo y ridículo: Los vascos somos españoles queramos o no. Las leyes del imperio están para cumplirse y los jueces, el ejército y las policías del imperio harán que se cumplan. Y con otra de sus gracietas nauseabundas nos explicó que este era el plan de ETA, por lo que de repente nos enteramos que la mayoría de l@s vasc@s respalda a ETA y su plan.

Pero, como en las pelis del poli malo y el poli bueno, surgió ZP para explicarnos lo mismo que Rajoy, aunque él estaba dispuesto a negociar algunas dádivas si renunciábamos a nuestros derechos, como van a hacer los políticos catalanes.

Citemos también al melifluo correveidile, tiralevitas y egocéntrico Llamazares que, con una oratoria espantosa, se alineaba con los chovinistas gran-españoles en negar el derecho de autodeterminación porque “este plan no es el nuestro”, intentando tapar patéticamente su auténtica intención de medrar al calor del Poder. O a su coleguilla de IC practicando el intrusismo en los guardagujas, preocupado por los choques de trenes entre opresores y oprimidos, predicando el consenso entre la zorra y las gallinas … realmente uno bien que entiende que a estos epígonos del estalinismo les preocupe más el consenso que la lucha contra las opresiones.

Porque de eso se trata. De hecho, lo que define la persistencia del “conflicto vasco” no es una situación de opresión nacional, sino la existencia de amplias capas de la población dispuestas a luchar contra esa opresión, a pesar de las campañas políticas, mediáticas, policiales y judiciales del Poder. Y nuestro objetivo no es llegar a acuerdos entre politicastros para “acordar” esa opresión (al estilo de los pactos con las cúpulas sindicales en el terreno social), sino seguir desestabilizando el sistema burgués e imperialista hasta lograr que desaparezca.

Es verdad que esto es difícil cuando la mayor parte de la opinión pública estatal jalea los balbuceos imperialistas y antidemócratas de tanto cerril en el congreso, pero esto también es consecuencia de 30 años de complicidad manifiesta de la izquierda poltronera política y sindical con ideologías chovinistas pan-españolas. Y no nos engañemos, buena parte de la izquierda del Estado no quiere jugar a ser aprendices de Milosevic o de sus tancredos. A ell@s nos dirigimos, recordándoles que su lucha es la nuestra y que al final triunfará la democracia.

Volviendo a estas elecciones, analicemos los dos rasgos que más nos interesan de ellas. El primero es el carácter abiertamente plebiscitario de la consulta. Efectivamente, aquí se van a contar todos los votos (legales e ilegales) de los dos campos, el unionista del PP-PSOE y el soberanista. Si no queremos caer en el cretinismo electorero esto es lo más importante, remarcando que cualquiera que vote por el PP-PSOE o se abstenga estará apoyando a la reacción y a la barbarie, estará colaborando con los poderes fácticos más asqueantes, aquellos que sostuvieron al franquismo y hoy reclaman la continuidad de sus políticas. A partir de ahí caben matices.

El primer matiz es que eso no quiere decir que confiemos en el PNV. Nos tememos que este partido está mucho más interesado en pactar con el PSOE una nueva traición a la baja relegando totalmente el famoso “derecho a decidir” que en desencadenar una oleada de movilizaciones que haga recular la ofensiva reaccionaria del Estado. Desde luego, para preparar la inevitable confrontación no se elige al frente a un aparatchnik como Imaz, ni se vota SI a la Constitución Europea ni se priorizan los lazos con las organizaciones empresariales. Ni, desde luego, se es cómplice de la represión del Estado contra la izquierda abertzale. Además, somos conscientes de que intentarán usar los votos recibidos para profundizar su línea neoliberal, cosa que denunciaremos continuamente, por cierto.

El segundo matiz es que tampoco confiamos en EA o EB. Además de repetir el párrafo anterior y aunque sus programas estén a la izquierda del PNV, su impagable institucionalitis y sus despóticos regímenes internos hacen sospechar que ofrecerían todavía menos resistencia ante una amenaza directa a sus poltronas.

El matiz del segundo matiz consiste en que, a pesar de lo anterior, el voto a EB tiene dos ventajas indudables que no se dan en los otros partidos. En primer lugar representa, aunque sea desfiguradamente, la necesidad de buscar lazos con los sectores democráticos de la izquierda estatal, especialmente en IU y de resistir las presiones de Llamazares y otr@s. Y en segundo lugar representa un componente identitario mucho más plural que el de la izquierda abertzale en terrenos como el lingüístico, educativo…

El tercer matiz se refiere a Batasuna. Es verdad que la represión se está cebando en ellos y que eso les hace merecedores de nuestra solidaridad política. Pero también es cierto que la dirección de Batasuna (y la de ETA) siempre ha interpretado esta solidaridad como un cheque en blanco, que su deriva estalino-militarista ha sido la primera causante del declive de las ideas de izquierda en Euskadi, que a cualquier izquierda alternativa al sistema le debería repugnar instintiva, ética y políticamente actos como el “tiro en la nuca” (sin que se pueda caer en la complacencia de que “los otros hacen crímenes peores”), que su dirección ha hecho gala de una fuerte cobardía política al no enfrentarse a ETA cuando ésta rompió la tregua y que, en definitiva, no nos fiamos de ell@s.

Y aquí llegamos al segundo rasgo de estas elecciones. No hay una candidatura amplia y plural de los distintos componentes de la izquierda alternativa o movimientista que pueda pesar en estas elecciones para influir en la política vasca, aunque en una primera fase nos limitásemos a “marcar” a los partidos citados anteriormente, dificultándoles que digan una cosa y hagan otra.

Sin necesidad de seguir ahora con un debate siempre necesario, apreciamos las posiciones de l@s compañer@s de Aralar y valoramos positivamente el que hayan abierto sus candidaturas a otras sensibilidades (incluida la nuestra). Pero tenemos nuestras dudas sobre lo acertado de la decisión de presentarse a estas elecciones dado su especial contexto político. Creemos que tal vez hubiese sido mejor no presentarse en esta posición de debilidad y trabajar más calladamente para ir convergiendo hacia esa izquierda que necesitamos y que excesivos protagonismos sin apenas réditos electorales sean más un handicap que una ayuda en el camino. No obstante saludamos su presencia, siempre que no conciban la necesaria confluencia de estas izquierdas con su propio autodesarrollo, que no limiten el campo identitario de la izquierda soberanista a la componente estrictamente abertzale, que vayan limando sus acentos mas institucionalistas (que a algun@s les puede llevar a admirar la socialdemocracia de ERC) y que sigan buscando esas nuevas formas y fórmulas que la izquierda vasca necesita urgentemente.

En resumen, votemos a los partidos soberanistas pero recordemos que sigue siendo necesario en Euskadi una izquierda nueva, plural, en red, democrática radical con un alto componente ético y que deberá surgir de la confluencia de todos los grupos y personas de la izquierda política y social que estén empeñados en construir un nuevo modelo de sociedad vasca, porque OTRA EUSKADI ES POSIBLE.